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Catequesis del Papa: Pensar en la propia muerte, que llegará

Dc, 18/10/2017 - 5:53pm
(RV).- En su catequesis de la Audiencia General del tercer miércoles de octubre – prosiguiendo con su ciclo sobre “la esperanza cristiana” – el Papa propuso el tema del “contraste existente entre la esperanza cristiana y la realidad de la muerte”. Hablando en italiano, el Santo Padre recordó que se trata de una realidad que nuestra civilización moderna tiende, cada vez más, a borrar. De modo que, cuando la muerte llega, para quien está cerca de nosotros, o para nosotros mismos, no nos encontramos preparados, sino carentes de un “alfabeto” apto para formular palabras de sentido en torno a su misterio. Y añadió que los primeros signos de la civilización humana transitaron precisamente a través de este enigma, hasta el punto de poder afirmar que “el hombre nació con el culto de los muertos”. A la vez que aludió a otras civilizaciones, anteriores a la nuestra, que tuvieron el valor de mirar la muerte cara a cara. Francisco dijo que la muerte nos hace descubrir que “nuestros actos de orgullo, de ira y de odio eran vanidad”. Por eso cuando llega nos damos cuenta, con aflicción, de que no amamos bastante y de que no buscamos lo que era esencial. A la vez que también vemos lo que de verdaderamente bueno fuimos capaces de sembrar: los afectos por los cuales nos hemos sacrificado y que, ahora, nos tienen la mano. Sin embargo el Obispo de Roma reafirmó que Jesús ha iluminado el misterio de nuestra muerte, de manera que, con su comportamiento, nos autoriza a sentirnos doloridos cuando una persona querida se va, tal como Él mismo se sintió profundamente turbado ante la tumba  de su amigo Lázaro. De manera que la esperanza cristiana toma esta actitud del Señor. Naturalmente, el Papa recordó que todos somos pequeños e indefensos ante el misterio de la muerte, pero si custodiamos en el corazón la llama de la fe, aquel será un momento de gracia. Sí, porque Jesús nos tomará de la mano, tal como lo hizo con la hija de Jairo y repetirá, una vez más: “¡Levántate, resurge!”. (María Fernanda Bernasconi - RV).  (from Vatican Radio)...
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Repulsa del Papa ante atentado en Somalia, con su oración por las víctimas y por la paz

Dc, 18/10/2017 - 1:31pm
Una vez más un apremiante llamamiento se hizo oración en la Plaza de San Pedro. El Papa Francisco expresó su dolor y firme condena ante el atentado terrorista que enlutó la capital somalí, perpetrado con un camión bomba contra uno de los hoteles más populares y céntricos que causó numerosas víctimas: « Deseo expresar mi dolor por la matanza perpetrada hace algunos días en Mogadiscio, Somalia, que ha causado más de trecientos  muertos, entre ellos algunos niños . Este acto terrorista merece la más firme condena, también porque se ensaña  sobre una población ya tan probada . Rezo por los difuntos y por los heridos, por sus familiares y por todo el pueblo de Somalia . Imploro la conversión de los violentos y aliento a cuantos, con enormes dificultades, trabajan por la paz en aquella tierra martirizada ». El Papa deseó a los peregrinos del mundo que participaron en su audiencia general que su «peregrinación a Roma reavive su comunión con el Sucesor de Pedro y la Iglesia universal y los haga testimonios de Cristo en sus iglesias locales» y «testigos de esperanza en este mundo, en especial para cuantos viven en el dolor». Cuando nuestras vidas experimentan pruebas y dolores, recordemos que Jesús nos ha dicho: Yo soy la resurrección y la vida, reiteró el Santo Padre en sus palabras de aliento y bendición a los peregrinos de tantos países, haciendo hincapié en el tema elegido para su catequesis central, sobre la esperanza cristiana ante la muerte: «Sólo la luz de Jesús puede transformar las tinieblas de la tumba en victoria; la amargura de la separación en la dulzura del encuentro; y la derrota de la cruz en el amanecer de la Resurrección: Sólo la fe puede cambiar la vida terrena de un final absurdo a un comienzo glorioso para la vida eterna» Al coincidir su audiencia general con el día en el que la Iglesia celebra al santo evangelista al que San Pablo llama «Lucas, el médico muy amado», el Papa lo recordó en sus palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados: « Hoy es la fiesta de San Lucas, Evangelista y médico . Queridos jóvenes que su testimonio de vida los impulse a tomar opciones valientes de solidaridad y ternura; queridos enfermos, que siguiendo sus enseñanzas puedan encontrar en Jesús el remedio a vuestros sufrimientos; y ustedes, queridos recién casados, pidan su intercesión para que en vuestra nueva familia nunca falte la atención a cuantos sufren». También destacó el Santo Padre que en el día de San Lucas, Evangelista, en Polonia, se celebra la fiesta patronal de los Agentes Sanitarios : «Recuerden en la oración a todos aquellos que cuidan a las personas enfermas con dedición y espíritu de sacrificio. Que nunca les falten las fuerzas, los buenos resultados y la alegría en el servicio que desarrollan. Que Dios los sostenga y recompense el bien y la esperanza que infunden en los corazones de los enfermos». (CdM) (from Vatican Radio)...
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Catequesis del Papa: “Jesús nos dice: levántate, ven, ten encendida en tu corazón la llama de la fe”

Dc, 18/10/2017 - 1:11pm
“La muerte pone al desnudo nuestra vida. Nos hace descubrir que nuestros actos de orgullo, de ira y de odio eran vanidad: pura vanidad. Nos damos cuenta con tristeza de no haber amado lo suficiente y de no haber buscado lo que era esencial”, con estas palabras el Papa Francisco reflexionó en la Audiencia General del tercer miércoles de octubre, sobre el contraste que existe entre la esperanza cristiana y la realidad de la muerte. Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza”, el Obispo de Roma recordó que, “Jesús ha iluminado el misterio de nuestra muerte. Con su comportamiento, nos autoriza a sentirnos dolidos cuando una persona querida se va”. En esta actitud, dijo el Papa, sentimos a Jesús muy cerca, nuestro hermano que nos repite las mismas palabras que dijo a Marta cuando lloraba por la desaparición del hermano Lázaro: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». (Jn 11,25-26). Es lo que Jesús repite a cada uno de nosotros, puntualizó el Santo Padre, cada vez que la muerte viene a arrancar el tejido de la vida y de los afectos. Toda nuestra existencia se juega aquí, agregó, entre el lado de la fe y el precipicio del miedo. Texto y audio completo de la catequesis del Papa Francisco Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Hoy quisiera poner en contraste la esperanza cristiana con la realidad de la muerte, una realidad que nuestra civilización moderna tiende siempre más a cancelar. Tanto así que, cuando la muerte llega, para quien nos está cerca o para nosotros mismos, no nos encontramos preparados, privados incluso de un “alfabeto” adecuado para esbozar palabras de sentido en relación a su misterio, que de todos modos permanece. Y sin embargo los primeros signos de civilización humana han transitado justamente a través de este enigma. Podríamos decir que el hombre ha nacido con el culto a los muertos. Otras civilizaciones, antes de la nuestra, han tenido la valentía de mirarla en la cara. Era un acontecimiento narrado por los viejos a las nuevas generaciones, como una realidad ineludible que obligaba al hombre a vivir para algo de absoluto. Recita el salmo 90: «Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría» (v. 12). Contar los propios días como el corazón se hace sabio. Palabras que nos conducen a un sano realismo, expulsando el delirio de omnipotencia. ¿Qué cosa somos nosotros? Somos «casi nada», dice otro salmo (Cfr. 88,48); nuestros días transcurren velozmente: si viviéramos incluso cien años, al final nos parecerá que todo haya sido un soplo. Tantas veces yo he escuchado a los ancianos decir: “La vida se me ha pasado como un soplo”. Así la muerte pone al desnudo nuestra vida. Nos hace descubrir que nuestros actos de orgullo, de ira y de odio eran vanidad: pura vanidad. Nos damos cuenta con tristeza de no haber amado lo suficiente y de no haber buscado lo que era esencial. Y, por el contrario, vemos lo que verdaderamente bueno hemos sembrado: los afectos por los cuales nos hemos sacrificado, y que ahora nos sujetan la mano. Jesús ha iluminado el misterio de nuestra muerte. Con su comportamiento, nos autoriza a sentirnos dolidos cuando una persona querida se va. Él se conmovió «profundamente» ante la tumba de su amigo Lázaro, y «lloró» (Jn 11,35). En esta actitud, sentimos a Jesús muy cerca, nuestro hermano. Él lloró por su amigo Lázaro. Y entonces Jesús pide al Padre, fuente de la vida, y ordena a Lázaro salir del sepulcro. Y así sucede. La esperanza cristiana recurre a esta actitud que Jesús asume contra la muerte humana: si ella está presente en la creación, pero ella es un signo que desfigura el diseño de amor de Dios, y el Salvador quiere sanarla. En otro pasaje los evangelios narran de un padre que tenía una hija muy enferma, y se dirige con fe a Jesús para que la salve (Cfr. Mc 5,21-24.35-43). Y no existe una figura más conmovedora de aquella de un padre o de una madre con un hijo enfermo. Y enseguida Jesús se dirige con aquel hombre, que se llamaba Jairo. A cierto momento llega alguien de la casa de Jairo y le dice que la niña está muerta, y no hay más necesidad de molestar al Maestro. Pero Jesús dice a Jairo: «No temas, basta que creas» (Mc 5,36). Jesús sabe que este hombre está tentado de reaccionar con rabia y desesperación, porque ha muerto la niña, y le pide custodiar la pequeña llama que está encendida en su corazón: fe. “¡No temas, sólo ten fe!”. “¡No tengas miedo, continúa solamente teniendo encendida esa llama!”. Y después, llegados a la casa, despierta a la niña de la muerte y la restituirá viva a sus seres queridos. Jesús nos pone sobre esta “cima” de la fe. A Marta que llora por la desaparición del hermano Lázaro presenta la luz de un dogma: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». (Jn 11,25-26). Es lo que Jesús repite a cada uno de nosotros, cada vez que la muerte viene a arrancar el tejido de la vida y de los afectos. Toda nuestra existencia se juega aquí, entre el lado de la fe y el precipicio del miedo. “Yo no soy la muerte, dice Jesús, yo soy la resurrección y la vida, ¿crees tú esto?, ¿crees tú esto?”. Nosotros, que hoy estamos aquí en la Plaza, ¿creemos en esto? Somos todos pequeños e indefensos ante el misterio de la muerte. ¡Pero, que gracia si en ese momento custodiamos en el corazón la llama de la fe! Jesús nos tomará de la mano, como tomó de la mano a la hija de Jairo, y repetirá todavía una vez: “Talitá kum”, “¡Niña, levántate!” (Mc 5,41). Lo dirá a nosotros, a cada uno de nosotros: “¡Levántate, resurge!”. Yo los invito, ahora, tal vez a cerrar los ojos y a pensar en aquel momento: de nuestra muerte. Cada uno de nosotros piense a su propia muerte, y se imagine ese momento que llegará, cuando Jesús nos tomará de la mano y nos dirá: “Ven, ven conmigo, levántate”. Ahí terminará la esperanza y será la realidad, la realidad de la vida. Piensen bien: Jesús mismo vendrá a cada uno de nosotros y nos tomará de la mano, con su ternura, su humildad, su amor. Y cada uno repita en su corazón la palabra de Jesús: “¡Levántate, ven. Levántate, ven. Levántate, resurge!”. Esta es nuestra esperanza ante la muerte. Para quién cree, es una puerta que se abre completamente; para quién duda es un resquicio de luz que filtra de una puerta que no se ha cerrado del todo. Pero para todos nosotros será una gracia, cuando esta luz, del encuentro con Jesús, nos iluminará. Gracias. (Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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Catequesis del Papa en español. «Bienaventurados los que mueren en el Señor»

