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Mons. Elkin Fernández Botero: "el Papa viene a hacer una visita personal a cada uno"

Ds, 09/09/2017 - 4:26pm
De nuestra enviada especial a Colombia, Griselda Mutual (RV).- El Papa Francisco encontrará en Medellín una realidad que ha sufrido muchos cambios desde la última visita de un Sucesor de Pedro en el año 1986, hace 31 años atrás. Una ciudad que ha crecido y se ha modernizado en muchos aspectos, pero que aún continúa con realidades sociales preocupantes, motivadas muchas de ellas por la pobreza,  pero también por la violencia y zozobra social que le ha tocado vivir. Y a pesar de que la realidad del mundo ha cambiado, y Medellín no ha sido ajena a ese cambio, la ciudad antioqueña no ha perdido su identidad de ser un “semillero de vocaciones”. En entrevista con este medio, Monseñor Elkin Fernández Botero, Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia, destaca el impulso del camino de renovación – eclesial y nacional – por parte del Obispo de Roma a la Iglesia antioqueña y en ella a toda Colombia: “Él viene a repetirnos las palabras de Jesús y a enseñarnos el camino del Evangelio. Pero este camino nos tiene que dejar condiciones de vida mucho más felices y llenas de oportunidades para todos.” “Colombia ha atravesado décadas de violencia y de odio entre hermanos, y la palabra del Evangelio que el Papa nos transmitirá nos debe señalar horizontes para una Colombia mucho más unida y reconciliada, que aprenda a trabajar por el bien de todos, en donde nos podamos respetar y hablar los unos a los otros, para que creemos juntos un país con condiciones de desarrollo integral. Reitero, para los católicos el compromiso nace del Evangelio y en los labios del Papa ese Evangelio se hace concreto para el hoy de Colombia. Y para todas las personas de buena voluntad que reciben al Papa con admiración, podrán también recibir en sus corazones el mensaje del Santo padre”, expresa. Contextualizando la visita: el Papa va a Colombia a hablar de Paz Monseñor la visita del Papa es prevalentemente pastoral pero muchos están hablando de los aspectos políticos de la visita. ¿Qué piensa de esto? Contextualizando la visita del Santo Padre como un don de Dios como un regalo que viene en el orden de la gracia. Indudablemente las consecuencias son a todo nivel social y esperamos que esa repercusión se dé. No quisiéramos que se tomara la visita del Papa simplemente como la de un jefe de Estado que apoya un proyecto político. La misión del Papa va mucho más allá, pero indudablemente como nos han señalado algunos medios de Colombia, él viene a hablarnos de paz y nos viene hablar de paz como nos la enseñó Jesús, desde el Evangelio, y viene a mostrarnos esos caminos que el Señor nos ha mostrado para que tengamos precisamente una comunidad y una sociedad donde todos podamos vivir reconciliados. La novedad del encuentro: las vocaciones en  las familias En Medellín el Santo Padre encontrará a los sacerdotes, religiosas, religiosos, seminaristas y también a sus familias. ¿Cuál es el mensaje que ellos necesitan en este momento? Quisiera destacar en primer lugar la novedad de este encuentro: el Papa se ha encontrado con religiosos, consagrados, seminaristas, con el mundo de la vocación específica  de un servicio en la Iglesia en muchas ocasiones, pero aquí también lo quiere hacer en el marco de la familia  - y me parece que esto manda un mensaje muy claro - es que el cultivo de las vocaciones a la vida  sacerdotal y a la vida religiosa comienzan dentro de los hogares. Es allí el terreno privilegiado para que los jóvenes puedan escuchar el llamado de Dios a un servicio especial dentro de la vida de la iglesia.  Esto también significa para el mundo vocacional. De esta manera en Colombia entera, una oportunidad de renovación, para revisar bajo la palabra y con la ayuda del Papa, nuestra consagración; es decir en cómo nosotros reflejamos a Cristo Buen Pastor, Pastor cercano que cuida de las ovejas, también de las que están enfermas y descarriladas. Creo que uno de los mensajes del Papa que caló mucho en todo el mundo, desde el principio, es que los que tenemos esta misión en la vida de la Iglesia tenemos que oler a oveja, y eso a nosotros nos ha de mover a un mejor servicio, más generoso, mas pastoral: en una palabra más santos. El Papa nos ayudará bastante en esto. La paz en marcha Volviendo al tema de la paz, de la consolidación de la paz, estamos en plena implementación de los acuerdos firmados en modo definitivo en noviembre de 2016. Según usted ¿cuáles son los próximos pasos necesarios para la consolidación de esa paz, y en qué piensa que ayudara el Papa Francisco? Yo quisiera anotar que la firma de los acuerdos con la guerrilla de las FARC son el resultado de años de negociaciones y de búsquedas para poder establecer un cese al conflicto con esta guerrilla. Pero, sin embargo, nosotros tenemos que comprender que la construcción de la paz en Colombia va mucho más allá y esto tiene que ser una realidad muy consciente para todos los colombianos. La Conferencia Episcopal ha señalado también que en Colombia las raíces de la violencia son realidades más amplias y tenemos que acabar con lo que genera violencia, y que está en las familias, en las relaciones sociales, en la educación, en los procesos de transparencia, y en todo lo que tiene que ver con el manejo de los dineros públicos. Cuando estas realidades no se gestionan con honestidad y claridad, aparecen nuevos gérmenes de violencia. Por lo tanto, el cultivo de la Paz va mucho más allá y es necesario tenerlo presente. Creo que el Papa nos señalará esos caminos para erradicar las raíces de la violencia y lo hace desde la rica experiencia del Evangelio, desde la paz que Cristo nos quiere dejar. Indudablemente la visita del Papa en un momento así de la vida del país nos será muy provechosa y nos llena de esperanza. Él es la presencia de Cristo que viene como se presentó a los apóstoles a decirnos:  «Mi paz les, dejo mi paz les doy». Nosotros recibimos con este espíritu la visita del Papa y esperamos que produzca una corriente de perdón y de reconciliación que beneficie y ayude a todos los colombianos. La importancia de comunicar bien Un mensaje a los medios de comunicación que serán protagonistas en este viaje del Papa, acerca de la importancia de comunicar bien... Hay dos o tres pequeñas anotaciones. El Papa viene a todo el país, se han escogido cuatro ciudades por facilidades para la concentración de la gente, por temas climáticos y también teniendo en cuenta que no se pueden hacer grandes trayectos en un solo día. Son cuatro ciudades que recogen todo el país, es decir, el Papa viene a encontrarse con todo el país: con la iglesia católica, con las personas de buena voluntad. Con todos en términos generales. Y no podemos dejar prevalecer en esto regionalismos , y debemos todos acoger esta visita como una visita personal que viene a hacer a cada uno . En segundo lugar quisiera a través de este medio que se pueda visibilizar la visita a Colombia a nivel internacional también pensando en toda Latinoamérica: de alguna manera Colombia ha representado el eje de muchas reflexiones que alcanzan a toda Latinoamérica a nivel eclesial, y creo que la visita del Papa también encontrará eco en los procesos de nueva evangelización del continente americano y  en una corriente que pueda llegar a todas las comunidades eclesiales de América latina. (GM – RV) (from Vatican Radio)...
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San Pedro Claver, el Amor y el ejercicio de los Derechos Humanos.

Ds, 09/09/2017 - 2:14pm
(RV).- Con motivo de la visita del Santo Padre al Monasterio de San Pedro Claver en Cartagena de Indias durante su viaje a Colombia, celebramos la memoria litúrgica del santo español, que la Iglesia conmemora el día 9 de septiembre. Nacido cerca de Barcelona, entró muy joven en el colegio de los jesuitas. En la universidad dirigida por éstos en la capital catalana, termina sus estudios de humanismo, pronunciando sus primeros votos en 1604. Entre 1605 y 1608, estudia filosofía en Palma de Mallorca,  donde conoce a Alfonso Rodríguez, un mercader segoviano, que habiendo perdido a toda su familia, se dedica con toda humildad a servir de “demandadero” en el colegio de los jesuitas. Con el tiempo, su pequeña portería, se convierte en otra “aula” más del centro  y él en un maestro de espiritualidad, consultado por muchos y sobre todo por un joven alumno: Pedro Claver, que sale de esta portería, orientado.   Inicia los estudios de teología en Barcelona, y los completa en Cartagena de Indias, en Colombia, dónde es ordenado sacerdote en 1616. Aquí desembarcan miles de esclavos africanos, casi todos jóvenes; pero envejecen y mueren demasiado rápido por la fatiga y los malos tratos, y por el abandono cuando no sirven más. Para atender esta periferia de la humanidad, la Compañía de Jesús envía a sus misioneros . Uniéndose a ellos, Pedro Claver experimenta el mundo del sufrimiento y de la desesperación. Discierne la voluntad de Dios, que el portero de Mallorca le había enseñado a buscar: Dios quiere que sirva a los esclavos, con todas sus fuerzas, todos los días de su vida. Papa Francisco hablaba así sobre San Pedro Claver en su misa matutina de Santa marta el 9 de septiembre de 2016: “Hoy , es la memoria de San Pedro Claver, un misionero que marchó a tierras lejanas a anunciar el Evangelio. Tal vez pensaba que su futuro era predicar. En su futuro el Señor le pidió estar cerca, junto a los descartados de ese tiempo, los esclavos, los negros que llegaban allí desde Africa para ser vendidos. Pero no salió a dar un paseo diciendo que evangelizaba, no redujo la evangelización a un funcionalismo y tampoco a un proselitismo. Anunció a Jesuscristo con los gestos, hablando a los esclavos, viviendo con ellos, viviendo como ellos”. El Padre Pedro se esfuerza por despertar en cada uno el sentido de la dignidad, sin el cual no podría hablarles de Dios y de su amor . Se hace entender con su modo de vivir, que es el mismo de los esclavos más desafortunados; basta mirarlo, para sentir confianza, creer en él, tener fe en su persona. Tiene el don de la lectura de las almas. Sólo con mirarlo, se comprende y se comparte la devoción que predica por Cristo sufriente. Enferma, tal vez de peste. Sobrevive pero no le quedan fuerzas, dejándose de la misma manera que lo hacían los viejos esclavos. Se entrega a la Voluntad de Dios en las más difíciles condiciones. Muere a los 74 años y es canonizado en 1888 junto con Alfonso Rodríguez, el hermano demandadero de Mallorca.   San Pedro Claver es un modelo de entrega cristiana, del amor y del ejercicio de los derechos humanos, de los que se le declaró «defensor» en 1985 . ​ Se le honra como patrono  de los esclavos, y desde 1896 como patrono de las misiones entre los africanos. Se le considera un ejemplo heroico de lo que debe ser el amor por los más pobres y marginados. “ Pedro Claver es el santo que más me ha impresionado después de la vida de Cristo ”, dijo León XIII, con ocasión de la canonización del santo catalán. (Isabel Cantos para Radio Vaticana) (from Vatican Radio)...
