La saviesa de la gent gran

 La sabiduría de las personas mayores

28 Agosto 2005

Un viejo perro cazador, famoso y espanto de las liebres, se encontró un día con una pieza tan grande y gruesa, que no podía, a pesar de los esfuerzos que hacía, llevarla hasta el cazador. Éste se enfadó y maltrató al animal e incluso pensó en quitarle la vida. Pero el perro dolorido y con un acento amargo exclamó: “¿Por qué me quieres castigar, mi amo? Sabes muy bien que ni me falta valor ni voluntad, me faltan fuerza y dientes, que he perdido sirviéndote como un buen perro”.

Qué pena contemplar que el buen perro había sido valorado y estimado mientras fue útil. Pero la pena es mayor, cuando te das cuenta que muchas personas son tratadas como este perro. Mientras son jóvenes y útiles, todo son alabanzas y atenciones. Cuando ya no producen y son una carga, entonces se les abandona.

La estadística indica un aumento de personas mayores. También muchos hechos avalan la realidad de un rechazo social para el anciano, ya que nuestra cultura no valora la vida que no produce. Esto genera una marginación de las personas mayores, que se sienten solas. La persona mayor vive la inseguridad de no saber como será su futuro porque habrá de depender de los otros.

Con todo, la persona anciana tiene la capacidad, desde la experiencia vivida, de relativizarlo todo, quedándose sólo con Dios como único absoluto. Cuando las esperanzas humanas desaparecen, muchos se acercan a los caminos salvadores de Dios: sacramentos, sobre todo la Misa, oraciones, como el Santo Rosario... Ésta es la mejor manera de enfocar la ancianidad. Vivir el presente con Dios y desde Dios y no refugiarse con nostalgia en el pasado ni mirar con temor el futuro. Esto lleva a vivir la existencia como un don, gozándola con un continuo agradecimiento al Padre Dios.

Una buena vejez no se improvisa. Hay que prepararse. El resultado es toda la bondad que hemos puesto en el corazón. Dice la Sagrada Escritura: “Si de joven no has recogido nada ¿cómo podrás encontrar nada en tu vejez? ¡Cuánto saben los ancianos de aconsejar! Qué bonita es la sabiduría de la gente de edad. La corona de los ancianos es su experiencia, y la veneración del Señor su motivo de gloria”: (Si. 25,3-6).

                         X Francesc Xavier, Obispo de Lleida