Dc, 18/10/2017 - 12:15pm
«Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?" Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo». Jn 11, 23-27 En la Audiencia General del miércoles 18 de octubre de 2017 el Santo Padre Francisco realizó su catequesis a partir de la reflexión del capítulo 11 del Evangelio según san Juan, versículos 23 al 27. A continuación el resumen que pronunció en español:  Queridos hermanos y hermanas: Hoy reflexionamos sobre el contraste que existe entre la esperanza cristiana y la realidad de la muerte. Nuestra civilización moderna trata de suprimir y disimular la muerte, hasta el punto de que cuando llega nadie está preparado, ni tiene tampoco los medios para darle un sentido. La muerte es un misterio, manifiesta la fugacidad de la vida, nos enseña que nuestro orgullo, ira y odio, son sólo vanidad; que no amamos lo suficiente, que no buscamos lo esencial. Pero también nos indica que solamente el bien y el amor que sembramos mientras vivimos permanecen. Como hemos escuchado en la lectura del evangelio, Jesús es el único capaz de iluminar el misterio de la muerte. Con su actuar nos enseña que sentir dolor ante la pérdida de un ser querido no es contrario a la esperanza. Su oración al Padre, Origen de la vida, nos revela que la muerte no forma parte de su designio amoroso, y que Jesús mismo, con su obediencia total al Padre, restaura el proyecto original de Dios y nos otorga vida en abundancia. En varios pasajes evangélicos, en que Jesús se confronta con la muerte, pide que no se tenga miedo ante ella, sino que se confíe en su palabra y se mantenga viva la llama de la fe. A la evidencia de la muerte, Jesús opone la luz de su potencia, que también extiende sobre cada uno de nosotros, pequeños e indefensos frente al enigma de la muerte, y nos asegura: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá».  ************************ Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España y Latinoamérica. El Señor Jesús, única esperanza de la humanidad, nos conceda la gracia de mantener encendida la llama de la fe, y en el momento de nuestra muerte nos tome de la mano y nos diga: «¡Levántate!». Que Santa María, Madre de Dios, interceda por todos nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. Así sea. (Radio Vaticano)   (from Vatican Radio)...
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El Tweet del Papa Francisco en el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza

Dm, 17/10/2017 - 8:13pm
“La familia humana tiene el deber de ayudar a toda persona a librarse de la pobreza y del hambre”, lo escribe el Papa Francisco en un tweet con ocasión de la “Jornada Internacional para la Erradicación de la Pobreza”. Ya el pasado domingo, el Santo Padre a la hora del rezo del Ángelus dominical había recordado que, “La miseria no es una fatalidad: tiene causas que deben ser reconocidas y removidas, para honrar la dignidad de tantos hermanos y hermanas, siguiendo el ejemplo de los santos”. La Jornada hodierna celebra este año un doble aniversario: el 25º Aniversario de la declaración de la Asamblea General que, en su resolución 47/196, de 22 de diciembre de 1992, decretó el 17 de Octubre el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Además, el 30º aniversario del llamado a la acción del padre Joseph Wresinski – que constituye el pilar del 17 de octubre como Día Mundial para la Erradicación de la Extrema Pobreza – y de su reconocimiento por las Naciones Unidas como el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, que este año tiene como tema: “Responder al llamado del 17 de octubre a poner fin a la pobreza: una vía hacia sociedades pacíficas e inclusivas”. Recordamos que el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza y su precursor, el Día Mundial para la Erradicación de la Extrema Pobreza, tienen por objeto promover el diálogo y la comprensión entre personas y comunidades que viven en situación de pobreza y la sociedad en general. Esta campaña mundial invita igualmente a las personas, las comunidades, las organizaciones y los países a conmemorar el 17 de octubre de 2017 de las más diversas maneras, las más ricas y variadas, como por ejemplo: revelando y compartiendo historias que muestran cómo se puede superar la pobreza cuando las personas aúnan sus esfuerzos con el objetivo de defender los derechos de todos; organizando o participando en manifestaciones culturales para celebrar el valor y la lucha diaria de los más pobres; e iniciando un diálogo profundo sobre el modo de construir una sociedad que no deje a nadie atrás. (Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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Homilía del Papa en Santa Marta: la necedad lleva a la corrupción

Dm, 17/10/2017 - 2:53pm
(RV).- No caer en la necedad que consiste en la incapacidad de escuchar la Palabra de Dios y conduce a la corrupción. Lo pidió el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el tercer martes de octubre. El Santo Padre recordó que Jesús lloró con nostalgia por el pueblo amado que se alejó por necedad, prefiriendo las apariencias, los ídolos o las ideologías. La reflexión del Pontífice comenzó a partir de la palabra “necios”, que aparece dos veces en la Liturgia del día. En efecto, Jesús la dice a los fariseos ( Lc 11, 37-41); mientras San Pablo cuando se refiere a los paganos ( Rm 1, 16-25). Pero el Apóstol de los Gentiles también a los Gálatas les había dicho “necios” porque se habían dejado engañar por las “nuevas ideas”. Y esta palabra “más que una condena, es una recomendación” – explicó el Papa – porque hace ver el camino de la necedad que conduce a la corrupción. “Estos tres grupos de necios son corruptos”, dijo también Francisco . A los Doctores de la Ley, Jesús les había dicho que se parecían a sepulcros blanqueados: se volvían corruptos porque se preocupaban por hacer que “la parte externa de las cosas” apareciera bella, pero no les interesaba lo que había adentro, donde estaba la corrupción. Por lo tanto, estaban “corruptos por la vanidad, por el aparecer, por la belleza exterior, por la justicia exterior”. Los paganos, en cambio, tienen la corrupción de la idolatría: se volvieron corruptos porque confundieron la gloria de Dios – que  habrían podido conocer a través de la razón  – con los ídolos. A la vez que destacó que también hoy hay idolatrías, como el consumismo o como buscar “un dios cómodo”. En fin, también aludió a aquellos cristianos que se han dejado corromper por las ideologías, es decir, que han dejado de ser cristianos para ser “ideólogos del cristianismo”. Estos tres grupos, a causa de la necedad –  dijo el Papa –  “terminan en la corrupción”. Además, Francisco , explicó en qué consiste esta necedad: “La necedad es un no escuchar. Literalmente se puede decir un ‘necio’, ‘no sé’, no escuchar. La incapacidad de escuchar la Palabra: cuando la Palabra no entra, no la dejo entrar porque no la escucho. El necio no escucha. Él cree que escucha, pero no escucha. Hace la suya, siempre. Y por esto la Palabra de Dios no puede entrar en el corazón, y no hay lugar para el amor. Y si entra, entra destilada, transformada por mi concepción de la realidad. Los necios no saben escuchar. Y esta sordera los conduce a esta corrupción. No entra la Palabra de Dios, no hay lugar para el amor y, al final, no hay lugar para la libertad”. Y añadió que se vuelven esclavos porque confunden “la verdad de Dios con la mentira” y adoran a las criaturas en lugar de al Creador: “No son libres, y no escuchar, esta sordera no deja lugar al amor y ni siquiera a la libertad: nos conduce siempre a una esclavitud. ¿Yo escucho la Palabra de Dios? ¿Y la dejo entrar? Esta Palabra, que hemos oído cantando el Aleluya, es la Palabra de Dios viva, es eficaz, discierne los sentimientos y los pensamientos del corazón. Corta, va dentro. ¿Dejo entrar esta Palabra? ¿O a esta Palabra soy sordo? ¿Y la transformo en pertenencia, la transformo en idolatría, hábitos idolátricos, o la transformo en ideología? Y no entra… Ésta es la necedad de los cristianos”. Al concluir su reflexión, el Santo Padre exhortó a mirar los “iconos de los necios de hoy”: “Hay cristianos necios y también pastores necios”. “San Agustín – recordó – los aporrea bien, con fuerza” porque “la necedad de los pastores hace mal al rebaño”. Su referencia fue a la “necedad del pastor corrupto”, a la “necedad del pastor satisfecho de sí mismo y pagano” y a la “necedad del pastor ideólogo”. “Veamos el icono de los cristianos necios” – exhortó el Papa – “y junto a esta necedad miremos al Señor que siempre está a la puerta”, llama y espera. Mientras terminó invitando a pensar en la nostalgia del Señor por nosotros: “Y si caemos en esta necedad, nos alejamos de Él y Él experimenta esta nostalgia. Nostalgia de nosotros. Y Jesús con esta nostalgia lloró, lloró por Jerusalén: era precisamente la nostalgia de un pueblo que había elegido, había amado pero que se había alejado por necedad, que había preferido las apariencias, los ídolos o las ideologías”. (María Fernanda Bernasconi - RV). (from Vatican Radio)...
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Carta del Papa por los 8 siglos de presencia franciscana en Tierra Santa