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El Papa: “Colombia, abre tu corazón y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia”

Ds, 09/09/2017 - 1:31am
Gran Encuentro de oración por la Reconciliación Nacional (RV).- “Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias”, lo dijo el Papa Francisco a los participantes en el Gran Encuentro de oración por la Reconciliación Nacional , congregados la tarde del viernes 8 de septiembre, en el parque Las Malocas de Villavicencio, Colombia. En su discurso, el Santo Padre resaltó que, desde el primer día ha deseado que llegara este encuentro . “Ustedes llevan en su corazón y en su carne – afirmó el Pontífice – las huellas de la historia viva y reciente de su pueblo, marcada por eventos trágicos pero también llena de gestos heroicos, de gran humanidad y de alto valor espiritual de fe y esperanza”. Vengo aquí, puntualizó el Papa, con respeto y con una conciencia clara de estar, como Moisés, pisando un terreno sagrado. Ya que esta tierra, dijo, es “una tierra regada con la sangre de miles de víctimas inocentes y el dolor desgarrador de sus familiares y conocidos. Heridas que cuesta cicatrizar y que nos duelen a todos – subrayó el Santo Padre – porque cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas”. Estoy aquí, puntualizó el Papa Francisco para estar cerca de ustedes y mirarlos a los ojos, para escucharlos y abrir mi corazón a su testimonio de vida y de fe. Y si me lo permiten, dijo el Papa, desearía también abrazarlos y llorar con ustedes, quisiera que recemos juntos y que nos perdonemos y que así, todos juntos, podamos mirar y caminar hacia delante con fe y esperanza. Con estos sentimientos, el Papa y la asamblea se reunieron a los pies del Crucificado de Bojayá. “Esta imagen – afirmó el Pontífice – tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. Al mirarla contemplamos no sólo lo que ocurrió aquel día, sino también tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas y tanta sangre derramada en la Colombia de los últimos decenios”. Porque ver a Cristo así, dijo el Papa, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro y con él nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros es «más Cristo» aún, porque nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia. “Agradezco a estos hermanos nuestros que han querido compartir su testimonio en nombre de tantos otros – subrayó el Santo Padre – cuánto bien nos hace escuchar sus historias. Son historias de sufrimiento y amargura, pero también y, sobre todo, son historias de amor y perdón que nos hablan de vida y esperanza; de no dejar que el odio, la venganza o el dolor se apoderen de nuestro corazón”. Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco se dirigió al pueblo colombiano como hermano y como padre, y les dijo: “Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos – agregó el Obispo de Roma – no tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”. (Renato Martinez – Radio Vaticano) Texto completo del discurso del Papa Francisco Queridos hermanos y hermanas: Desde el primer día he deseado que llegara este momento de nuestro encuentro. Ustedes llevan en su corazón y en su carne las huellas de la historia viva y reciente de su pueblo, marcada por eventos trágicos pero también llena de gestos heroicos, de gran humanidad y de alto valor espiritual de fe y esperanza. Vengo aquí con respeto y con una conciencia clara de estar, como Moisés, pisando un terreno sagrado (cf. Ex 3,5). Una tierra regada con la sangre de miles de víctimas inocentes y el dolor desgarrador de sus familiares y conocidos. Heridas que cuesta cicatrizar y que nos duelen a todos, porque cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas. Y estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes y mirarlos a los ojos, para escucharlos y abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe. Y si me lo permiten, desearía también abrazarlos y llorar con ustedes, quisiera que recemos juntos y que nos perdonemos ―yo también tengo que pedir perdón― y que así, todos juntos, podamos mirar y caminar hacia delante con fe y esperanza. Nos reunimos a los pies del Crucificado de Bojayá, que el 2 de mayo de 2002 presenció y sufrió la masacre de decenas de personas refugiadas en su iglesia. Esta imagen tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. Al mirarla contemplamos no sólo lo que ocurrió aquel día, sino también tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas y tanta sangre derramada en la Colombia de los últimos decenios. Ver a Cristo así, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro y con él nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros es «más Cristo» aún, porque nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia. Nos enseña a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, para que junto a Él y con Él aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor. Agradezco a estos hermanos nuestros que han querido compartir su testimonio, en nombre de tantos otros. ¡Cuánto bien nos hace escuchar sus historias! Estoy conmovido. Son historias de sufrimiento y amargura, pero también y, sobre todo, son historias de amor y perdón que nos hablan de vida y esperanza; de no dejar que el odio, la venganza o el dolor se apoderen de nuestro corazón. El oráculo final del Salmo 85: «El amor y la verdad se encontrarán, la justicia y la paz se abrazarán» (v.11), es posterior a la acción de gracias y a la súplica donde se le pide a Dios: ¡Restáuranos! Gracias Señor por el testimonio de los que han infligido dolor y piden perdón; los que han sufrido injustamente y perdonan. Esto sólo es posible con tu ayuda y presencia. Eso ya es un signo enorme de que quieres restaurar la paz y la concordia en esta tierra colombiana. Pastora Mira, tú lo has dicho muy bien: Quieres poner todo tu dolor, y el de miles de víctimas, a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al suyo y así sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que ha imperado en Colombia. Tienes razón: la violencia engendra más violencia, el odio más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso sólo es posible con el perdón y la reconciliación. Y tú, querida Pastora, y tantos otros como tú, nos han demostrado que es posible. Sí, con la ayuda de Cristo vivo en medio de la comunidad es posible vencer el odio, es posible vencer la muerte, es posible comenzar de nuevo y alumbrar una Colombia nueva. Gracias, Pastora, qué gran bien nos haces hoy a todos con el testimonio de tu vida. Es el crucificado de Bojayá quien te ha dado esa fuerza para perdonar y para amar, y para ayudarte a ver en la camisa que tu hija Sandra Paola regaló a tu hijo Jorge Aníbal, no sólo el recuerdo de sus muertes, sino la esperanza de que la paz triunfe definitivamente en Colombia. Nos conmueve también lo que ha dicho Luz Dary en su testimonio: que las heridas del corazón son más profundas y difíciles de curar que las del cuerpo. Así es. Y lo que es más importante, te has dado cuenta de que no se puede vivir del rencor, de que sólo el amor libera y construye. Y de esta manera comenzaste a sanar también las heridas de otras víctimas, a reconstruir su dignidad. Este salir de ti misma te ha enriquecido, te ha ayudado a mirar hacia delante, a encontrar paz y serenidad y un motivo para seguir caminando. Te agradezco la muleta que me ofreces. Aunque aún te quedan secuelas físicas de tus heridas, tu andar espiritual es rápido y firme, porque piensas en los demás y quieres ayudarles. Esta muleta tuya es un símbolo de esa otra muleta más importante, y que todos necesitamos, que es el amor y el perdón. Con tu amor y tu perdón estás ayudando a tantas personas a caminar en la vida. Gracias. Deseo agradecer también el testimonio elocuente de Deisy y Juan Carlos. Nos hicieron comprender que todos, al final, de un modo u otro, también somos víctimas, inocentes o culpables, pero todos víctimas. Todos unidos en esa pérdida de humanidad que supone la violencia y la muerte. Deisy lo ha dicho claro: comprendiste que tú misma habías sido una víctima y tenías necesidad de que se te concediera una oportunidad. Y comenzaste a estudiar, y ahora trabajas para ayudar a las víctimas y para que los jóvenes no caigan en las redes de la violencia y de la droga. También hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido. Es cierto que en esa regeneración moral y espiritual del victimario la justicia tiene que cumplirse. Como ha dicho Deisy, se debe contribuir positivamente a sanar esa sociedad que ha sido lacerada por la violencia. Resulta difícil aceptar el cambio de quienes apelaron a la violencia cruel para promover sus fines, para proteger negocios ilícitos y enriquecerse o para, engañosamente, creer estar defendiendo la vida de sus hermanos. Ciertamente es un reto para cada uno de nosotros confiar en que se pueda dar un paso adelante por parte de aquellos que infligieron sufrimiento a comunidades y a un país entero. Es cierto que en este enorme campo que es Colombia todavía hay espacio para la cizaña. Ustedes estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24). Aun cuando perduren conflictos, violencia o sentimientos de venganza, no impidamos que la justicia y la misericordia se encuentren en un abrazo que asuma la historia de dolor de Colombia. Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcción del orden nuevo donde brille la justicia y la paz. Como ha dejado entrever en su testimonio Juan Carlos, en todo este proceso, largo, difícil, pero esperanzador de la reconciliación, resulta indispensable también asumir la verdad. Es un desafío grande pero necesario. La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es más débil. La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos. Quisiera, finalmente, como hermano y como padre, decir: Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armonía y fraternidad, como desea el Señor. Pidamos ser constructores de paz, que allá donde haya odio y resentimiento, pongamos amor y misericordia (cf. Oración atribuida a san Francisco de Asís). Deseo poner todas estas intenciones ante la imagen del crucificado, el Cristo negro de Bojayá: * * * Oh Cristo negro de Bojayá, que nos recuerdas tu pasión y muerte; junto con tus brazos y pies te han arrancado a tus hijos que buscaron refugio en ti.   Oh Cristo negro de Bojayá, que nos miras con ternura y en tu rostro hay serenidad; palpita también tu corazón para acogernos en tu amor.   Oh Cristo negro de Bojayá, haz que nos comprometamos a restaurar tu cuerpo.   Que seamos tus pies para salir al encuentro del hermano necesitado; tus brazos para abrazar al que ha perdido su dignidad; tus manos para bendecir y consolar al que llora en soledad.   Haz que seamos testigos de tu amor y de tu infinita misericordia.  (from Vatican Radio)...
