Neguit i confiança

 Inquietud y confianza

17 Julio 2005

Un jardinero, con su trabajo, había conseguido comprar una viña. Tenía tres hijos. Y su pena era ésta: ninguno de ellos mostraba interés por el trabajo del padre en el campo.

Llegada la hora de su muerte, el jardinero llamó a sus hijos y les dijo que les quería revelar un secreto: “En la viña hay escondido oro suficiente para vivir felices. Buscad este tesoro y repartíroslo fraternalmente”. Y el jardinero murió.

Al día siguiente los tres hijos fueron a la viña con diversos aparejos para remover la tierra. Y dedicaron al trabajo días y días. La viña era grande y no sabían el lugar exacto donde su padre había escondido el oro. Después de haber removido toda la tierra de la viña sin haber encontrado nada, se quedaron desilusionados.

Pero, transcurrido un tiempo, comprendieron el significado de las palabras de su padre. De hecho, aquel año, la viña dio una cantidad muy grande de uva porque la habían trabajado. Vendieron la uva y obtuvieron una buena cantidad de dinero, que se repartieron según la recomendación del padre. Comprendieron que el tesoro más grande de cada persona es siempre el fruto de su trabajo.

A todos nos toca trabajar para atender las necesidades básicas de la vida de la familia. Pero el trabajo sería incompleto si se abandonaran sus necesidades espirituales. A menudo nos sentimos satisfechos porque hemos alcanzado un envidiable bienestar material. Tenemos un piso cómodo. El coche siempre a punto. Podemos permitirnos el lujo de un viaje caprichoso. Hacemos algún donativo a alguna institución humanitaria. Pero todo esto, que es importante, no llena la vida de sentido. No puede ser el tesoro por el que valga la pena sacrificarse. Con más sobriedad y austeridad también se puede vivir dignamente y, de hecho, mucha gente vive así.

La inquietud por acumular bienes materiales no ha de ahogar la necesaria preocupación por cultivar las virtudes humanas y cristianas. Hay un tiempo para todo. Cristo nos advierte: “No os preocupéis por vuestra vida, qué habéis de comer, ó qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, cómo habéis de vestir… Los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial ya sabe qué cosas habéis de menester. 

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os darán por añadidura” (Mt., 6,25ss). Y el Sirácida nos advierte: “No te refíes de los bienes, que son un engaño; no te servirán de nada el día de la desgracia” (Sir. 5,8).

                         X Francesc Xavier, Obispo de Lleida