Dm, 17/10/2017 - 2:21pm
Con gran alegría, el Papa Francisco dirigió una Carta al Custodio de Tierra Santa, Padre Francesco Patton, en ocasión de los 800 años de la presencia de los «‘frailes de la cuerda’, como apodaron a los franciscanos en los lugares donde el Hijo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros». (Cfr Jn 1,14) Recordando que San Francisco abrió la Orden a la «dimensión misionera y universal» , enviando a sus frailes a todas las naciones como testimonios de fe, de fraternidad y de paz y fue así que se creó la Provincia de Tierra Santa , el Papa subraya las celebraciones en las que los franciscanos renuevan su «adhesión a la llamada de Jesús, en fidelidad al Evangelio y a la Iglesia». «Asiduos a la contemplación y la oración, simples y pobres, obedientes al Obispo de Roma, están comprometidos también en el presente a vivir en Tierra Santa al lado de los hermanos de diversas culturas, etnias y religiones, sembrando paz, fraternidad y respeto» , escribe el Santo Padre, poniendo de relieve asimismo la dedicación de los franciscanos en la investigación arqueológica y de la Sagrada Escritura, sin olvidar la importancia de la animación de los Santuarios y el servicio  a la Comunidad eclesial local, con una exhortación entrañable: «Los aliento a perseverar alegres en sostener a estos hermanos nuestros, sobre todo a los más pobres y débiles, en la educación de la juventud – que a menudo corren el riesgo de perder la esperanza en un contexto aún sin paz – en la acogida de los ancianos y en el cuidado de los enfermos, viviendo concretamente en el día a día las obras de misericordia». El Papa Francisco destaca asimismo que «son embajadores del todo el Pueblo de Dios , que con liberalidad los ha sostenido siempre, en particular a través de la ‘Colecta por la Tierra Santa, que contribuye a hacer que en la Tierra de Jesús la fe se haga visible en las obras y, que en especial los sostiene en nombre del Sucesor de Pedro y de la Congregación para las Iglesias Orientales, que celebra en estos mismos días su centenario». La misiva pontificia concluye encomendando la Custodia de Tierra Santa y cada una de sus comunidades, así como a todos los franciscanos a la maternal protección de la Virgen María, invocando asimismo la intercesión de su santo patrono Antonio de Padua. (CdM) (from Vatican Radio)...
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El Observador permanente de la Santa Sede ante la FAO sobre el reto HAMBRE CERO 2030: "Tenemos que invertir en paz"

Dll, 16/10/2017 - 5:16pm
Hoy, 16 de octubre, el Papa Francisco ha visitado la Sede romana de la FAO , la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, convirtiéndose en su segunda visita desde que está en el Pontificado. Y lo hace en el día en el que se celebra la Jornada Mundial de la Alimentación. Con ocasión de esta visita del Papa, en Radio Vaticana  entrevistamos a Monseñor Fernando Chica Arellano , el Observador permanente de la Santa Sede ante la FAO.   Monseñor Fernando Chica habla acerca del  reto del HAMBRE CERO , una iniciativa de la FAO que pretende para el 2030 erradicar el hambre en el mundo, asegurando que: "este reto últimamente se está complicando". El 15 de septiembre pasado tras el conocimiento de unos "datos alarmantes" el Observador permanente afirma que  "el hambre está repuntando en el mundo". "Llevábamos tres lustros en descenso y ahora estamos en  815 millones de hambrientos , esto quiere decir que hemos crecido 38 millones de hambrientos más en pocos meses, lo cual nos está informando que si no cambiamos el rumbo y las cifras se invierten, será bastante complicado alcanzar este reto de HAMBRE CERO para 2030" explica en los micrófonos de Radio Vaticana.  Además, Monseñor Fernando Chica cita las claves para que entre todos podamos ayudar a que este reto se cumpla , considerando que en primer lugar debemos "convencernos" : "todos podemos ayudar, nadie sobra ni nadie puede darse por evadido a la hora de plantarle cara al hambre". También invita a conjugar el verbo  "querer" : "Esta lacra no es cuestión de que la erradiquen los Gobiernos y las Organizaciones Internacionales" asegura, si no que "es entre todos que podemos derrotar el hambre y para ello basta querer". Por último invita a conjugar el verbo  "compartir" . No desperdiciar alimentos, aumentar lo que dedicamos a la solidaridad para con los más pobres o no tirar nada de lo que hay en la mesa son otras de las iniciativas a las que nos empuja para ayudar a alcanzar el hambre cero en 2030.  La Jornada Mundial de la Alimentación coincide este año 2017 con el momento en el que más personas han sido forzadas a huir de sus hogares desde la II Guerra Mundial debido al aumento de los conflictos y la inestabilidad política que en muchas partes del mundo se está viviendo. Fernando Chica asegura en los micrófonos de Radio Vaticana que  "nadie quiere dejar su tierra por gusto" , y es por ello que el aumento de la violencia, de los conflictos, sobre todo el incremento de los desastres naturales "aumenta el hambre y con el hambre se aumentan las grandes bolsas de migración forzada". Además, continúa, si queremos derrotar el hambre "tenemos que invertir en paz".   Asimismo, en relación a una afirmación hecha por la FAO en la que se lee que "hoy día hay suficientes alimentos en el mundo para que cada ser humano lleve una vida sana y productiva" , Monseñor explica cuáles son los problemas que dificultan que esos alimentos lleguen a las manos de todos : "La paradoja es realmente triste, hay comida para todos pero no todos pueden comer", y continúa: “podemos acabar con el hambre si invertimos más en justicia, en igualdad, si facilitamos que en el hemisferio sur los alimentos no se pierdan" .   "Los alimentos se producen, pero por falta de infraestructuras, de locales donde almacenarlos, de carreteras viables, estos alimentos no llegan a la mesa del consumidor”. Aunque no se trata únicamente del hemisferio sur, ya que en el hemisferio norte los alimentos “tampoco llegan como se debiera”, porque muchas veces en el hemisferio norte “hay un lujo, un desperdicio, un despilfarro que hace que los alimentos se queden rescindidos a unas pocas bocas y haya muchas que no tengan el alimento que precisan cada día” concluye. (Mireia Bonilla - Radio Vaticano)     (from Vatican Radio)...
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Papa: trabajar infatigablemente por el bien de la familia humana