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Reconciliarse en Dios, con los colombianos y con la creación, el Papa en Villavicencio

Dv, 08/09/2017 - 8:01pm
El Papa Francisco en su tercer día de visita apostólica a Colombia, ha celebrado en el terreno de Catama la Santa Misa y beatificación de los Siervos de Dios, el Obispo Jesús Emilio Jaramillo Monsalve y el sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, en la memoria litúrgica de la Natividad de la Virgen María. En su homilía cuyo título fue: “ Reconciliarse en Dios, con los colombianos y con la creación ”, el Santo Padre iluminó sus palabras afirmando que “ María es el primer resplandor que anuncia el final de la noche y, sobre todo, la cercanía del día”, animando a Colombia a dejar atrás un pasado lleno de luces pero también de muchas oscuridades. El Santo Padre partiendo de la reflexión del Evangelio de la Genealogía de Jesús, con la mirada puesta en la realidad de Colombia dijo: “ Este pueblo de Colombia es pueblo de Dios ; también aquí podemos hacer genealogías llenas de historias, muchas de amor y de luz; otras de desencuentros, agravios, también de muerte”. Y nuevamente el Papa les animó a dar el primer paso, reflexionando sobre el significado auténtico de la reconciliación: "Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto. A vencer la tentación de la venganza, sin esperar que lo hagan los otros”. Como ejemplo de reconciliación para Colombia el Papa presentó a los dos nuevos beatos, el Obispo Mons. Jesús Emilio Jaramillo Monsalve , Obispo de Arauca, y el sacerdote Pedro María Ramírez Ramos , mártir de Armero, “ellos son expresión de un pueblo que quiere salir del pantano de la violencia y el rencor”. Finalizó el Papa su homilía reflexionando como “la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes” (cf. Carta enc. Laudato si’, 2). De esta manera animó a los colombianos a “decir sí a la reconciliación; -un- sí que incluya también a nuestra naturaleza –dijo- … Nos toca decir sí como María y cantar con ella las «maravillas del Señor» (Juan Carlos Velarde Gonzalez para Radio vaticana) Texto completo de la Homilia del Papa en Villavicencio:  «Reconciliarse en Dios, con los Colombianos y con la creación» Vierne s, 8 de septiembre de 2017 ¡Tu nacimiento, Virgen Madre de Dios, es el nuevo amanecer que ha anunciado la alegría a todo el mundo, porque de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios! (cf. Antífona del Benedictus). La festividad del nacimiento de María proyecta su luz sobre nosotros, así como se irradia la mansa luz del amanecer sobre la extensa llanura colombiana, bellísimo paisaje del que Villavicencio es su puerta, como también en la rica diversidad de sus pueblos indígenas. María es el primer resplandor que anuncia el final de la noche y, sobre todo, la cercanía del día. Su nacimiento nos hace intuir la iniciativa amorosa, tierna, compasiva, del amor con que Dios se inclina hasta nosotros y nos llama a una maravillosa alianza con Él que nada ni nadie podrá romper. María ha sabido ser transparencia de la luz de Dios y ha reflejado los destellos de esa luz en su casa, la que compartió con José y Jesús, y también en su pueblo, su nación y en esa casa común a toda la humanidad que es la creación. En el Evangelio hemos escuchado la genealogía de Jesús (cf. Mt 1,1-17), que no es una simple lista de nombres, sino historia viva, historia de un pueblo con el que Dios ha caminado y, al hacerse uno de nosotros, nos ha querido anunciar que por su sangre corre la historia de justos y pecadores, que nuestra salvación no es una salvación aséptica, de laboratorio, sino concreta, de vida que camina. Esta larga lista nos dice que somos parte pequeña de una extensa historia y nos ayuda a no pretender protagonismos excesivos, nos ayuda a escapar de la tentación de espiritualismos evasivos, a no abstraernos de las coordenadas históricas concretas que nos toca vivir. También integra en nuestra historia de salvación aquellas páginas más oscuras o tristes, los momentos de desolación y abandono comparables con el destierro. La mención de las mujeres —ninguna de las aludidas en la genealogía tiene la jerarquía de las grandes mujeres del Antiguo Testamento— nos permite un acercamiento especial: son ellas, en la genealogía, las que anuncian que por las venas de Jesús corre sangre pagana, las que recuerdan historias de postergación y sometimiento. En comunidades donde todavía arrastramos estilos patriarcales y machistas es bueno anunciar que el Evangelio comienza subrayando mujeres que marcaron tendencia e hicieron historia. Y en medio de eso, Jesús, María y José. María con su generoso sí permitió que Dios se hiciera cargo de esa historia. José, hombre justo, no dejó que el orgullo, las pasiones y los celos lo arrojaran fuera de esta luz. Por la forma en que está narrado, nosotros sabemos antes que José lo que ha sucedido con María, y él toma decisiones mostrando su calidad humana antes de ser ayudado por el ángel y llegar a comprender todo lo que sucedía a su alrededor. La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley; y hoy, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón respetuoso, delicado que, aun no teniendo toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María. Y, en su duda por cómo hacer lo mejor, Dios lo ayudó a optar iluminando su juicio. Este pueblo de Colombia es pueblo de Dios; también aquí podemos hacer genealogías llenas de historias, muchas de amor y de luz; otras de desencuentros, agravios, también de muerte. ¡Cuántos de ustedes pueden narrar destierros y desolaciones!, ¡cuántas mujeres, desde el silencio, han perseverado solas y cuántos hombres de bien han buscado dejar de lado enconos y rencores, queriendo combinar justicia y bondad! ¿Cómo haremos para dejar que entre la luz? ¿Cuáles son los caminos de reconciliación? Como María, decir sí a la historia completa, no a una parte; como José, dejar de lado pasiones y orgullos; como Jesucristo, hacernos cargo, asumir, abrazar esa historia, porque ahí están ustedes, todos los colombianos, ahí está lo que somos y lo que Dios puede hacer con nosotros si decimos sí a la verdad, a la bondad, a la reconciliación. Y esto sólo es posible si llenamos de la luz del Evangelio nuestras historias de pecado, violencia y desencuentro. La reconciliación no es una palabra abstracta; si eso fuera así, sólo traería esterilidad, más distancia. Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto. Cuando las víctimas vencen la comprensible tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de los procesos de construcción de la paz. Es necesario que algunos se animen a dar el primer paso en tal dirección, sin esperar que lo hagan los otros. ¡Basta una persona buena para que haya esperanza! ¡Y cada uno de nosotros puede ser esa persona! Esto no significa desconocer o disimular las diferencias y los conflictos. No es legitimar las injusticias personales o estructurales. El recurso a la reconciliación no puede servir para acomodarse a situaciones de injusticia. Más bien, como ha enseñado san Juan Pablo II: «Es un encuentro entre hermanos dispuestos a superar la tentación del egoísmo y a renunciar a los intentos de pseudo justicia; es fruto de sentimientos fuertes, nobles y generosos, que conducen a instaurar una convivencia fundada sobre el respeto de cada individuo y de los valores propios de cada sociedad civil» (Carta a los obispos de El Salvador, 6 agosto 1982). La reconciliación, por tanto, se concreta y consolida con el aporte de todos, permite construir el futuro y hace crecer la esperanza. Todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación será un fracaso. El texto evangélico que hemos escuchado culmina llamando a Jesús el Emmanuel, el Dios con nosotros. Así es como comienza, y así es como termina Mateo su Evangelio: «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos» (28,21). Esa promesa se cumple también en Colombia: Mons. Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, Obispo de Arauca, y el sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, mártir de Armero, son signo de ello, expresión de un pueblo que quiere salir del pantano de la violencia y el rencor. En este entorno maravilloso, nos toca a nosotros decir sí a la reconciliación; que el sí incluya también a nuestra naturaleza. No es casual que incluso sobre ella hayamos desatado nuestras pasiones posesivas, nuestro afán de sometimiento. Un compatriota de ustedes lo canta con belleza: «Los árboles están llorando, son testigos de tantos años de violencia. El mar está marrón, mezcla de sangre con la tierra» (Juanes, Minas piedras). La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes (cf. Carta enc. Laudato si’, 2). Nos toca decir sí como María y cantar con ella las «maravillas del Señor», porque como lo ha prometido a nuestros padres, auxilia a todos los pueblos y a cada pueblo, auxilia a Colombia que hoy quiere reconciliarse y a su descendencia para siempre.   (from Vatican Radio)...
