Amb responsabilitat

 Con responsabilidad

3 Julio 2005

El discípulo fue a visitar al maestro y le dijo: “Tengo tanta confianza en Dios que he dejado aquí en la puerta el caballo sin atar, porque estoy seguro que Dios protege los intereses de los que ama“.

El maestro le respondió: “Sal fuera y ata el caballo. Dios no puede ocuparse de hacer por ti lo que tú eres capaz de hacer y has de hacer con sentido común”.

Hay conductores de coches que conducen su vehículo con tanta imprudencia y falta de sentido común, que parecen confiar en un Dios milagroso, que suplirá su inconsciencia y atrevimiento.

Hemos de conducir con prudencia, respetando las personas y las normas que regulan el tráfico. No podemos poner en peligro nuestra vida ni la de los otros. Quizás nos parece que, con la trasgresión de las reglas de juego, que regulan la marcha por las carreteras, nos manifestamos más valientes y audaces. Más bien somos unos imprudentes y unos malos calculadores porque, en lugar de llegar a las diez, nos exponemos a no llegar nunca. 

Se imponen siempre actitudes reflexivas y comportamientos humanos en el uso de los avances técnicos. Da la impresión de que el llamado progreso se podría comparar a la escena de una película de los hermanos Marx: conducían un tren con maquina de carbón. Cuando éste se acabó, para alimentar la caldera y seguir funcionando, desmontaron los vagones de madera. Cuando los vagones de madera fueron totalmente consumidos por el fuego, la maquina se paró... y se quedaron sin tren y sin viaje. Abusar de los medios técnicos, de sus posibilidades, nos puede hacer daño. Es necesario respetar la vida, tener en cuenta a los otros, actuar con prudencia. Saber conducir y saberse conducir. Que la carretera acerque los pueblos y las personas, que sea lugar de paz y vehículo de progreso. Que haga a las personas más hermanos. Que sea plataforma de vida, de comunicación y no de dolor, sufrimiento y muerte.

La carretera tiene sus leyes, que hay que respetar, y sus exigencias, que se han de tener en cuenta. Cuando un ciudadano sale a la carretera ha de hacerlo con responsabilidad y con clara conciencia del deber de respetar a los demás. No ha de confiar que constantemente Dios hará un milagro.

                         X Francesc Xavier, Obispo de Lleida