Dll, 16/10/2017 - 1:39pm
(RV).- Tal como estaba previsto, en la Jornada Mundial de la Alimentación, el Papa Francisco visitó – el tercer lunes de octubre – la sede de la FAO, es decir, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. La celebración de este año tiene por tema: “Cambiar el futuro de la emigración. Invertir en la seguridad alimentaria y en el desarrollo rural”. El Obispo de Roma fue recibido a su llegada por su Director General, el Dr. José Graziano da Silva y por el Observador Permanente de la Santa Sede ante las Organizaciones y los Organismos de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Mons. Fernando Chica Arellano .  Ante todo, en el atrio de esta institución se descubrió la escultura que el Papa Bergoglio regaló a la FAO, después de lo cual Francisco conversó brevemente con los principales dirigentes, y tras firmar el Libro de Honor, el Santo Padre se dirigió al segundo piso del edificio, donde saludó a otras personalidades, entre las cuales al Presidente de Madagascar, y diversos embajadores y ministros. Por último, en la Sala Plenaria, tras la apertura de este encuentro, que contó con la proyección del video sobre el tema de esta Jornada Mundial, y después de las palabras de introducción del Director General de la FAO, el Santo Padre dirigió su amplio discurso que pronunció en nuestro idioma. En cuatro puntos, el Pontífice expuso su pensamiento acerca de este gran problema que afecta a los más pobres del planeta. Ante todo recordó que la celebración de esta Jornada Mundial alude al 16 de octubre del año 1945 en que los gobiernos de aquella época – decididos a eliminar el hambre en el mundo mediante el desarrollo del sector agrícola – instituyeron la FAO. Y lo hicieron en un período de grave inseguridad alimentaria y de grandes desplazamientos de la población, con millones de personas buscando un lugar para poder sobrevivir a las miserias y adversidades causadas por la guerra. El Papa se refirió a la relación entre el hambre y las migraciones afirmando que “sólo se puede afrontar si vamos a la raíz del problema”. Y ante la pregunta de ¿cómo se pueden superar los conflictos?, dijo: “El derecho internacional nos indica los medios para prevenirlos o resolverlos rápidamente, evitando que se prolonguen y produzcan carestías y la destrucción del tejido social. Pensemos en las poblaciones martirizadas por unas guerras que duran ya decenas de años, y que se podían haber evitado o al menos detenido, y sin embargo propagan efectos tan desastrosos y crueles como la inseguridad alimentaria y el desplazamiento forzoso de personas. Se necesita buena voluntad y diálogo para frenar los conflictos y un compromiso total a favor de un desarme gradual y sistemático, previsto por la Carta de las Naciones Unidas, así como para remediar la funesta plaga del tráfico de armas. ¿De qué vale denunciar que a causa de los conflictos millones de personas sean víctimas del hambre y de la desnutrición, si no se actúa eficazmente en aras de la paz y el desarme?”. El Pontífice destacó que los estudios realizados por las Naciones Unidas, como tantos otros llevados a cabo por Organizaciones de la sociedad civil, concuerdan en que son dos los principales obstáculos que hay que superar: “los conflictos y los cambios climáticos”. Y afirmó textualmente: “Estamos llamados a proponer un cambio en los estilos de vida, en el uso de los recursos, en los criterios de producción, hasta en el consumo, que en lo que respecta a los alimentos, presenta un aumento de las pérdidas y el desperdicio. No podemos conformarnos con decir ‘otro lo hará’”. El Santo Padre manifestó asimismo que piensa que estos son los presupuestos de cualquier discurso serio sobre la seguridad alimentaria relacionada con el fenómeno de las migraciones. “Está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues el presentarla como una enfermedad incurable. Las recientes previsiones formuladas por vuestros expertos contemplan un aumento de la producción global de cereales, hasta niveles que permiten dar mayor consistencia a las reservas mundiales. Este dato nos da esperanza y nos enseña que, si se trabaja prestando atención a las necesidades y al margen de las especulaciones, los resultados llegan. En efecto, los recursos alimentarios están frecuentemente expuestos a la especulación, que los mide solamente en función del beneficio económico de los grandes productores o en relación a las estimaciones de consumo, y no a las reales exigencias de las personas. De esta manera, se favorecen los conflictos y el despilfarro, y aumenta el número de los últimos de la tierra que buscan un futuro lejos de sus territorios de origen”. Ante esta situación el Papa afirmó con fuerza que “podemos y debemos cambiar el rumbo” , tal como él mismo lo ha escrito en su Encíclica sobre el cuidado de la casa común, Laudato si’ . Y si bien “reducir es fácil”, mientras “compartir, en cambio, implica una conversión”, lo que representa algo exigente, el Santo Padre se hizo a sí mismo y a los presentes otra pregunta: “¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia? Estas palabras expresan, efectivamente, el contenido práctico del término ‘humanitario’, tan usado en la actividad internacional. Amar a los hermanos, tomando la iniciativa, sin esperar a ser correspondidos, es el principio evangélico que encuentra también expresión en muchas culturas y religiones, convirtiéndose en principio de humanidad en el lenguaje de las relaciones internacionales”. En cuanto al trabajo diplomático necesario para que todo esto se tenga en cuenta a la hora de elaborar el Pacto mundial para una migración segura, regular y ordenada , que se está realizando actualmente en el seno de las Naciones Unidas, Francisco pidió: “Prestemos oído al grito de tantos hermanos nuestros marginados y excluidos: «Tengo hambre, soy extranjero, estoy desnudo, enfermo, recluido en un campo de refugiados». Es una petición de justicia, no una súplica o una llamada de emergencia. Es necesario que a todos los niveles se dialogue de manera amplia y sincera, para que se encuentren las mejores soluciones y se madure una nueva relación entre los diversos actores del escenario internacional, caracterizada por la responsabilidad recíproca, la solidaridad y la comunión”. Por último y antes de despedirse, el Papa Francisco recordó que “la Iglesia Católica, con sus instituciones, teniendo directo y concreto conocimiento de las situaciones que se deben afrontar o de las necesidades a satisfacer, quiere participar directamente en este esfuerzo en virtud de su misión, que la lleva a amar a todos y la obliga también a recordar, a cuantos tienen responsabilidad nacional o internacional, el gran deber de afrontar las necesidades de los más pobres”. Y concluyó deseando que cada uno descubra, “en el silencio de la propia fe o de las propias convicciones”, las motivaciones, los principios y las aportaciones para infundir en la FAO, y en las demás Instituciones intergubernamentales, el valor de mejorar y “trabajar infatigablemente por el bien de la familia humana”. (María Fernanda Bernasconi – RV). Texto y audio del discurso del Santo Padre a la FAO con ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación: Señor Director General, Distinguidas autoridades aquí presentes, Señoras y Señores: Agradezco la invitación y las palabras de bienvenida que me ha dirigido el Director General, profesor José Graziano da Silva, y saludo con afecto a las autoridades que nos acompañan, así como a los Representantes de los Estados Miembros y a cuantos tienen la posibilidad de seguirnos desde las sedes de la FAO en el mundo. Dirijo un saludo particular a los Ministros de agricultura del G7 aquí presentes, que han finalizado su Cumbre, en la que se han discutido cuestiones que exigen una responsabilidad no sólo en relación al desarrollo y a la producción, sino también con respecto a la Comunidad internacional en su conjunto. 1.     La celebración de esta Jornada Mundial de la Alimentación nos reúne en el recuerdo de aquel 16 de octubre del año 1945 cuando los gobiernos, decididos a eliminar el hambre en el mundo mediante el desarrollo del sector agrícola, instituyeron la FAO. Era aquel un período de grave inseguridad alimentaria y de grandes desplazamientos de la población, con millones de personas buscando un lugar para poder sobrevivir a las miserias y adversidades causadas por la guerra. A la luz de esto, reflexionar sobre los efectos de la seguridad alimentaria en la movilidad humana significa volver al compromiso del que nació la FAO, para renovarlo. La realidad actual reclama una mayor responsabilidad a todos los niveles, no sólo para garantizar la producción necesaria o la equitativa distribución de los frutos de la tierra – esto debería darse por descontado – sino sobre todo para garantizar el derecho de todo ser humano a alimentarse según sus propias necesidades, tomando parte además en las decisiones que lo afectan y en la realización de las propias aspiraciones, sin tener que separarse de sus seres queridos. Ante un objetivo de tal envergadura lo que está en juego es la credibilidad de todo el sistema internacional. Sabemos que la cooperación está cada vez más condicionada por compromisos parciales, llegando incluso a limitar las ayudas en las emergencias. También las muertes a causa del hambre o el abandono de la propia tierra son una noticia habitual, con el peligro de provocar indiferencia. Nos urge pues, encontrar nuevos caminos para transformar las posibilidades de que disponemos en una garantía que permita a cada persona encarar el futuro con fundada confianza, y no sólo con alguna ilusión. El escenario de las relaciones internacionales manifiesta una creciente capacidad de dar respuestas a las expectativas de la familia humana, también con la contribución de la ciencia y de la técnica, las cuales, estudiando los problemas, proponen soluciones adecuadas. Sin embargo, estos nuevos logros no consiguen eliminar la exclusión de gran parte de la población mundial: cuántas son las víctimas de la desnutrición, de las guerras, de los cambios climáticos. Cuántos carecen de trabajo o de los bienes básicos y se ven obligados a dejar su tierra, exponiéndose a muchas y terribles formas de explotación. Valorizar la tecnología al servicio del desarrollo es ciertamente un camino a recorrer, a condición de que se lleguen a concretar acciones eficaces para disminuir el número de los que pasan hambre o para controlar el fenómeno de las migraciones forzosas. 2.     La relación entre el hambre y las migraciones sólo se puede afrontar si vamos a la raíz del problema. A este respecto, los estudios realizados por las Naciones Unidas, como tantos otros llevados a cabo por Organizaciones de la sociedad civil, concuerdan en que son dos los principales obstáculos que hay que superar: los conflictos y los cambios climáticos. ¿Cómo se pueden superar los conflictos? El derecho internacional nos indica los medios para prevenirlos o resolverlos rápidamente, evitando que se prolonguen y produzcan carestías y la destrucción del tejido social. Pensemos en las poblaciones martirizadas por unas guerras que duran ya decenas de años, y que se podían haber evitado o al menos detenido, y sin embargo propagan efectos tan desastrosos y crueles como la inseguridad alimentaria y el desplazamiento forzoso de personas. Se necesita buena voluntad y diálogo para frenar los conflictos y un compromiso total a favor de un desarme gradual y sistemático, previsto por la Carta de las Naciones Unidas, así como para remediar la funesta plaga del tráfico de armas. ¿De qué vale denunciar que a causa de los conflictos millones de personas sean víctimas del hambre y de la desnutrición, si no se actúa eficazmente en aras de la paz y el desarme? En cuanto a los cambios climáticos, vemos sus consecuencias todos los días. Gracias a los conocimientos científicos, sabemos cómo se han de afrontar los problemas; y la comunidad internacional ha ido elaborando también los instrumentos jurídicos necesarios, como, por ejemplo, el Acuerdo de París, del que, por desgracia, algunos se están alejando. Sin embargo, reaparece la negligencia hacia los delicados equilibrios de los ecosistemas, la presunción de manipular y controlar los recursos limitados del planeta, la avidez del beneficio. Por tanto, es necesario esforzarse en favor de un consenso concreto y práctico si se quieren evitar los efectos más trágicos, que continuarán recayendo sobre las personas más pobres e indefensas. Estamos llamados a proponer un cambio en los estilos de vida, en el uso de los recursos, en los criterios de producción, hasta en el consumo, que en lo que respecta a los alimentos, presenta un aumento de las pérdidas y el desperdicio. No podemos conformarnos con decir “otro lo hará”. Pienso que estos son los presupuestos de cualquier discurso serio sobre la seguridad alimentaria relacionada con el fenómeno de las migraciones. Está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues el presentarla como una enfermedad incurable. Las recientes previsiones formuladas por vuestros expertos contemplan un aumento de la producción global de cereales, hasta niveles que permiten dar mayor consistencia a las reservas mundiales. Este dato nos da esperanza y nos enseña que, si se trabaja prestando atención a las necesidades y al margen de las especulaciones, los resultados llegan. En efecto, los recursos alimentarios están frecuentemente expuestos a la especulación, que los mide solamente en función del beneficio económico de los grandes productores o en relación a las estimaciones de consumo, y no a las reales exigencias de las personas. De esta manera, se favorecen los conflictos y el despilfarro, y aumenta el número de los últimos de la tierra que buscan un futuro lejos de sus territorios de origen. 3.     Ante esta situación podemos y debemos cambiar el rumbo (cf. Enc. Laudato si’ , 53; 61; 163; 202). Frente al aumento de la demanda de alimentos es preciso que los frutos de la tierra estén a disposición de todos. Para algunos, bastaría con disminuir el número de las bocas que alimentar y de esta manera se resolvería el problema; pero esta es una falsa solución si se tiene en cuenta el nivel de desperdicio de comida y los modelos de consumo que malgastan tantos recursos. Reducir es fácil, compartir, en cambio, implica una conversión, y esto es exigente. Por eso, me hago a mí mismo, y también a vosotros, una pregunta: ¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia? Estas palabras expresan, efectivamente, el contenido práctico del término “humanitario”, tan usado en la actividad internacional. Amar a los hermanos, tomando la iniciativa, sin esperar a ser correspondidos, es el principio evangélico que encuentra también expresión en muchas culturas y religiones, convirtiéndose en principio de humanidad en el lenguaje de las relaciones internacionales. Es menester que la diplomacia y las instituciones multilaterales alimenten y organicen esta capacidad de amar, porque es la vía maestra que garantiza, no sólo la seguridad alimentaria, sino la seguridad humana en su aspecto global. No podemos actuar sólo si los demás lo hacen, ni limitarnos a tener piedad, porque la piedad se limita a las ayudas de emergencia, mientras que el amor inspira la justicia y es esencial para llevar a cabo un orden social justo entre realidades distintas que aspiran al encuentro recíproco. Amar significa contribuir a que cada país aumente la producción y llegue a una autosuficiencia alimentaria. Amar se traduce en pensar en nuevos modelos de desarrollo y de consumo, y en adoptar políticas que no empeoren la situación de las poblaciones menos avanzadas o su dependencia externa. Amar significa no seguir dividiendo a la familia humana entre los que gozan de lo superfluo y los que carecen de lo necesario. El compromiso de la diplomacia nos ha demostrado, también en recientes acontecimientos, que es posible detener el recurso a las armas de destrucción masiva. Todos somos conscientes de la capacidad de destrucción de tales instrumentos. Pero, ¿somos igualmente conscientes de los efectos de la pobreza y de la exclusión? ¿Cómo detener a personas dispuestas a arriesgarlo todo, a generaciones enteras que pueden desaparecer porque carecen del pan cotidiano, o son víctimas de la violencia o de los cambios climáticos? Se desplazan hacia donde ven una luz o perciben una esperanza de vida. No podrán ser detenidas por barreras físicas, económicas, legislativas, ideológicas. Sólo una aplicación coherente del principio de humanidad lo puede conseguir. En cambio, vemos que se disminuye la ayuda pública al desarrollo y se limita la actividad de las Instituciones multilaterales, mientras se recurre a acuerdos bilaterales que subordinan la cooperación al cumplimiento de agendas y alianzas particulares o, sencillamente, a una momentánea tranquilidad. Por el contrario, la gestión de la movilidad humana requiere una acción intergubernamental coordinada y sistemática de acuerdo con las normas internacionales existentes, e impregnada de amor e inteligencia. Su objetivo es un encuentro de pueblos que enriquezca a todos y genere unión y diálogo, no exclusión ni vulnerabilidad. Aquí permitidme que me una al debate sobre la vulnerabilidad, que causa división a nivel internacional cuando se habla de inmigrantes. Vulnerable es el que está en situación de inferioridad y no puede defenderse, no tiene medios, es decir sufre una exclusión. Y lo está obligado por la violencia, por las situaciones naturales o, aún peor, por la indiferencia, la intolerancia e incluso por el odio. Ante esta situación, es justo identificar las causas para actuar con la competencia necesaria. Pero no es aceptable que, para evitar el compromiso, se tienda a atrincherarse detrás de sofismas lingüísticos que no hacen honor a la diplomacia, reduciéndola del “arte de lo posible” a un ejercicio estéril para justificar los egoísmos y la inactividad. Lo deseable es que todo esto se tenga en cuenta a la hora de elaborar el Pacto mundial para una migración segura, regular y ordenada, que se está realizando actualmente en el seno de las Naciones Unidas. 4. Prestemos oído al grito de tantos hermanos nuestros marginados y excluidos: «Tengo hambre, soy extranjero, estoy desnudo, enfermo, recluido en un campo de refugiados». Es una petición de justicia, no una súplica o una llamada de emergencia. Es necesario que a todos los niveles se dialogue de manera amplia y sincera, para que se encuentren las mejores soluciones y se madure una nueva relación entre los diversos actores del escenario internacional, caracterizada por la responsabilidad recíproca, la solidaridad y la comunión. El yugo de la miseria generado por los desplazamientos muchas veces trágicos de los emigrantes puede ser eliminado mediante una prevención consistente en proyectos de desarrollo que creen trabajo y capacidad de respuesta a las crisis medioambientales. La prevención cuesta mucho menos que los efectos provocados por la degradación de las tierras o la contaminación de las aguas, flagelos que azotan las zonas neurálgicas del planeta, en donde la pobreza es la única ley, las enfermedades aumentan y la esperanza de vida disminuye. Son muchas y dignas de alabanza las iniciativas que se están poniendo en marcha. Sin embargo, no bastan, urge la necesidad de seguir impulsando nuevas acciones y financiando programas que combatan el hambre y la miseria estructural con más eficacia y esperanzas de éxito. Pero si el objetivo es el de favorecer una agricultura diversificada y productiva, que tenga en cuenta las exigencias efectivas de un país, entonces no es lícito sustraer las tierras cultivables a la población, dejando que el land grabbing (acaparamiento de tierras) siga realizando sus intereses, a veces con la complicidad de quien debería defender los intereses del pueblo. Es necesario alejar la tentación de actuar en favor de grupos reducidos de la población, como también de utilizar las ayudas externas de modo inadecuado, favoreciendo la corrupción, o la ausencia de legalidad. La Iglesia Católica, con sus instituciones, teniendo directo y concreto conocimiento de las situaciones que se deben afrontar o de las necesidades a satisfacer, quiere participar directamente en este esfuerzo en virtud de su misión, que la lleva a amar a todos y le obliga también a recordar, a cuantos tienen responsabilidad nacional o internacional, el gran deber de afrontar las necesidades de los más pobres. Deseo que cada uno descubra, en el silencio de la propia fe o de las propias convicciones, las motivaciones, los principios y las aportaciones para infundir en la FAO, y en las demás Instituciones intergubernamentales, el valor de mejorar y trabajar infatigablemente por el bien de la familia humana. Gracias.  (from Vatican Radio)...
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Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Amazonia en octubre 2019, convoca el Papa a la hora del Ángelus