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Un mundo en el que la vulnerabilidad sea considerada la esencia de lo humano. La acogida en la Nunciatura

Dv, 08/09/2017 - 5:45pm
De nuestra enviada especial a Colombia, Griselda Mutual La emoción tierna del Papa Francisco al escuchar los testimonios de estos jóvenes fue cierta: “Lina María dijo una cosa muy linda… repetilo Lina, quiero que te escuchen de nuevo”. (RV).- “Queremos un mundo inteligente, para celebrarnos los unos a los otros, como seres inteligentes, como manifestación de su vida y de la diversidad. Queremos un mundo en el que la vulnerabilidad sea reconocida como esencial en lo humano, que lejos de debilitarnos nos fortalece y dignifica, un lugar de encuentro común que nos humaniza”. Es el mensaje de Lina María al Santo Padre, una  de las jóvenes que le dirigió su saludo en la nunciatura apostólica, la noche del 7 de setiembre. Tras la multitudinaria Santa Misa votiva por la Paz y la Justicia en el parque del Libertador Bolívar en Bogotá, el Papa Francisco se dirigió a la nunciatura apostólica para cenar en privado y descansar. También este día grupos de fieles organizados estaban allí para saludar y expresar su afecto al Obispo de Roma. Entre ellos, se encontraba la Corporación Colombiana Transiciones Crecer, una organización de familias con jóvenes, entre los 18 y 25 años de edad, con discapacidad intelectual. También la Fundación Misioneros de la Redención (Fundmir) inspirada en la obra Siervo de Dios Padre Arturo D’Onofrio, quien, en 1970, inspirado en la visita de Pablo VI a Colombia y al ver la miseria de los niños habitantes de la calle, decidió hacer presencia en este País para ofrecer hogares de acogida y escuelas de instrucción para estos “honorables huéspedes”, como solía llamarlos. Asimismo estuvo presente la Fundación para la Investigación y el Desarrollo de la Educación Especial (Fides), entidad privada que ayuda a las personas en condición de discapacidad cognitiva, organizadora de las Olimpiadas Especiales FIDES - Compensar: Iberoamérica en Colombia, entre otros. Un coro compuesto por  50 universitarias y bachilleres, que estudian en las Universidades de los Andes, Javeriana, Sabana, Rosario, y en los Colegios Tundama e Iragua, se unieron para cantarle al Santo Padre y no sólo: en preparación a ello, el coro realizó cuatro presentaciones del coro en hospitales, hogares de ancianos, orfanatos, y otros, que fue acompañado instrumentalmente por el grupo “Voz por vos”, integrado por seis jóvenes invidentes, y 10 personas sordomudas que, con su lenguaje de manos, hicieron llegar el mensaje a las personas que sufren esta limitación. La emoción tierna del Papa Francisco al escuchar los testimonios de estos jóvenes fue cierta: “Lina María dijo una cosa muy linda… repetilo Lina, quiero que te escuchen de nuevo”, alentó el Santo Padre a la joven, y tras entablar un diálogo con los presentes, preguntándoles “quién es el único que no es vulnerable?” añadió: “Somos vulnerables todos y necesitamos que esa vulnerabilidad sea respetada, acariciada, curada en la medida de lo posible y que dé frutos para los demás. Porque la única persona que no es vulnerable es Dios. En alguno se ve, en otros no, pero la es esencia de lo humano es la necesidad de estar sostenidos por Dios, y por eso no se debe descartar a nadie, porque cada uno de nosotros es un tesoro que se ofrece a Dios para que Dios lo haga crecer a su manera”. Tras agradecerles por su testimonio, el Santo Padre rezó junto a ellos un Avemaría, y les pidió rezar por él, porque él es “muy vulnerable”.   (from Vatican Radio)...
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"Constructores de la paz, promotores de la vida". Primera Misa del Papa en Colombia.

Dv, 08/09/2017 - 2:19am
(RV).- Su Santidad el Papa Francisco, en su Viaje Apostólico número 20, a Colombia, celebró el jueves 7 de septiembre, la primera Misa junto al pueblo colombiano en el Parque Simón Bolívar de Bogotá. El lema de la Homilía: “ Constructores de la paz, promotores de la vida ”. El Santo Padre recuerda primero el mar, como metáfora de la inmensidad: para los pescadores de Galilea, fuente de toda esperanza y origen de toda frustración por los esfuerzos vanos.  “Ese día, Jesús tiene detrás de sí, el mar y frente a Él, una multitud – una marea humana - dice Papa Francisco interpretando las palabras del Evangelio de San Lucas - que lo ha seguido porque sabe de su conmoción ante el dolor humano... y de sus palabras justas, profundas, certeras. Todos ellos vienen a escucharlo, la Palabra de Jesús tiene algo especial que no deja indiferente a nadie; su Palabra tiene poder para convertir corazones, cambiar planes y proyectos”. El Papa habla después al pueblo colombiano de sus dificultades, de las oscuridades a las que se enfrenta por la falta de justicia humana y “los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”. “También la Iglesia en Colombia sabe de trabajos pastorales vanos e infructuosos- recuerda Papa Francisco - , pero como Pedro, somos capaces de confiar en el Maestro”.   El mandato de Pedro, es echar las redes “como aquellos en vuestra patria que han visto primero lo que más urge, aquellos que han tomado iniciativas de paz, de vida” – alude el Papa a los principales actores en el proceso de paz -. Pero no sólo ellos, la comunidad colombiana está llamada a ser una red fuerte y vigorosa “que congregue a todos en la unidad, trabajando en la defensa y el cuidado de la vida humana ”. “Hombres y mujeres convertidos en discípulos que, con un corazón verdaderamente libre, sigan a Jesús.” Como los pescadores en el mar, hace falta hacernos señas unos a otros “volver a considerarnos hermanos, compañeros de camino, socios de esta empresa común que es la patria” termina Francisco y concluye “Pedro sabe de sus fragilidades, de sus idas y venidas, …sabe la historia de violencia y división…. Pero al igual que a Simón, Jesús nos invita a ir mar adentro, nos impulsa al riesgo compartido, a dejar nuestros egoísmos y a seguirlo. A perder miedos que no vienen de Dios, que nos inmovilizan y retardan la urgencia de ser constructores de la paz, promotores de la vida .” (Isabel Cantos) TEXTO COMPLETO de la homilia del Papa “Constructores de la paz, promotores de la vida” Bogotá -Jueves 7 de septiembre de 2017 El Evangelista recuerda que el llamado de los primeros discípulos fue a orillas del lago de Genesaret, allí donde la gente se aglutinaba para escuchar una voz capaz de orientarles e iluminarles; y también es el lugar donde los pescadores cierran sus fatigosas jornadas, en las que buscan el sustento para llevar una vida sin penurias, digna y feliz. Es la única vez en todo el Evangelio de Lucas en que Jesús predica junto al llamado mar de Galilea. En el mar abierto se confunden la esperada fecundidad del trabajo con la frustración por la inutilidad de los esfuerzos vanos. Según una antigua lectura cristiana, el mar también representa la inmensidad donde conviven todos los pueblos. Finalmente, por su agitación y oscuridad, evoca todo aquello que amenaza la existencia humana y que tiene el poder de destruirla. Nosotros usamos expresiones similares para definir multitudes: una marea humana, un mar de gente. Ese día, Jesús tiene detrás de sí, el mar y frente a Él, una multitud que lo ha seguido porque sabe de su conmoción ante el dolor humano... y de sus palabras justas, profundas, certeras. Todos ellos vienen a escucharlo, la Palabra de Jesús tiene algo especial que no deja indiferente a nadie; su Palabra tiene poder para convertir corazones, cambiar planes y proyectos. Es una Palabra probada en la acción, no es una conclusión de escritorio, de acuerdos fríos y alejados del dolor de la gente, por eso es una Palabra que sirve tanto para la seguridad de la orilla como para la fragilidad del mar. Esta querida ciudad, Bogotá, y este hermoso País, Colombia, tienen mucho de estos escenarios humanos presentados por el Evangelio. Aquí se encuentran multitudes anhelantes de una palabra de vida, que ilumine con su luz todos los esfuerzos y muestre el sentido y la belleza de la existencia humana. Estas multitudes de hombres y mujeres, niños y ancianos habitan una tierra de inimaginable fecundidad, que podría dar frutos para todos. Pero también aquí, como en otras partes, hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las tinieblas del irrespeto por la vida humana que siega a diario la existencia de tantos inocentes, cuya sangre clama al cielo; las tinieblas de la sed de venganza y del odio que mancha con sangre humana las manos de quienes se toman la justicia por su cuenta; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas. A todas esas tinieblas Jesús las disipa y destruye con su mandato en la barca de Pedro: «Navega mar adentro» (Lc 5,4). Nosotros podemos enredarnos en discusiones interminables, sumar intentos fallidos y hacer un elenco de esfuerzos que han terminado en nada; igual que Pedro, sabemos qué significa la experiencia de trabajar sin ningún resultado. Esta Nación también sabe de ello, cuando por un período de 6 años, allá al comienzo, tuvo 16 presidentes y pagó caro sus divisiones («la patria