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Cristo resucitado, fundamento de nuestra esperanza 16 Abril 2006 Pascua, la Fiesta de las fiestas. En ella celebramos que Cristo ha resucitado. En Él la muerte no ha tenido la última palabra. Ésta ha sido una palabra de vida. “Sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, ha resucitado como había dicho” (Mt. 28,5). Y en esta vida resucitada en Cristo, encontramos respuesta a la necesidad dolorosa de esperanza, que toda persona tiene, como el respirar para la vida. La actividad humana está más condicionada por la espera del futuro que por la posesión del presente. Tenemos necesidad de pregustar la alegría futura. El entusiasmo, que es el riesgo de la acción, no puede surgir sino de una esperanza firme. Necesitamos un optimismo sincero, que no sea ilusorio. Pues hoy, Fiesta de Pascua, se nos ofrece un mensaje de esperanza. La causa humana no sólo no está perdida sino en franca ventaja. Las razones e ideas que han constituido, en los últimos siglos, los faros del mundo, no se apagarán. La dignidad de la persona humana será reconocida. Las indignas desigualdades sociales serán colmadas. Las relaciones entre los pueblos serán pacíficas y fraternas. Ni el egoísmo, ni la prepotencia, ni la indigencia, ni la ignorancia, ni las deficiencias que afligen nuestra sociedad, no impedirán instaurar un verdadero orden humano, un bien común, una sociedad nueva. Ciertamente no se podrá abolir la debilidad humana, ni el dolor, ni el sacrificio, ni la muerte temporal. Pero toda la miseria humana podrá tener asistencia y alivio. La esperanza no se apagará porque se ha hecho anuncio y realidad pascual. Toda esperanza se fundamenta en una certeza; la que nos da la fe. Precisamente en la Biblia, la fe “es garantía segura de aquello que esperamos” (He. 11,1), y en la realidad histórica, es Aquel que hoy celebramos: Cristo Resucitado. No es un sueño. No es una utopía. Es realismo evangélico: Y sobre este realismo los creyentes fundamentamos nuestra concepción de la vida, de la historia, de la misma civilización. Porque la voz del mismo Vencedor, Cristo Señor, nos dice hoy y siempre: “Confiad, yo he vencido al mundo” (Jn.16.33). “Alegraos siempre en el Señor. Lo repito, alegraos” (Fl.4.4). Cristo ha resucitado ¡Aleluya! Deseo para todos, una gozosa Pascua de Resurrección. X Francesc Xavier, Obispo de Lleida |