Dg, 15/10/2017 - 2:16pm
Una Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica , que tendrá lugar en Roma en el mes de octubre 2019: lo anunció el Papa Francisco a la hora del Ángelus del tercer domingo de octubre, en la plaza de San Pedro. "Acogiendo el deseo de algunas Conferencias Episcopales de América Latina, además de la voz de diversos Pastores y fieles de otras partes del mundo" el Pontífice explicó que el “objetivo principal de esta convocación es individuar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios, especialmente de los indígenas , a menudo olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno, también a causa de la crisis de la foresta Amazónica, pulmón de capital importancia para nuestro planeta”. El Santo Padre encomendó a los nuevos Santos apenas canonizados en la Plaza de San Pedro, que intercedan por este especial evento para que “en el respeto de la belleza de la creación, todos los pueblos de la tierra alaben al Dios, Señor del universo, e iluminados por Él recorran caminos de justicia y de paz”. Recordamos que el 19 de enero del 2018, el Papa Francisco visitará la ciudad de Puerto Maldonado, en la Amazonia peruana. Allí, los protagonistas serán los pueblos indígenas u originarios que sostendrán un encuentro especial con él, en el Coliseo Cerrado de Madre de Dios. Antes de rezar a la Virgen, Francisco recordó asimismo la celebración, el 17 de octubre, de la  Jornada del rechazo a la Miseria.  “La miseria es una fatalidad” – dijo – señalando que tiene “causas que deben ser reconocidas y removidas, para honrar la dignidad de tantos hermanos y hermanas, siguiendo el ejemplo de los santos”. (MCM, RV) Texto y audio completo de las palabras del Pontífice: Queridos hermanos y hermanas, Al término de esta celebración, saludo cordialmente a todos ustedes, que desde varios países, han venido a honrar a los nuevos Santos. Un deferente pensamiento va en modo particular a las Delegaciones oficiales de Brasil, Francia, Italia, México, Orden de Malta y España. El ejemplo y la intercesión de estos luminosos testimonios del Evangelio nos acompañen en nuestro camino y nos ayuden a promover siempre relaciones fraternas y solidarias, por el bien de la Iglesia y de la sociedad. Acogiendo el deseo de algunas Conferencias Episcopales de América Latina, además de la voz de diversos Pastores y fieles de otras partes del mundo, he decidido convocar una Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Pan amazónica, que tendrá lugar en Roma en el mes de octubre 2019. Objetivo principal de esta convocación es individuar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios, especialmente de los indígenas, a menudo olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno, también a causa de la crisis de la foresta Amazónica, pulmón de capital importancia para nuestro planeta. Los nuevos Santos intercedan por este evento eclesial, para que, en el respeto de la belleza de la creación, todos los pueblos de la tierra alaben al Dios, Señor del universo, e iluminados por Él recorran caminos de justicia y de paz. Recuerdo también que pasado mañana se celebrará la Jornada del rechazo a la Miseria . La miseria es una fatalidad: tiene causas que deben ser reconocidas y removidas, para honrar la dignidad de tantos hermanos y hermanas, siguiendo el ejemplo de los santos. Y ahora nos dirijamos en oración a la Virgen María. Ángelus Domini… (Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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El Papa en la misa de canonizaciones: «Dios nos invita a celebrar la fiesta del amor con Él»