boba»); también la Iglesia en Colombia sabe de trabajos pastorales vanos e infructuosos, pero como Pedro, también somos capaces de confiar en el Maestro, cuya palabra suscita fecundidad incluso allí donde la inhospitalidad de las tinieblas humanas hace infructuosos tantos esfuerzos y fatigas. Pedro es el hombre que acoge decidido la invitación de Jesús, que lo deja todo y lo sigue, para transformarse en nuevo pescador, cuya misión consiste en llevar a sus hermanos al Reino de Dios, donde la vida se hace plena y feliz. Pero el mandato de echar las redes no está dirigido sólo a Simón Pedro; a él le ha tocado navegar mar adentro, como aquellos en vuestra patria que han visto primero lo que más urge, aquellos que han tomado iniciativas de paz, de vida. Echar las redes entraña responsabilidad. En Bogotá y en Colombia peregrina una inmensa comunidad, que está llamada a convertirse en una red vigorosa que congregue a todos en la unidad, trabajando en la defensa y en el cuidado de la vida humana, particularmente cuando es más frágil y vulnerable: en el seno materno, en la infancia, en la vejez, en las condiciones de discapacidad y en las situaciones de marginación social. También multitudes que viven en Bogotá y en Colombia pueden llegar a ser verdaderas comunidades vivas, justas y fraternas si escuchan y acogen la Palabra de Dios. En estas multitudes evangelizadas surgirán muchos hombres y mujeres convertidos en discípulos que, con un corazón verdaderamente libre, sigan a Jesús; hombres y mujeres capaces de amar la vida en todas sus etapas, de respetarla, de promoverla. Hace falta llamarnos unos a otros, hacernos señas, como los pescadores, volver a considerarnos hermanos, compañeros de camino, socios de esta empresa común que es la patria. Bogotá y Colombia son, al mismo tiempo, orilla, lago, mar abierto, ciudad por donde Jesús ha transitado y transita, para ofrecer su presencia y su palabra fecunda, para sacar de las tinieblas y llevarnos a la luz y la vida. Llamar a otros, a todos, para que nadie quede al arbitrio de las tempestades; subir a la barca a todas las familias, santuario de vida; hacer lugar al bien común por encima de los intereses mezquinos o particulares, cargar a los más frágiles promoviendo sus derechos. Pedro experimenta su pequeñez, lo inmenso de la Palabra y el accionar de Jesús; Pedro sabe de sus fragilidades, de sus idas y venidas, como lo sabemos nosotros, como lo sabe la historia de violencia y división de vuestro pueblo que no siempre nos ha encontrado compartiendo barca, tempestad, infortunios. Pero al igual que a Simón, Jesús nos invita a ir mar adentro, nos impulsa al riesgo compartido, a dejar nuestros egoísmos y a seguirlo. A perder miedos que no vienen de Dios, que nos inmovilizan y retardan la urgencia de ser constructores de la paz, promotores de la vida. (from Vatican Radio)...
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El Papa al CELAM: “Si queremos servir desde el CELAM, lo tenemos que hacer con pasión”

Dv, 08/09/2017 - 12:24am
(RV).- “La Iglesia debe reapropiarse de los verbos que el Verbo de Dios conjuga en su divina misión. Salir para encontrar, sin pasar de largo; reclinarse sin desidia; tocar sin miedo”, lo dijo el Papa Francisco al Comité Directivo del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), a quienes encontró en la Nunciatura Apostólica de Colombia , el primer jueves de septiembre, en el marco de su 20° Viaje Apostólico a este país sudamericano. En su denso discurso, el Santo Padre agradeció a los miembros del Comité Directivo del CELAM por el esfuerzo que hacen para transformar esta Conferencia Episcopal continental en una casa al servicio de la comunión y de la misión de la Iglesia en América Latina. “Les agradezco – afirmó el Pontífice – por el esfuerzo que hacen para transformar el CELAM en un centro propulsor de la conciencia discipular y misionera; en una referencia vital para la comprensión y la profundización de la catolicidad latinoamericana, delineada gradualmente por este organismo de comunión durante décadas de servicio”. Y hago propicia la ocasión, subrayó el Papa Francisco,  para animar los recientes esfuerzos con el fin de expresar esta solicitud colegial mediante el Fondo de Solidaridad de la Iglesia Latinoamericana. Recordando que hace cuatro años, en Río de Janeiro, el Santo Padre les habló sobre la herencia pastoral de Aparecida, el último acontecimiento sinodal de la Iglesia Latinoamericana y del Caribe. “En aquel momento – subrayó el Pontífice -  se evidenciaba la permanente necesidad de aprender de su método, sustancialmente compuesto por la participación de las Iglesias locales y en sintonía con los peregrinos que caminan en busca del rostro humilde de Dios que quiso manifestarse en la Virgen pescada en las aguas, y que se prolonga en la misión continental que quiere ser, no la suma de iniciativas programáticas que llenan agendas y también desperdician energías preciosas, sino el esfuerzo para poner la misión de Jesús en el corazón de la misma Iglesia, transformándola en criterio para medir la eficacia de las estructuras, los resultados de su trabajo, la fecundidad de sus ministros y la alegría que ellos son capaces de suscitar”. En ese contexto, agregó el Obispo de Roma, me detuve entonces en las tentaciones, todavía presentes, de la ideologización del mensaje evangélico, del funcionalismo eclesial y del clericalismo, porque está siempre en juego la salvación que nos trae Cristo. Esta debe llegar con fuerza al corazón del hombre para interpelar su libertad, invitándolo a un éxodo permanente desde la propia autorreferencialidad hacia la comunión con Dios y con los demás hermanos. “No se puede, por tanto – precisó el Papa – reducir el Evangelio a un programa al servicio de un gnosticismo de moda, a un proyecto de ascenso social o a una concepción de la Iglesia como una burocracia que se autobeneficia, como tampoco esta se puede reducir a una organización dirigida, con modernos criterios empresariales, por una casta clerical”. Aparecida, concluyó el Papa Francisco, es un tesoro cuyo descubrimiento todavía está incompleto. Estoy seguro de que cada uno de ustedes descubre cuánto se ha enraizado su riqueza en las Iglesias que llevan en el corazón. “Y todo esto – afirmó el Pontífice – lo quisiera resumir en una frase que les dejo como síntesis y recuerdo de este encuentro: Si queremos servir desde el CELAM, a nuestra América Latina, lo tenemos que hacer con pasión. Hoy hace falta pasión. Poner el corazón en todo lo que hagamos, pasión de joven enamorado y de anciano sabio, pasión que transforma las ideas en utopías viables, pasión en el trabajo de nuestras manos, pasión que nos convierte en continuos peregrinos en nuestras Iglesias como santo Toribio de Mogrovejo, que pasó entre los pueblos de su diócesis con pasión evangelizadora”. (Renato Martinez – Radio Vaticano) Texto completo del discurso del Papa Francisco Queridos hermanos, gracias por este encuentro y por las cálidas palabras de bienvenida del Presidente de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano. De no haber sido por las exigencias de la agenda, hubiera querido encontrarlos en la sede del CELAM. Les agradezco la delicadeza de estar aquí en este momento. Agradezco el esfuerzo que hacen para transformar esta Conferencia Episcopal continental en una casa al servicio de la comunión y de la misión de la Iglesia en América Latina; en un centro propulsor de la conciencia discipular y misionera; en una referencia vital para la comprensión y la profundización de la catolicidad latinoamericana, delineada gradualmente por este organismo de comunión durante décadas de servicio. Y hago propicia la ocasión para animar los recientes esfuerzos con el fin de expresar esta solicitud colegial mediante el Fondo de Solidaridad de la Iglesia Latinoamericana. Hace cuatro años, en Río de Janeiro, tuve ocasión de hablarles sobre la herencia pastoral de Aparecida, último acontecimiento sinodal de la Iglesia Latinoamericana y del Caribe. En aquel momento subrayaba la permanente necesidad de aprender de su método, sustancialmente compuesto por la participación de las Iglesias locales y en sintonía con los peregrinos que caminan en busca del rostro humilde de Dios que quiso manifestarse en la Virgen pescada en las aguas, y que se prolonga en la misión continental que quiere ser, no la suma de iniciativas programáticas que llenan agendas y también desperdician energías preciosas, sino el esfuerzo para poner la misión de Jesús en el corazón de la misma Iglesia, transformándola en criterio para medir la eficacia de las estructuras, los resultados de su trabajo, la fecundidad de sus ministros y la alegría que ellos son capaces de suscitar. Porque sin alegría no se atrae a nadie. Me detuve entonces en las tentaciones, todavía presentes, de la ideologización del mensaje evangélico, del funcionalismo eclesial y del clericalismo, porque está siempre en juego la salvación que nos trae Cristo. Esta debe llegar con fuerza al corazón del hombre para interpelar su libertad, invitándolo a un éxodo permanente desde la propia autorreferencialidad hacia la comunión con