Amb les disposicions requerides

 Con las disposiciones requeridas

29 Mayo 2005

El pintor ha decidido que aquella obra será la definitiva. Está convencido que superará a todos los pintores y provocará la admiración de los críticos más importantes con el cuadro “La última cena”. Durante muchos años ha estudiado combinaciones de colores y domina la técnica de la perspectiva. Ahora sólo necesita modelos que le inspiren para todos los personajes.

Comienza el cuadro por la figura central, Jesucristo. Como es natural quiere que el modelo refleje la bondad y la sabiduría del Señor. Rechaza los modelos habituales. No tienen las cualidades deseadas. Después de mucho buscar, encuentra la belleza de Jesús en el rostro de un adolescente.

A medida que pasan los meses, el pintor encontrará los modelos que le inspiren los diversos Apóstoles: la fortaleza de Pedro, la inocencia de Juan, la constancia de Jaime. Después de haber pintado once, solo le falta encontrar a Judas Iscariote. Cuesta encontrarlo. Lo descubre en un lugar de diversión nocturna. El primer día de posar, el modelo de Judas, se pone a llorar y lo hace al largo de toda la sesión. El segundo día se da el mismo espectáculo. El tercer día, el pintor quiere descubrir el motivo de aquella tristeza. “¿Por qué lloras siempre que posas?” le pregunta. Porque hace dos años -responde el modelo-, cuando comenzaste el cuadro, yo fui el modelo de Jesucristo.

Hacer de Judas Iscariote no ha de resultar agradable. No es una figura histórica a imitar. No solo no respeta a Jesús sino que le traiciona. Le traicionamos cuando le tratamos indignamente, recibiéndole con conciencia de pecado grave.

Hoy, fiesta del Corpus Christi, demos gracias a Dios Padre por habernos dejado la presencia eucarística de su Hijo. Cristo Resucitado, presente en la Eucaristía, ha de ser adorado y ha de ser recibido con las debidas disposiciones. En la liturgia de San Juan Crisóstomo los fieles oran: “Admitidme hoy a participar de vuestra cena mística. No revelaré el misterio a los enemigos, ni os daré el beso de Judas sino como el ladrón os imploro: Acordaos de mi, Señor, en vuestro Reino”.

                         X Francesc Xavier, Obispo de Lleida