Dg, 15/10/2017 - 1:16pm
“El Señor nos desea, nos busca y nos invita, y no se conforma con que cumplamos bien los deberes u observemos sus leyes, sino que quiere que tengamos con él una verdadera comunión de vida", lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la misa del domingo 15 de octubre, tras canonizar a un numeroso grupo de Santos en la Plaza de San Pedro, sintetizando así el mensaje central del Evangelio de San Mateo, en la que Jesús explica a qué se parece el Reino de los Cielos , mediante la parábola del Banquete de Bodas. Mt (22,1-14). “En  esta paráblola, los invitados somos todos nosotros. Las bodas inauguran la comunión de toda la vida y ésto es lo que Dios desea realizar y celebrar con cada uno de nosotros”, explicó el Santo Padre recordando que precisamente en ésto consiste la vida cristiana: una historia de amor con Dios , donde el Señor toma la iniciativa gratuitamente y donde ninguno puede vanagloriarse de tener la invitación en exclusiva, ya que “ninguno es un privilegiado con respecto de los demás, sino que cada uno es un privilegiado ante Dios”. Haciendo referencia a este amor gratuito, tierno y privilegiado , que nos propone Dios, donde nace y renace siempre la vida cristiana, el Pontífice señaló que el Señor del amor “espera una respuesta de amor”, pero al mismo tiempo “nos deja libres” para decidir qué responderle. Y en ese sentido el Evangelio nos pone en guardia puesto que la invitación puede ser rechazada. “Muchos respondieron que no, a la invitación del banquete de bodas, porque estaban sometidos a sus propios intereses”, explicó el Obispo de Roma, indicando que actuando de esta manera, se "da la espalda al amor", no por maldad, sino porque se prefiere lo propio: las seguridades, la autoafirmación, las comodidades. “Todo depende del yo, de lo que me parece, de lo que me sirve, de lo que quiero; y se acaba siendo personas rígidas, que reaccionan de mala manera por nada, como los invitados en el Evangelio, que fueron a insultar e incluso a asesinar (cf. v. 6) a quienes llevaban la invitación, sólo porque los incomodaban". “El Evangelio nos pregunta por tanto, de qué parte estamos : ¿de la parte del yo o de la parte de Dios? Porque Dios es lo contrario al egoísmo, a la autorreferencialidad”, expresó el Papa. "Él, tal y como nos dice el Evangelio, ante los continuos rechazos que recibe, ante la cerrazón hacia sus invitados, sigue adelante, no pospone la fiesta. No se resigna, sino que sigue invitando. “Frente a los «no», no da un portazo, sino que incluye aún a más personas. Dios, frente a las injusticias sufridas, responde con un amor más grande”. Porque así actúa el amor; porque sólo así se vence el mal”, expresó el Santo Padre haciendo hincapié en que cada día este Dios, que no pierde nunca la esperanza, nos invita a obrar como él, a vivir con un amor verdadero, a superar la resignación y los caprichos de nuestro yo susceptible y perezoso. Finalmente, haciendo mención al aspecto del vestido de los invitados, Francisco sugirió que el “hábito espiritual” con el que nos presentamos a este banquete del Señor es fundamental: ya que se necesita vestir un hábito que nazca como fruto del amor vivido diariamente. “Tenemos necesidad de revestirnos cada día de su amor, de renovar cada día la elección de Dios”, añadió el Vicario de Cristo, poniendo como ejemplo a los santos recién canonizados. “Pidámos a estos santos, que por su intercesión, recibamos la gracia de elegir y llevar cada día este vestido, y de mantenerlo limpio. ¿Cómo hacerlo? Ante todo, acudiendo a recibir el perdón del Señor sin miedo: este es el paso decisivo para entrar en la sala del banquete de bodas y celebrar la fiesta del amor con él”, concluyó el Papa.  (SL-RV) Audio y texto completo de la homilía del Santo Padre La parábola que hemos escuchado nos habla del Reino de Dios como un banquete de bodas (cf. Mt 22,1-14). El protagonista es el hijo del rey, el esposo, en el que resulta fácil entrever a Jesús. En la parábola no se menciona nunca a la esposa, pero sí se habla de muchos invitados, queridos y esperados: son ellos los que llevan el vestido nupcial. Esos invitados somos nosotros, todos nosotros, porque el Señor desea «celebrar las bodas» con cada uno de nosotros. Las bodas inauguran la comunión de toda la vida: esto es lo que Dios desea realizar con cada uno de nosotros. Así pues, nuestra relación con Dios no puede ser sólo como la de los súbditos devotos con el rey, la de los siervos fieles con el amo, o la de los estudiantes diligentes con el maestro, sino, ante todo, como la relación de la esposa amada con el esposo. En otras palabras, el Señor nos desea, nos busca y nos invita, y no se conforma con que cumplamos bien los deberes u observemos sus leyes, sino que quiere que tengamos con él una verdadera comunión de vida, una relación basada en el diálogo, la confianza y el perdón. La vida cristiana es una historia de amor con Dios Esta es la vida cristiana, una historia de amor con Dios, donde el Señor toma la iniciativa gratuitamente y donde ninguno de nosotros puede vanagloriarse de tener la invitación en exclusiva; ninguno es un privilegiado con respecto de los demás, pero cada uno es un privilegiado ante Dios. De este amor gratuito, tierno y privilegiado nace y renace siempre la vida cristiana. Preguntémonos si, al menos una vez al día, manifestamos al Señor nuestro amor por él; si nos acordamos de decirle cada día, entre tantas palabras: «Te amo Señor. Tú eres mi vida». Porque, si se pierde el amor, la vida cristiana se vuelve estéril, se convierte en un cuerpo sin alma, una moral imposible, un conjunto de principios y leyes que hay que mantener sin saber porqué. En cambio, el Dios de la vida aguarda una respuesta de vida, el Señor del amor espera una respuesta de amor. En el libro del Apocalipsis, se dirige a una Iglesia con un reproche bien preciso: «Has abandonado tu amor primero» (2,4). Este es el peligro: una vida cristiana rutinaria, que se conforma con la «normalidad», sin vitalidad, sin entusiasmo, y con poca memoria. Reavivemos en cambio la memoria del amor primero: somos los amados, los invitados a las bodas, y nuestra vida es un don, porque cada día es una magnífica oportunidad para responder a la invitación. Todos somos invitados "al banquete del Señor" Pero el Evangelio nos pone en guardia: la invitación puede ser rechazada. Muchos invitados respondieron que no, porque estaban sometidos a sus propios intereses: «Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios», dice el texto (Mt 22,5). Una palabra se repite: sus; es la clave para comprender el motivo del rechazo. En realidad, los invitados no pensaban que las bodas fueran tristes o aburridas, sino que sencillamente «no hicieron caso»: estaban ocupados en sus propios intereses, preferían poseer algo en vez de implicarse, como exige el amor. Así es como se da la espalda al amor, no por maldad, sino porque se prefiere lo propio: las seguridades, la autoafirmación, las comodidades… Se prefiere apoltronarse en el sillón de las ganancias, de los placeres, de algún hobby que dé un poco de alegría, pero así se envejece rápido y mal, porque se envejece por dentro; cuando el corazón no se dilata, se cierra. Y cuando todo depende del yo ―de lo que me parece, de lo que me sirve, de lo que quiero― se acaba siendo personas rígidas y malas, se reacciona de mala manera por nada, como los invitados en el Evangelio, que fueron a insultar e incluso a asesinar (cf. v. 6) a quienes llevaban la invitación, sólo porque los incomodaban. Dios nunca pierde la esperanza de que aceptemos su invitación Entonces el Evangelio nos pregunta de qué parte estamos: ¿de la parte del yo o de la parte de Dios? Porque Dios es lo contrario al egoísmo, a la autorreferencialidad. Él –nos dice el Evangelio―, ante los continuos rechazos que recibe, ante la cerrazón hacia sus invitados, sigue adelante, no pospone la fiesta. No se resigna, sino que sigue invitando. Frente a los «no», no da un portazo, sino que incluye aún a más personas. Dios, frente a las injusticias sufridas, responde con un amor más grande. Nosotros, cuando nos sentimos heridos por agravios y rechazos, a menudo nutrimos disgusto y rencor. Dios, en cambio, mientras sufre por nuestros «no», sigue animando, sigue adelante disponiendo el bien, incluso para quien hace el mal. Porque así actúa el amor; porque sólo así se vence el mal. Hoy este Dios, que no pierde nunca la esperanza, nos invita a obrar como él, a vivir con un amor verdadero, a superar la resignación y los caprichos de nuestro yo susceptible y perezoso. El Evangelio subraya un último aspecto: el vestido de los invitados, que es indispensable. En efecto, no basta con responder una vez a la invitación, decir «sí» y ya está, sino que se necesita vestir un hábito, se necesita el hábito de vivir el amor cada día. Porque no se puede decir «Señor, Señor» y no vivir y poner en práctica la voluntad de Dios (cf. Mt 7,21). Tenemos necesidad de revestirnos cada día de su amor, de renovar cada día la elección de Dios. Los santos hoy canonizados, y sobre todo los mártires, nos señalan este camino. Ellos no han dicho «sí» al amor con palabras y por un poco de tiempo, sino con la vida y hasta el final. Su vestido cotidiano ha sido el amor de Jesús, ese amor de locura con que nos ha amado hasta el extremo, que ha dado su perdón y sus vestiduras a quien lo estaba crucificando. También nosotros hemos recibido en el Bautismo una vestidura blanca, el vestido nupcial para Dios. Pidámosle, por intercesión de estos santos hermanos y hermanas nuestros, la gracia de elegir y llevar cada día este vestido, y de mantenerlo limpio. ¿Cómo hacerlo? Ante todo, acudiendo a recibir el perdón del Señor sin miedo: este es el paso decisivo para entrar en la sala del banquete de bodas y celebrar la fiesta del amor con él. (from Vatican Radio)...
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El Papa reza por el sacerdote italiano secuestrado en Nigeria

Ds, 14/10/2017 - 7:55pm
Un sacerdote misionero de la diócesis de Roma, don Maurizio Pallù, vinculado al Camino Neocatecumenal que habitaba desde hace tres años en Nigeria, ha sido secuestrado por un grupo de hombres armados mientras se dirigía junto a otras cuatro personas a la Benin City, en el sur del país. Los secuestradores habrían secuestrado al sacerdote después de haber robado al grupo, razón por la cual se piensa que se trate de la acción de una banda de delincuentes comunes listos para pedir el rescate. Sobre lo acaecido está trabajando la Unidad de Crisis de la Farnesina, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Italiana. Por su parte, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Greg Burke ha escrito en su cuenta twitter que “el Papa Francisco ha sido informado acerca del sacerdote italiano secuestrado en Nigeria, don Maurizio Pallù y está rezando por él”. Originario de Florencia, el sacerdote secuestrado, de 63 años, entró en el seminario Redemptoris Mater de Roma en 1988, después de haber transcurrido 11 años como misionero laico en diversos países del mundo. Obra en dos parroquias romanas y sucesivamente, es enviado a Holanda, donde es párroco de la diócesis de Haarlem. Vuelve a partir hacia África para trabajar en la arquidiócesis de Abuya, en Nigeria. Es un “presbítero itinerante” de la Fundación Familia de Nazaret. El Estado de Edo, del cual Benin City es la capital y en el cual don Maurizio estuvo hasta ahora empeñado, es un área del alto riesgo de secuestros. De hecho, el 27 de septiembre pasado, fue secuestrado también don Lawrence Adoroli, párroco de la Iglesia de San Benito de Okpella. Mons. Gabriel Dunia, obispo de Auchi, condenando ante la Agencia Fides el rapto como acto abominable, reveló que los secuestradores pidieron un rescate a la Iglesia. Pero, “la Iglesia no paga rescates”  respondió el Obispo, confirmando la línea adoptada desde hace tiempo por la Conferencia Episcopal nigeriana de rechazar toda petición de rescate parte de secuestradores de sacerdotes y religiosos. No se trata de actos vinculados al odio religioso, sino que son llevados a cabo a menudo por grupos de criminales comunes que apuntan al dinero. (MCM-RV) (from Vatican Radio)...
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Caridad que dura por siglos, el Papa recibe a la Familia Vicentina