Dios y con los demás hermanos. Dios, al hablar en Jesús al hombre, no lo hace con un vago reclamo como a un forastero, ni con una convocación impersonal como lo haría un notario, ni con una declaración de preceptos a cumplir como lo hace cualquier funcionario de lo sacro. Dios habla con la inconfundible voz del Padre al hijo, y respeta su misterio porque lo ha formado con sus mismas manos y lo ha destinado a la plenitud. Nuestro mayor desafío como Iglesia es hablar al hombre como portavoz de esta intimidad de Dios, que lo considera hijo, aun cuando reniegue de esa paternidad, porque para Él somos siempre hijos reencontrados. No se puede, por tanto, reducir el Evangelio a un programa al servicio de un gnosticismo de moda, a un proyecto de ascenso social o a una concepción de la Iglesia como una burocracia que se autobeneficia, como tampoco esta se puede reducir a una organización dirigida, con modernos criterios empresariales, por una casta clerical. La Iglesia es la comunidad de los discípulos de Jesús; la Iglesia es Misterio (cf. Lumen Gentium, 5) y Pueblo (cf. ibíd., 9), o mejor aún: en ella se realiza el Misterio a través del Pueblo de Dios. Por eso insistí sobre el discipulado misionero como un llamado divino para este hoy tenso y complejo, un permanente salir con Jesús para conocer cómo y dónde vive el Maestro. Y mientras salimos en su compañía conocemos la voluntad del Padre, que siempre nos espera. Sólo una Iglesia Esposa, Madre, Sierva, que ha renunciado a la pretensión de controlar aquello que no es su obra sino la de Dios, puede permanecer con Jesús aun cuando su nido y su resguardo es la cruz. Cercanía y encuentro son los instrumentos de Dios que, en Cristo, se ha acercado y nos ha encontrado siempre. El misterio de la Iglesia es realizarse como sacramento de esta divina cercanía y como lugar permanente de este encuentro. De ahí la necesidad de la cercanía del obispo a Dios, porque en Él se halla la fuente de la libertad y de la fuerza del corazón del pastor, así como de la cercanía al Pueblo Santo que le ha sido confiado. En esta cercanía el alma del apóstol aprende a hacer tangible la pasión de Dios por sus hijos. Aparecida es un tesoro cuyo descubrimiento todavía está incompleto. Estoy seguro de que cada uno de ustedes descubre cuánto se ha enraizado su riqueza en las Iglesias que llevan en el corazón. Como los primeros discípulos enviados por Jesús en plan misionero, también nosotros podemos contar con entusiasmo todo cuanto hemos hecho (cf. Mc 6,30). Sin embargo, es necesario estar atentos. Las realidades indispensables de la vida humana y de la Iglesia no son nunca un monumento sino un patrimonio vivo. Resulta mucho más cómodo transformarlas en recuerdos de los cuales se celebran los aniversarios: ¡50 años de Medellín, 20 de Ecclesia in America, 10 de Aparecida! En cambio, es otra cosa: custodiar y hacer fluir la riqueza de tal patrimonio (pater - munus) constituyen el munus de nuestra paternidad episcopal hacia la Iglesia de nuestro continente. Bien saben que la renovada conciencia, de que al inicio de todo está siempre el encuentro con Cristo vivo, requiere que los discípulos cultiven la familiaridad con Él; de lo contrario el rostro del Señor se opaca, la misión pierde fuerza, la conversión pastoral retrocede. Orar y cultivar el trato con Él es, por tanto, la actividad más improrrogable de nuestra misión pastoral. A sus discípulos, entusiastas de la misión cumplida, Jesús les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar deshabitado» (Mc 6,31). Nosotros necesitamos más todavía este estar a solas con el Señor para reencontrar el corazón de la misión de la Iglesia en América Latina en sus actuales circunstancias. ¡Hay tanta dispersión interior y también exterior! Los múltiples acontecimientos, la fragmentación de la realidad, la instantaneidad y la velocidad del presente, podrían hacernos caer en la dispersión y en el vacío. Reencontrar la unidad es un imperativo. ¿Dónde está la unidad? Siempre en Jesús. Lo que hace permanente la misión no es el entusiasmo que inflama el corazón generoso del misionero, aunque siempre es necesario; más bien es la compañía de Jesús mediante su Espíritu. Si no salimos con Él en la misión pronto perderíamos el camino, arriesgándonos a confundir nuestras necesidades vacuas con su causa. Si la razón de nuestro salir no es Él será fácil desanimarse en medio de la fatiga del camino, o frente a la resistencia de los destinatarios de la misión, o ante los cambiantes escenarios de las circunstancias que marcan la historia, o por el cansancio de los pies debido al insidioso desgaste causado por el enemigo. No forma parte de la misión ceder al desánimo cuando, quizás, habiendo pasado el entusiasmo de los inicios, llega el momento en el que tocar la carne de Cristo se vuelve muy duro. En una situación como esta, Jesús no alienta nuestros miedos. Y como bien sabemos que a ningún otro podemos ir, porque sólo Él tiene palabras de vida eterna (cf. Jn 6,68), es necesario en consecuencia, profundizar nuestra elección. ¿Qué significa concretamente salir con Jesús en misión hoy en América Latina? El adverbio «concretamente» no es un detalle de estilo literario, más bien pertenece al núcleo de la pregunta. El Evangelio es siempre concreto, jamás un ejercicio de estériles especulaciones. Conocemos bien la recurrente tentación de perderse en el bizantinismo de los doctores de la ley, de preguntarse hasta qué punto se puede llegar sin perder el control del propio territorio demarcado o del presunto poder que los límites prometen. Mucho se ha hablado sobre la Iglesia en estado permanente de misión. Salir con Jesús es la condición para tal realidad. El Evangelio habla de Jesús que, habiendo salido del Padre, recorre con los suyos los campos y los poblados de Galilea. No se trata de un recorrido inútil del Señor. Mientras camina, encuentra; cuando encuentra, se acerca; cuando se acerca, habla; cuando habla, toca con su poder; cuando toca, cura y salva. Llevar al Padre a cuantos encuentra es la meta de su permanente salir, sobre el cual debemos reflexionar continuamente. La Iglesia debe reapropiarse de los verbos que el Verbo de Dios conjuga en su divina misión. Salir para encontrar, sin pasar de largo; reclinarse sin desidia; tocar sin miedo. Se trata de que se metan día a día en el trabajo de campo, allí donde vive el Pueblo de Dios que les ha sido confiado. No nos es lícito dejarnos paralizar por el aire acondicionado de las oficinas, por las estadísticas y las estrategias abstractas. Es necesario dirigirse al hombre en su situación concreta; de él no podemos apartar la mirada. La misión se realiza en un cuerpo a cuerpo. Una Iglesia capaz de ser sacramento de unidad ¡Se ve tanta dispersión en nuestro entorno! Y no me refiero solamente a la de la rica diversidad que siempre ha caracterizado el continente, sino a las dinámicas de disgregación. Hay que estar atentos para no dejarse atrapar en estas trampas. La Iglesia no está en América Latina como si tuviera las maletas en la mano, lista para partir después de haberla saqueado, como han hecho tantos a lo largo del tiempo. Quienes obran así miran con sentido de superioridad y desprecio su rostro mestizo; pretenden colonizar su alma con las mismas fallidas y recicladas fórmulas sobre la visión del hombre y de la vida, repiten iguales recetas matando al paciente mientras enriquecen a los médicos que los mandan; ignoran las razones profundas que habitan en el corazón de su pueblo y que lo hacen fuerte exactamente en sus sueños, en sus mitos, a pesar de los numerosos desencantos y fracasos; manipulan políticamente y traicionan sus esperanzas, dejando detrás de sí tierra quemada y el terreno pronto para el eterno retorno de lo mismo, aun cuando se vuelva a presentar con vestido nuevo. Hombres y utopías fuertes han prometido soluciones mágicas, respuestas instantáneas, efectos inmediatos. La Iglesia, sin pretensiones humanas, respetuosa del rostro multiforme del continente, que considera no una desventaja sino una perenne riqueza, debe continuar prestando el humilde servicio al verdadero bien del hombre latinoamericano. Debe trabajar sin cansarse para construir puentes, abatir muros, integrar la diversidad, promover la cultura del encuentro y del diálogo, educar al perdón y a la reconciliación, al sentido de justicia, al rechazo de la violencia y al coraje de la paz. Ninguna construcción duradera en América Latina puede prescindir de este fundamento invisible pero esencial. La Iglesia conoce como pocos aquella unidad sapiencial que precede cualquier realidad en América Latina. Convive cotidianamente con aquella reserva moral sobre la que se apoya el edificio existencial del continente. Estoy seguro de que mientras estoy hablando de esto ustedes podrían darle nombre a esta realidad. Con ella debemos dialogar continuamente. No podemos perder el contacto con este sustrato moral, con este humus vital que reside en el corazón de nuestra gente, en el que se percibe la mezcla casi indistinta, pero al mismo tiempo elocuente, de su rostro mestizo: no únicamente indígena, ni hispánico, ni lusitano, ni afroamericano, sino