Viure per servir

 Vivir para servir

19 Marzo 2006 

Una araña estaba vigilante, esperando poder cazar una mosca que había entrado por la ventana. “Ésta pronto será mía”, decía la araña. “Sólo hay que esperar que se acerque a la pared.”. Pero la mosca distraída se puso encima de un papel insecticida, donde quedó atrapada. “Nunca había visto -gritó la araña- un sistema tan bárbaro y cruel”. Y en voz baja dijo “¿Y ahora, qué comeré?“. La araña se mostró escandalizada ante la muerte cruel de la mosca atrapada en el papel insecticida. Pero la realidad es otra; se ha quedado sin una posible víctima que le hubiese ido muy bien para comer. La compasión por la muerte de la mosca es ficticia.

Pero, ¿no reaccionamos de la misma manera cuando nos sentimos perjudicados? Moliere, dramaturgo francés, tenía mucha razón cuando escribía que “la mayor parte de las personas se enfadan solamente en un caso: cuando de una manera u otra se les toca el bolsillo”. Todos estamos bien atrapados por el ansia de poseer. Los bienes materiales nos esclavizan, y nos exigen una dedicación casi exclusiva en perjuicio de otras realidades que son también muy necesarias para vivir: cultivo de la vida interior, convivencia con los otros, relación con la naturaleza. Quizás hoy los jóvenes se hacen el sordo a la llamada del Señor, porque viven demasiado llenos de su “yo” y de sus cosas. Buscan satisfacer los propios caprichos, y olvidan que su vocación profunda es la de servir.

En el Evangelio encontramos el hecho del joven rico, que no acepta la invitación de Jesús a seguirlo. Las riquezas habían sofocado su posible actitud receptiva y disponible.

Pero también hay jóvenes hoy que no se echan atrás, que no piensan solamente en sus conveniencias sino en vivir para servir, siguiendo las huellas de Jesús. Estos jóvenes son los seminaristas. Hoy, Día del Seminario, recemos por ellos y ayudémosles económicamente instituyendo becas, para que en ellos triunfe la invitación al seguimiento de Cristo en el sacerdocio ministerial y la felicidad que es inseparable de la fidelidad y de la donación a los otros, como Cristo, el Buen Pastor.

                         X Francesc Xavier, Obispo de Lleida