Ds, 14/10/2017 - 4:11pm
El sábado 14 de octubre el Papa Francisco recibió a más de 10 mil miembros de la Familia Vicentina en una audiencia con motivo del Año Jubilar convocado por los Vicentinos por los 400 de fundación. En el marco de este momento de encuentro, testimonio, música y oración, el Papa rezó ante el corazón de San Vicente, reliquia especialmente traída a Roma para esta ocasión desde París, asimismo se lanzó la Alianza Global por los Sin Techo. El Santo Padre empezó saludando afectuosamente a estos hermanos, recordando que están en movimiento por los caminos del mundo, como San Vicente les pediría también hoy. “San Vicente ha generado un impulso de caridad que dura por los siglos”, les dijo, alentándolos a seguir este camino reflexionando sobre tres verbos “importantes para el espíritu vicentino, pero también para la vida cristiana en general: adorar, acoger, ir”. Adorar. Son numerosas las invitaciones de San Vicente a cultivar la vida interior y a dedicarse a la oración que purifica y abre el corazón. Para él la oración es esencial. Es la brújula de cada día, es como un manual de vida, es – escribía – el «gran libro del predicador»: solamente rezando se obtiene de Dios el amor para derramar sobre el mundo; solamente rezando se tocan los corazones de la gente cuando se anuncia el Evangelio (cfr Carta a A. Durand, 1658). Para San Vicente, notó el Papa, la oración no es solamente un deber y mucho menos un conjunto de fórmulas. La oración es detenerse ante Dios para estar con Él, para dedicarse simplemente a Él… Ésta es la oración más pura, aquella que hace espacio al Señor y a su alabanza, y a nada más: la adoración. Quien adora, quien frecuenta la fuente viva del amor no puede más que quedarse, por decir, “contaminado”. Y comienza a comportarse con los demás como el Señor hace con él: se vuelve más misericordioso, más comprensivo, más disponible, supera las propias rigideces y se abre a los demás. Llegamos al segundo verbo: acoger. Cuando escuchamos esta palabra, viene de inmediato a la mente algo por hacer. Pero en realidad acoger es una disposición más profunda: no pide solamente hacer lugar para alguien, sino ser personas acogedoras, disponibles, acostumbradas a darse a los demás. Como Dios por nosotros, así nosotros por los otros. Acoger significa redimensionar el propio yo, enderezar la manera de pensar, comprender que la vida no es mi propiedad privada y que el tiempo no me pertenece. Es un lento despegarse de todo aquello que es mío: mi tiempo, mi descanso, mis derechos, mis programas, mi agenda. Quien acoge renuncia al yo y hace entrar en la vida el tú y el nosotros. El ultimo verbo: ir. El amor es dinámico, sale de sí. Quien ama no está sentado mirando, esperando la llegada de un mundo mejor, sino que con entusiasmo y sencillez se levanta y va. San Vicente lo dijo bien: «Nuestra vocación es ir, no a una parroquia y ni siquiera a una diócesis, sino por toda la tierra. ¿Y a hacer qué ?  A encender el corazón de los hombres, haciendo aquello que hizo el Hijo de Dios, que ha venido a traer el fuego al mundo para inflamarlo de su amor» (Conferencia del 30 de mayo 1659). Esta vocación es siempre válida para todos. Coloca a cada uno interrogantes : “¿Voy al encuentro de los otros, como quiere el Señor? ¿Llevo a donde voy este fuego de la caridad o me quedo encerrado a calentarme frente a mi chimenea?”. A la familia vicentina Francisco deseó “no detenerse, sino continuar tomando cada día de la adoración, el amor de Dios y a difundirlo por el mundo a través del buen contagio de la caridad, de la disponibilidad, y de la concordia”.         (from Vatican Radio)...
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El Papa: “Con su oración y compromiso personal colaboran con la misión del Sucesor de Pedro”

Ds, 14/10/2017 - 2:18pm
(RV).- “Los desafíos de nuestro tiempo requieren la colaboración de todos los hombres de buena voluntad y, en particular, la oración y el sacrificio. Los invito, pues, a mantener su promesa de formar parte, con la oración y el compromiso personal, en los múltiples esfuerzos del Papa en favor de la paz”, lo dijo el Papa Francisco a los miembros de la Liga de Oración del Beato Carlos de Austria, Emperador y Rey, para la paz entre las Naciones, a quienes recibió en audiencia, la mañana del segundo sábado de octubre, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico. En su discurso, el Santo Padre saludó y agradeció a todos los miembros de la Liga de Oración que se han reunido en Roma para su asamblea anual. “Su asamblea anual en Roma – precisó el Pontífice – se coloca en el contexto del centenario de la iniciativa de paz emprendida por el Papa Benedicto XV y, entre los responsables políticos, apoyada únicamente por el Beato Carlos de Austria con el fuerte deseo de poner fin a la tragedia de la Primera Guerra Mundial”. Los tres objetivos de la Liga de Oración El Obispo de Roma recordó los tres objetivos de la Liga de Oración y como estos, han sido el motivo recurrente en la vida del Beato Carlos de Austria. “Los tres objetivos de la Liga de Oración subrayado por su Presidente – buscar y observar la voluntad de Dios, empeñarse en favor de la paz y de la justicia, terminar con la injusticia de la historia – han sido, por así decir, señaló el Papa, el motivo recurrente en la vida del Beato Emperador Carlos como gobernante, como esposo y padre de familia y como hijo de la Iglesia. Entregándose a la voluntad de Dios – puntualizó el Pontífice – él aceptó el sufrimiento y ofreció su propia vida en sacrificio por la paz, sostenido siempre por el amor y la fe de su esposa, la sierva de Dios Zita”. La oración de los fieles y la misión del Papa Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco señaló que los desafíos del mundo de hoy necesitan de la colaboración de todos los hombres de buena voluntad, la oración y el sacrificio. “Los desafíos de nuestro tiempo requieren la colaboración de todos los hombres de buena voluntad y, en particular, la oración y el sacrificio. Por ello alentó el Papa, los invito, pues, a mantener su promesa de formar parte, con la oración y el compromiso personal, en los múltiples esfuerzos del Papa en favor de la paz. Sin la ayuda de la oración de los fieles, el Sucesor de Pedro no puede realizar su misión en el mundo”. Cuento también con ustedes, alentó el Papa Francisco a los miembros de la Liga de Oración y los encomiendo a la materna protección de María Santísima y a la intercesión del Beato Emperador Carlos, y de corazón imparto la Bendición Apostólica a ustedes y a sus seres queridos. (Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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Solidaridad del Papa por las víctimas de los incendios en California

Dv, 13/10/2017 - 8:59pm
(RV).- El Papa Francisco, informado de la trágica pérdida de vidas y de la destrucción de bienes causada por el incendio forestal en California (EE.UU.), expresa su solidaridad y sus oraciones a todos los afectados por este desastre. En un telegrama enviado por el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, en nombre del Santo Padre a  Mons. Salvatore Joseph Cordileone, Arzobispo de San Francisco, y a Mons. José Horacio Gómez, Arzobispo de Los Ángeles, el Santo Padre asegura sus oraciones a todos los afectados por los incendios. Asimismo, el Pontífice recuerda especialmente a todos aquellos que lloran la pérdida de sus seres queridos y que temen por las vidas de los desaparecidos. Además, su Santidad alienta a las autoridades civiles y al personal de emergencia en la asistencia a las víctimas de esta tragedia y envía a todos su bendición apostólica. Los incendios están afectando California desde el domingo pasado y han causado hasta ahora más de 31 víctimas y son centenares los desaparecidos. Miles de personas han sido evacuadas de sus casas, se han perdido 76 mil hectáreas de vegetación: en las labores por sofocar los incendios están comprometidas más de 8 mil personas, pero las adversas condiciones meteorológicas no han sido de gran ayuda en estas labores. (Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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El Papa: “Que el deporte sea ocasión de inclusión y de esperanza”

Dv, 13/10/2017 - 8:49pm
(RV).- “El deporte siempre tiene grandes historias que contar sobre personas que, han salido de situaciones de marginalidad y pobreza… Estas historias nos muestran cómo la determinación y el carácter de algunos pueden ser un motivo de inspiración y aliento para tantas personas en todos los aspectos de sus vidas”, lo dijo el Papa Francisco a los atletas de la Special Olympics participantes en el trofeo “Unified Football”, a quienes recibió en audiencia la mañana de este viernes, 13 de octubre, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico. En su discurso, el Santo Padre resaltó la participación de los atletas en esta competición y los alentó diciendo que, “ellos son el símbolo de un deporte que abre los ojos y el corazón al valor y a la dignidad de individuos y personas que de otro modo serían objeto de prejuicios y exclusión”. En estos días, señaló el Pontífice, tendrán la oportunidad de reafirmar la importancia del deporte unificado, a través del cual los atletas con y sin discapacidad intelectual juegan juntos. “Esta bella actividad – subrayó el Papa – que llevan a cabo con esfuerzo y convicción, nutre la esperanza de un futuro positivo y fructífero del deporte, porque lo convierte en una verdadera oportunidad de inclusión e implicación”. No se cansen de mostrar al mundo del deporte, afirmó el Santo Padre, su compromiso compartido de construir sociedades más fraternales en las que las personas puedan crecer y desarrollarse y realizar plenamente sus capacidades. “En este sentido – agregó – el deporte es uno de esos lenguajes universales que superan las diferencias culturales, sociales, religiosas y físicas, y logran unir a las personas, haciéndolas parte del mismo juego y protagonistas juntos de victorias y derrotas”. La Iglesia, por su parte, afirma el Papa Francisco, no deja de apoyar y fomentar aquellas iniciativas, vinculadas al mundo del deporte, que favorecen el bien de las personas y las comunidades. “De hecho – precisó el Pontífice – el deporte siempre tiene grandes historias que contar sobre personas que, gracias a él, han salido de situaciones de marginalidad y pobreza, de heridas e infortunios. Estas historias nos muestran cómo la determinación y el carácter de algunos pueden ser un motivo de inspiración y aliento para tantas personas en todos los aspectos de sus vidas”. Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco alentó a los atletas deseándoles que pasen estos días con alegría y serenidad. “Cultiven, junto con la diversión, la amistad y la solidaridad. Mientras les pido que recen por mí, invoco la bendición del Señor sobre ustedes, sobre sus familias y sobre aquellos que los apoyan en su actividad deportiva”. (Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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El Papa Francisco recibió al Primer Ministro de Líbano

Dv, 13/10/2017 - 8:37pm
(RV).- El Papa Francisco recibió en audiencia la mañana del viernes, 13 de octubre, al Sr. Saad Rafic Hariri, Presidente del Consejo de Ministros de Líbano, que sucesivamente encontró al Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, a quien acompañaba Mons. Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados. Las conversaciones, que tuvieron lugar en un clima de gran cordialidad, han permitido el examen de diversos aspectos de la situación en  Líbano y de los últimos acontecimientos en Oriente Medio. Se han expresado, pues, satisfacción por el fortalecimiento de la estabilidad del país, y el deseo de que haya una colaboración cada vez más fructífera entre las diversas fuerzas políticas en favor del bien común de toda la Nación. Así mismo, se ha reafirmado el aprecio por la acogida que presta Líbano a numerosos refugiados y se ha abordado la necesidad de encontrar una solución justa y global a los conflictos que afectan a esa región. Se ha destacado, además,  la importancia del diálogo intercultural e interreligioso, así como el valor de la colaboración entre cristianos y musulmanes para promover la paz y la justicia, constatando el papel histórico e institucional de la Iglesia en la vida del país y la importancia de la presencia cristiana en Oriente Medio. (Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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El Papa: “Este Instituto está llamado a hacer conocer los tesoros de las ricas tradiciones Orientales”