mestizo, ¡latinoamericano! Guadalupe y Aparecida son manifestaciones programáticas de esta creatividad divina. Bien sabemos que esto está en la base sobre la que se apoya la religiosidad popular de nuestro pueblo; es parte de su singularidad antropológica; es un don con el que Dios se ha querido dar a conocer a nuestra gente. Las páginas más luminosas de la historia de nuestra Iglesia han sido escritas precisamente cuando se ha sabido nutrir de esta riqueza, hablar a este corazón recóndito que palpita custodiando, como una pequeña luz encendida bajo las aparentes cenizas, el sentido de Dios y de su trascendencia, la sacralidad de la vida, el respeto por la creación, los lazos de solidaridad, la alegría de vivir, la capacidad de ser feliz sin condiciones. Para hablar a esta alma que es profunda, para hablar a la Latinoamérica profunda, la Iglesia debe aprender continuamente de Jesús. Dice el Evangelio que hablaba sólo en parábolas (cf. Mc 4,34). Imágenes que involucran y hacen partícipes, que transforman a los oyentes de su Palabra en personajes de sus divinos relatos. El santo Pueblo fiel de Dios en América Latina no comprende otro lenguaje sobre Él. Estamos invitados a salir en misión no con conceptos fríos que se contentan con lo posible, sino con imágenes que continuamente multiplican y despliegan sus fuerzas en el corazón del hombre, transformándolo en grano sembrado en tierra buena, en levadura que incrementa su capacidad de hacer pan de la masa, en semilla que esconde la potencia del árbol fecundo. Una Iglesia capaz de ser sacramento de esperanza Muchos se lamentan de cierto déficit de esperanza en la América Latina actual. A nosotros no nos está consentida la «quejumbrosidad», porque la esperanza que tenemos viene de lo alto. Además, bien sabemos que el corazón latinoamericano ha sido amaestrado por la esperanza. Como decía un cantautor brasileño «a esperança è equilibrista; dança na corda bamba de sombrinha» (João Bosco, O Bêbado e a Equilibrista). Cuando se piensa que se ha acabado, hela aquí nuevamente donde menos se la esperaba. Nuestro pueblo ha aprendido que ninguna desilusión es suficiente para doblegarlo. Sigue al Cristo flagelado y manso, sabe desensillar hasta que aclare y permanece en la esperanza de su victoria, porque —en el fondo— tiene conciencia de que no pertenece totalmente a este mundo. Es indudable que la Iglesia en estas tierras es particularmente un sacramento de esperanza, pero es necesario vigilar sobre la concretización de esta esperanza. Tanto más trascendente cuanto más debe transformar el rostro inmanente de aquellos que la poseen. Les ruego que vigilen sobre la concretización de la esperanza y consiéntanme recordarles algunos de sus rostros ya visibles en esta Iglesia latinoamericana. La esperanza en América Latina tiene un rostro joven Se habla con frecuencia de los jóvenes —se declaman estadísticas sobre el continente del futuro—, algunos ofrecen noticias sobre su presunta decadencia y sobre cuánto estén adormilados, otros aprovechan de su potencial para consumir, no pocos les proponen el rol de peones del tráfico y de la violencia. No se dejen capturar por tales caricaturas sobre sus jóvenes. Mírenlos a los ojos y busquen en ellos el coraje de la esperanza. No es verdad que estén listos para repetir el pasado. Ábranles espacios concretos en las Iglesias particulares que les han sido confiadas, inviertan tiempo y recursos en su formación. Propongan programas educativos incisivos y objetivos pidiéndoles, como los padres le piden a los hijos, el resultado de sus potencialidades y educando su corazón en la alegría de la profundidad, no de la superficialidad. No se conformen con retóricas u opciones escritas en los planes pastorales jamás puestos en práctica. He escogido precisamente Panamá, el istmo de este continente, para la Jornada Mundial de la Juventud 2019 que será celebrada siguiendo el ejemplo de la Virgen que proclama: «He aquí la sierva» y «se cumpla en mí» (Lc 1,38). Estoy seguro de que en todos los jóvenes se esconde un istmo, en el corazón de todos nuestros chicos hay un pequeño y alargado pedazo de terreno que se puede recorrer para conducirlos hacia un futuro que sólo Dios conoce y a Él le pertenece. Toca a nosotros presentarles grandes propuestas para despertar en ellos el coraje de arriesgarse junto a Dios y de hacerlos, como la Virgen, disponibles. La esperanza en América Latina tiene un rostro femenino No es necesario que me alargue para hablar del rol de la mujer en nuestro continente y en nuestra Iglesia. De sus labios hemos aprendido la fe; casi con la leche de sus senos hemos adquirido los rasgos de nuestra alma mestiza y la inmunidad frente a cualquier desesperación. Pienso en las madres indígenas o morenas, pienso en las mujeres de la ciudad con su triple turno de trabajo, pienso en las abuelas catequistas, pienso en las consagradas y en las tan discretas artesanas del bien. Sin las mujeres la Iglesia del continente perdería la fuerza de renacer continuamente. Son las mujeres que, con meticulosa paciencia, encienden y reencienden la llama de la fe. Es un serio deber comprender, respetar, valorizar, promover la fuerza eclesial y social de cuanto realizan. Acompañaron a Jesús misionero; no se retiraron del pie de la cruz; en soledad esperaron que la noche de la muerte devolviese al Señor de la vida; inundaron el mundo con su presencia resucitada. Si queremos una nueva y vivaz etapa de la fe en este continente, no la obtendremos sin las mujeres. Por favor, no pueden ser reducidas a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo; ellas son, en cambio, protagonistas en la Iglesia latinoamericana; en su salir con Jesús; en su perseverar, aun en el sufrimiento de su Pueblo; en su aferrarse a la esperanza que vence a la muerte; en su alegre modo de anunciar al mundo que Cristo está vivo, y ha resucitado. La esperanza en América Latina pasa a través del corazón, la mente y los brazos de los laicos Quisiera reiterar lo que recientemente he dicho a la Pontificia Comisión para América Latina. Es un imperativo superar el clericalismo que infantiliza a los Christifideles laici y empobrece la identidad de los ministros ordenados. Si bien se invirtió mucho esfuerzo y algunos pasos han sido dados, los grandes desafíos del continente permanecen sobre la mesa y continúan esperando la concretización serena, responsable, competente, visionaria, articulada, consciente, de un laicado cristiano que, como creyente, esté dispuesto a contribuir en los procesos de un auténtico desarrollo humano, en la consolidación de la democracia política y social, en la superación estructural de la pobreza endémica, en la construcción de una prosperidad inclusiva fundada en reformas duraderas y capaces de preservar el bien social, en la superación de la desigualdad y la custodia de la estabilidad, en la delineación de modelos de desarrollo económico sostenibles que respeten la naturaleza y el verdadero futuro del hombre, que no se resuelve con el consumismo desmesurado, así como también en el rechazo de la violencia y la defensa de la paz. Y algo más: en este sentido, la esperanza debe siempre mirar al mundo con los ojos de los pobres y desde la situación de los pobres. Ella es pobre como el grano de trigo que muere (cf. Jn 12,24), pero tiene la fuerza de diseminar los planes de Dios. La riqueza autosuficiente con frecuencia priva a la mente humana de la capacidad de ver, sea la realidad del desierto sea los oasis ahí escondidos. Propone respuestas de manual y repite certezas de talkshows; balbucea la proyección de sí misma, vacía, sin acercarse mínimamente a la realidad. Estoy seguro de que en este difícil y confuso pero provisorio momento que vivimos, las soluciones para los problemas complejos que nos desafían nacen de la sencillez cristiana que se esconde a los poderosos y se muestra a los humildes: la limpieza de la fe en el Resucitado, el calor de la comunión con Él, la fraternidad, la generosidad y la solidaridad concreta que también brota de la amistad con Él. Y todo esto lo quisiera resumir en una frase que les dejo como síntesis y recuerdo de este encuentro: Si queremos servir desde el CELAM, a nuestra América Latina, lo tenemos que hacer con pasión. Hoy hace falta pasión. Poner el corazón en todo lo que hagamos, pasión de joven enamorado y de anciano sabio, pasión que transforma las ideas en utopías viables, pasión en el trabajo de nuestras manos, pasión que nos convierte en continuos peregrinos en nuestras Iglesias como —permítanme recordarlo— santo Toribio de Mogrovejo, que no se instaló en su sede: de 24 años de episcopado, 18 los pasó entre los pueblos de su diócesis. Hermanos, por favor, les pido pasión, pasión evangelizadora. A ustedes, hermanos obispos del CELAM, a las Iglesias locales que representan y al entero pueblo de América Latina y del Caribe, los confío a la protección de la Virgen, invocada con los nombres de Guadalupe y Aparecida, con la serena certeza de que Dios, que ha hablado a este continente con el rostro mestizo y moreno de su Madre, no dejará de hacer resplandecer su benigna luz en la vida de todos.   (from Vatican Radio)...
