|
"Y seréis fuente de bendición" (Gen. 12, 2) 7 Mayo 2006 El maestro y los discípulos caminaban siguiendo el curso de un riachuelo. El maestro pidió a uno de los discípulos que sacara del agua una piedra. El discípulo, obediente, hizo lo que el maestro le había pedido. El maestro, con un martillo, abrió el corazón de aquella piedra. Estaba seco. El maestro añadió: “Es posible que esta piedra estuviera años y años bajo el agua. Solamente la superficie estaba empapada por el agua. Pero su corazón estaba seco”. La espiritualidad y la plegaria tienen como efecto empapar el corazón del Espíritu para hacerlo libre. Una vida sin espiritualidad es una vida sin sentido. Esta tarde tendrá lugar en nuestra Catedral la ordenación presbiteral de Paco y de Robert. Nuestro presbiterio se enriquecerá con la colaboración de estos dos nuevos sacerdotes. Pero ellos saben muy bien que su ministerio sacerdotal, antes de ser una tarea, es un don, una gracia, una vocación. La gracia de Dios tiene casi todo el protagonismo. Poder ayudar a la acción de Dios en el corazón de las personas no es mérito ni motivo de orgullo. Esto es gracia. Cuanto más colaboremos unos con los otros, mejor comprenderemos y haremos nuestra la palabra de Cristo: “Somos sirvientes sin ningún mérito” (Lc.,17,11). Hoy pediremos para Paco y para Robert lo que el Papa pide para todos los cristianos, en su encíclica: “un corazón que vea”. Este corazón es capaz de ver las carencias espirituales y materiales de las personas. Ve donde se necesita amor y obra en consecuencia. La misión de los presbíteros en la Iglesia es insustituible. Por tanto, aunque en algunos lugares haya escasez de clero, nunca se ha de dudar de que el Señor sigue llamando a hombres que, como los apóstoles, dejando otras ocupaciones, se dediquen totalmente a celebrar los santos misterios, a la predicación del Evangelio y al ministerio pastoral. Dada la importancia del don de la vocación, hoy celebramos la XXXVII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Mi más cordial enhorabuena a Paco y a Robert por el don del ministerio sacerdotal y que el Señor bendiga con la eficacia de su gracia su sacerdocio ministerial. Vayan donde vayan serán siempre, como Abraham, “fuente de bendición de Dios” (Gn.12.2). X Francesc Xavier, Obispo de Lleida |