Tots som Església

 Todos somos Iglesia

13 Noviembre 2005

Suena el despertador. “¿Son las siete!” “Las siete? Hoy, no... Bien mirado ¿por qué he de hacerlo yo? ¡Que lo haga otro!” Y la luz se apagó nuevamente. Pero, como un gran rumor recorrió la ciudad.

“Limpieza de las calles de la ciudad” suspendió el trabajo y muchas bolsas de basura quedaron en su sitio. Los trabajadores del Ayuntamiento decidieron hacer fiesta y se marcharon a casa. En una pared escribieron la frase que había recorrido toda la ciudad: ¿Por qué yo? ¡Que lo haga otro! Al principio se sintieron como libres. “No más contribuciones!” “¡No más obligaciones!” “¡No más despachos!”

Cuando estas noticias llegaron a la capital, todos los consideraron unos vencedores. El Consejo se reunió rápidamente y decretó el estado de emergencia, con el acuerdo unánime de pagar el salario a todos, mientras durase aquella situación.

Pero el tiempo, juez implacable, no les dio la razón. No se podía vivir sin trabajar. Primero, cerraron las escuelas. No había maestros. En segundo lugar, cerró el “Club de la Amistad”. Ya no había amigos. La gente se fue marchando a la búsqueda de corazones más generosos. Los jóvenes se marcharon, porque donde no hay ideales no hay jóvenes. Y este fue el final de aquel pueblo sin vocación, porque donde la persona no tiene una misión que realizar se encuentra extraña hasta en la propia casa.

Celebramos hoy el “Día de la Iglesia Diocesana”, con el lema muy expresivo: “Todos somos Iglesia“. La Iglesia que formamos todos los bautizados, es un pueblo con vocación. Ha recibido la llamada de Dios para hacer ya presente el Reino entre las personas humanas viviendo la filiación respecto de Dios y la hermandad respecto al prójimo.

Por voluntad de Cristo, todos los bautizados hemos de caminar juntos, formando Iglesia. No podemos ser “cristianos por libre”. Hemos de esforzarnos por vivir la comunión eclesial con todas su exigencias. Y desde esta conciencia de fraternidad ha de nacer la necesaria colaboración de las personas que promueven y aportan su tiempo para educar en la fe a los jóvenes y a los niños, para participar en las instituciones de consulta, para posibilitar locales y otros medios materiales. Sólo con la colaboración de todos será posible atender a todos. Así la Iglesia de Lleida estará a la altura de su misión. Lo que importa es la colaboración personal, pero esta no será eficaz si no va acompañada de la generosidad económica. La Diócesis tendrá lo que quieran aportar los fieles. Si todos colaboramos, todos saldremos ganando... sobre todo los más pobres.

                         X Francesc Xavier, Obispo de Lleida