Dj, 12/10/2017 - 3:02pm
(RV).- “Manteniendo intacta la atención y la aplicación en la investigación tradicional, invito a todos a ofrecer a esas Iglesias (Orientales) y a la entera comunidad eclesial la capacidad de escucha de la vida y de reflexión teológica para ayudar a sostener la existencia y el camino”, lo escribe el Papa Francisco en su Mensaje dirigido al Cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales y Gran Canciller del Pontificio Instituto Oriental con ocasión del Centenario de Fundación de dicho Dicasterio, instituido por el Papa Benedicto XV, con el Motu proprio Dei Providentis , del 1 de mayo de 1917 y de la Fundación del mencionado Instituto pocos meses después. Inicios del Pontificio Instituto Oriental El Santo Padre, recordando la extraordinaria riqueza de las Iglesias Orientales, resaltó la importancia de la fundación del Pontificio Instituto Oriental, acaecida en Roma el 15 de octubre de 1917, después de la “apertura al Oriente” iniciada con el Congreso Eucarístico de Jerusalén en 1893. “El deseo de crear un centro de estudios, que habría debido ser – resalta el Pontífice – una idónea sede de estudios superiores sobre las cuestiones orientales, destinada a formar también a los sacerdotes Latinos que quisieran ejercitar el sagrado ministerio ante los Orientales”. Desde el inicio, subraya el Papa, se quería que este centro de estudios fuese abierto también a los Orientales, sea uniatas, sea ortodoxos, de tal modo que procediera contemporáneamente e de igual medida, la exposición de la doctrina católica y aquella ortodoxa; con esta puntualización se colocaba esta Institución en un horizonte eminentemente ecuménico. Mirada a la Historia Con el pasar de los años, el Pontificio Instituto Oriental fue encomendado en 1922, a la Compañía de Jesús (Cart.  Decessor Noster , 14 septiembre 1922: AAS 14 [1922], 545-546), y sucesivamente, en 1926, se le asignó una sede propia, en las inmediaciones de la Basílica de Santa María La Mayor. Con la Encíclica Rerum Orientalium , de 1928 y el Motu proprio Quod maxime , del mismo año, el Papa invitaba a los Obispos a enviar estudiantes al Instituto con el fin de garantizar la presencia de docentes en los respectivos seminarios; asimismo, se asociaban a la Universidad Gregoriana, el Instituto Bíblico y Oriental. Sucesivamente, el Papa Pio XI, fundó el 15 de agosto de 1929, el Pontificio Colegio Russicum , cuya dirección también era confiada a la Compañía de Jesús. Desde entonces, la mayor novedad – resalta el Papa Francisco – ha sido la fundación, en 1971, de la Facultad de Derecho Canónico Oriental, hasta hoy, única en su género, estudios que se sumaban a la Facultad de Ciencias Eclesiásticas Orientales estructurada en tres secciones: teológico-patrístico, litúrgico e histórico. Otra importante novedad – nota el Pontífice – fue la transferencia, en 1993, del título de Gran Canciller de dicho Instituto del Prefecto de la Congregación de educación Católica al Prefecto para las Iglesias Orientales. Misión del Instituto Oriental La mirada a la historia nos conduce a interrogarnos – afirma el Santo Padre – acerca de la misión que deberá realizar este Instituto en el futuro. “Si al inicio se advirtió una especie de conflicto entre estudio y pastoral – puntualiza el Papa – hoy debemos reconocer que tal antinomia no existe”. Por lo tanto, alienta el Pontífice, invito a los docentes a poner en primer lugar de sus labores la investigación científica, bajo el ejemplo de sus predecesores que se han distinguido en la producción de prestigiosos aportes, de monografías eruditas, de diligentes ediciones de las fuentes litúrgicas, espirituales, arqueológicas y canónicas, incluso de audaces obras colectivas, tales como las publicaciones de las Actas del Concilium Florentinum  y la edición crítica de las Anaphorae Syriacae . Desafíos para hoy De otra parte, el Papa Francisco señala que, los tiempos en los cuales vivimos y los desafíos que la guerra y el odio traen a las raíces mismas de la pacífica convivencia en la lacerada tierra de Oriente, ven en el Instituto todavía una vez más, justamente como hace cien años, al centro de un punto de encuentro providencial. “Este Instituto, gracias a la investigación, a la enseñanza y al testimonio – puntualiza el Papa – tiene la tarea de ayudar a estos nuestros hermanos y hermanas a reforzar y consolidar la propia fe ante los enormes desafíos que deben afrontar”. El Instituto, agrega, está llamado a ser el lugar propicio para favorecer la formación de hombres y mujeres, seminaristas, sacerdotes y laicos, en grado de dar razones de la esperanza que los anima y los sostiene y capaces de colaborar con la misión reconciliadora de Cristo. De otra parte, continúa el Santo Padre, la tarea del Instituto es también hacer conocer los tesoros de las ricas tradiciones de las Iglesias Orientales al mundo occidental, de tal modo que estas sean comprensibles y puedan ser asimiladas. Ante la caída de los regímenes totalitaristas y dictaduras, los cristianos de las iglesias Orientales – subraya el Papa – están experimentando el drama de las persecuciones y de una diáspora siempre más preocupante. En este sentido, “el Instituto Oriental está llamado a ponerse a la escucha orante, para percibir que cosa quiere el Señor en este preciso momento y, en coherencia con el Magis ignaciano, buscar nuevas vías por recorrer”. La Compañía de Jesús y el Instituto Oriental Antes de concluir su Mensaje, el Papa Francisco se dirigió a la Compañía de Jesús para invitarlos a “actuar, con las debidas exigencias de hoy, cuanto ya en 1928 Pio XI prescribía acerca del Consorcio Gregoriano, destinado a favorecer, junto a un notable ahorro de hombres y medios, una mayor unidad de iniciativas”. Es por ello, precisa el Pontífice, necesario garantizar a esta Institución un núcleo estable de formadores Jesuitas, a los cuales otros podrán honorablemente unirse. Finalmente, el Santo Padre desea que el Instituto Oriental prosiga con renovado impulso su propia misión, estudiando y difundiendo con amor y honestidad intelectual, con rigor científico y perspectiva pastoral las tradiciones de las Iglesias Orientales en su variedad litúrgica, teológica, artística y canonista, respondiendo siempre mejor a las expectativas del mundo de hoy para crear un futuro de reconciliación y de paz. (Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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Homilía del Papa: llamar al corazón de Dios con la oración

Dj, 12/10/2017 - 1:44pm
(RV).- Tras haber visitado, el segundo jueves de octubre, la sede del Pontificio Instituto Oriental de Roma, para saludar a los Superiores de la Congregación para las Iglesias Orientales, a los Patriarcas y a los Arzobispos Mayores; y tras encontrarse con los benefactores y con la Comunidad de los Jesuitas, el Papa Francisco presidió, a las 10.15, en la Basílica de Santa María La Mayor, una Concelebración Eucarística por el Centenario de la Congregación para las Iglesias Orientales, que fue instituida por el Papa Benedicto XV con el Motu Proprio Dei Providentis del 1º de mayo de 1917. En su homilía, el Papa comenzó dando gracias al Señor por la fundación de esta Congregación junto al Pontificio Instituto Oriental, hace exactamente un siglo. Y recordó que en aquel entonces arreciaba la Primera Guerra Mundial; mientras hoy – como ya lo dijo en diversas ocasiones  – “vivimos otra guerra mundial, si bien a pedazos”. Por esta razón Francisco afirmó: “Y vemos a tantos de nuestros hermanos y hermanas cristianos de las Iglesias orientales que sufren persecuciones dramáticas y una diáspora cada vez más inquietante. Esto hace que surja tantas preguntas, tantos ‘por qué’, que se asemejan a los de la Primera Lectura del día, tomada del libro de Malaquías (3,13-20 a)”. Tras recordar que en aquel episodio el Señor se lamenta con su gente diciendo que son duros los razonamientos que hacen contra Él, el Santo Padre agregó:   “Cuántas veces también nosotros hacemos esta experiencia, y cuántas veces la escuchamos en las confidencias y en las confesiones de las personas que nos abren su corazón. Vemos a los malvados, aquellos que, sin escrúpulos, hacen sus propios intereses, aplastando a los demás, y parece que a ellos las cosas les van bien: obtienen lo que quieren y piensan sólo en disfrutar la vida...”. De todos estos “¿por qué?”, que también aparecen en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma dijo que a ellos responde la misma Palabra de Dios en el pasaje del profeta en el que se lee que el Señor los escuchó. De manera que Dios no se olvida de sus hijos, puesto que su memoria es para los justos, para quienes sufren, están oprimidos y se preguntan “¿por qué?”. Y sin embargo, añadió, “no cesan de confiar en el Señor”. “Cuántas veces la Virgen María, en su camino, se ha preguntado ‘¿por qué?’ ; pero en su corazón, en el que meditaba  cada cosa, la gracia de Dios hacía resplandecer la fe y la esperanza”. El Papa Bergoglio reafirmó que cuando se reza se necesita el coraje de la fe; es decir, tener confianza en que el Señor nos escucha. Tener el valor de llamar a su puerta, tal como el mismo Señor lo dice: “el que quiere recibe, el que busca encuentra y al que llama se le abrirá”. (v. 10). “Pero nuestra oración ¿es verdaderamente así? ¿Nos implica verdaderamente, implica nuestro corazón y nuestra vida? ¿Sabemos llamar al corazón de Dios?”. “El hombre – dijo el Papa Francisco hacia el final de su reflexión – llama con la oración a la puerta de Dios para pedir la gracia. Y Él, que es Padre, me da eso y más: el don, el Espíritu Santo”. Y concluyó su homilía invitando a aprender a llamar al corazón de Dios. Y a hacerlo con coraje, con una oración valerosa que inspire y alimente también su servicio en la Iglesia, a fin de que su empeño dé frutos a su tiempo y lleguen a ser como los árboles, cuyas hojas no se marchitan (Cfr. Sal 1, 3). (María Fernanda Bernasconi - RV). (from Vatican Radio)...
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Semejanzas entre San Juan XXIII y el Papa Francisco por Carlos María Galli

Dc, 11/10/2017 - 9:39pm
El 11 de octubre la Iglesia Católica celebra la Fiesta Litúrgica de San Juan XXIII, canonizado por el Papa Francisco el 27 de abril de 2014. El padre Carlos María Galli, Decano de teología de la Universidad Católica Argentina, en Buenos Aires, explica en una entrevista para Radio Vaticana, las  semejanzas existentes entre San Juan XXIII y Papa Francisco .        (from Vatican Radio)...
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