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"No tengan vuelo rastrero, vuelen alto y sueñen grande" dijo Francisco a los jóvenes colombianos

Dj, 07/09/2017 - 9:27pm
(RV).- El Papa Francisco se asoma desde el Balcón del Palacio Cardenalicio en Bogotá y antes de dar la bendición a los fieles reunidos en la Plaza Bolívar, Francisco dirige unas palabras, en especial a todos los jóvenes allí presentes: “Para mí siempre es motivo de gozo encontrarme con los jóvenes” dijo el Papa y continuó: “En este día les digo: mantengan viva la alegría, es signo del corazón joven, del corazón que ha encontrado al Señor. Y si ustedes mantienen viva esa alegría con Jesús, nadie se la pueden quitar, nadie”. Saliéndose de su discurso, el Papa dijo a los jóvenes que “se han habituado a ver que en el mundo no todo es blanco ni todo, tampoco es negro todo” y que la vida cotidiana “se resuelve en una amplia gama de tonalidades grises”. También les invitó a “perdonar” a quienes les han herido.  Discurso COMPLETO del Papa Francisco a los jóvenes colombianos:  Queridos hermanos y hermanas;          Los saludo con gran alegría y les agradezco la calurosa bienvenida. «Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!”. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes» (Lc 10,5-6). Hoy entro a esta casa que es Colombia diciéndoles, ¡La paz con ustedes! Así era la expresión de saludo de todo judío y también de Jesús. Porque quise venir hasta aquí como peregrino de paz y de esperanza, y deseo vivir estos momentos de encuentro con alegría, dando gracias a Dios por todo el bien que ha hecho en esta Nación, en cada una de sus vidas. Vengo también para aprender; sí, aprender de ustedes, de su fe, de su fortaleza ante la adversidad. Porque ustedes saben que el obispo y el cura tienen que aprender de su pueblo, y por eso vengo a aprender, a aprender de ustedes, soy obispo y vengo a aprender. Han vivido momentos difíciles y oscuros, pero el Señor está cerca de ustedes, en el corazón de cada hijo e hija de este País. El Señor no es selectivo, no excluye a nadie sino que abraza a todos; y todos, escuchen esto, todos somos importantes y necesarios para Él. Durante estos días quisiera compartir con ustedes la verdad más importante: que Dios nos ama con amor de Padre y los anima a seguir buscando y deseando la paz, aquella paz que es auténtica y duradera. Dios nos ama con amor de padre, ¿lo repetimos juntos? (Fieles: “Dios nos habla con amor de padre”) Gracias. Bueno, yo tenía escrito aquí, veo aquí a muchos jóvenes pero… aunque tuviera los ojos vendados, sé que este lio solamente lo pueden hacer los jóvenes. Ustedes, los jóvenes… (Fieles: “Esta es la juventud del Papa”). Está bien…ustedes jóvenes, y les voy a hablar a ustedes, han venido de todos los rincones del País: cachacos, costeños, paisas, vallunos, llaneros, de todos lados. Para mí siempre es motivo de gozo encontrarme con los jóvenes. En este día les digo: mantengan viva la alegría, es signo del corazón joven, del corazón que ha encontrado al Señor. Y si ustedes mantienen viva esa alegría con Jesús, nadie se la pueden quitar, nadie. (cf. Jn 16,22). Pero por las dudas, les aconsejo, no se la dejen robar, cuiden esa alegría que unifica todo ¿en qué? En saberse amados por el Señor. ¿Porque como habíamos dicho al principio? Dios nos ama… ¿Cómo era? Dios nos ama con corazón de padre, ¿otra vez? (fieles: Dios nos ama con corazón de padre). El fuego del amor de Jesucristo hace desbordante ese gozo, y es suficiente para incendiar el mundo entero. ¡Cómo no van a poder cambiar esta sociedad y lo que se propongan! ¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande! A ese sueño grande yo hoy los invito, por favor no se metan en el “chiquitaje”, no tengan vuelo rastrero, vuelen alto y sueñen grande. Ustedes, los jóvenes, tienen una sensibilidad especial para reconocer el sufrimiento de otros; curioso, ustedes se dan cuenta en seguida, los voluntariados del mundo entero se nutren de miles de ustedes que son capaces de resignar tiempos propios, comodidades, proyectos centrados en ustedes mismos, para dejarse conmover por las necesidades de los más frágiles y dedicarse a ellos. Pero también puede suceder que hayan nacido en ambientes donde la muerte, el dolor, la división han calado tan hondo que los hayan dejado medio mareados, como anestesiados: Por el dolor, por eso, yo quiero decirles: Dejen que el sufrimiento de sus hermanos colombianos los abofetee y los movilice. Ayúdennos a nosotros, los mayores, a no acostumbrarnos al dolor y al abandono. Los necesitamos, ayúdennos a esto, a no acostumbrarlos al dolor y al abandono. También ustedes, chicos y chicas, que viven en ambientes complejos, con realidades distintas y situaciones familiares de lo más diversas, se han habituado a ver que en el mundo no todo es blanco ni todo, tampoco es negro todo; que la vida cotidiana se resuelve en una amplia gama de tonalidades grises es verdad, y esto los puede exponer al riesgo, cuidado, al riesgo de caer en una atmósfera de relativismo, dejando de lado esa potencialidad que tienen los jóvenes, la de entender el dolor de los que han sufrido. Ustedes tienen la capacidad no sólo de juzgar, señalar desaciertos, ustedes se dan cuenta en seguida sino también esa otra capacidad hermosa y constructiva: la de comprender. Comprender que incluso detrás de un error —porque hablemos claro, el error es error y no hay que maquillarlo, el error es error y no hay que maquillarlo — y ustedes son capaces de comprender que detrás de un error, hay un sinfín de razones, de atenuantes. ¡Cuánto los necesita Colombia para ponerse en los zapatos de aquellos que muchas generaciones anteriores no han podido o no han sabido hacerlo, o no atinaron con el modo adecuado para lograr comprender! A ustedes, jóvenes, les es tan fácil encontrarse, les es fácil encontrarse, y les hago una pregunta, acá se encontraron todos, ¿desde qué hora están acá? ¿Ven que son valientes? A ustedes les es muy fácil encontrarse, les basta para encontrarse un acontecimiento como este, un rico café, un refajo, o lo que sea, como excusa para suscitar un encuentro. Y acá voy, cualquier cosa de estas que dije es una excusa para el encuentro. Los jóvenes coinciden en la música, en el arte... ¡si hasta una final entre el Atlético Nacional y el América del Cali es ocasión para estar juntos! Ustedes, porque digo que tienen esa facilidad de encontrarse, ustedes pueden enseñarnos a los grandes que la cultura del encuentro no es pensar, vivir, ni reaccionar todos del mismo modo; no, no es eso, la cultura del encuentro es saber que más allá de nuestras diferencias somos todos parte de algo grande que nos une y nos trasciende, somos parte de este maravilloso País. Ayúdennos a entrar a los grandes, en esta cultura del encuentro que ustedes practican tan bien. También vuestra juventud los hace capaces de algo muy difícil en la vida: perdonar. Perdonar a quienes nos han herido; es notable ver cómo no se dejan enredar por historias viejas, cómo miran con extrañeza cuando los adultos repetimos acontecimientos de división simplemente por estar nosotros atados a rencores. Ustedes nos ayudan en este intento de dejar atrás lo que nos ofendió, de mirar adelante sin el lastre del odio, porque nos hacen ver todo el mundo que hay por delante, toda la Colombia que quiere crecer y seguir desarrollándose; esa Colombia que nos necesita a todos y que los mayores se la debemos a ustedes. Y precisamente por esta capacidad de perdonar, enfrentan el enorme desafío de ayudarnos a sanar nuestro corazón; escuchen esto que les pido, ayudarnos a sanar nuestro corazón, lo decimos todos juntos (Fieles: ayudarnos a sanar nuestro corazón) es una ayuda que les pido.  A contagiarnos la esperanza joven que siempre está dispuesta a darle a los otros una segunda oportunidad. Los ambientes de desazón e incredulidad enferman el alma, ambientes que no encuentran salida a los problemas y boicotean a los que lo intentan, dañan la esperanza que necesita toda comunidad para avanzar. Que sus ilusiones y proyectos oxigenen Colombia y la llenen de utopías saludables. Jóvenes, sueñen, muévanse, arriesguen, miren la vida con una sonrisa nueva, vayan adelante, no tengan miedo. Sólo así se animarán a descubrir el País que se esconde detrás de las montañas; el que trasciende titulares de diarios y no aparece en la preocupación cotidiana por estar tan lejos. Ese País que no se ve y que es parte de este cuerpo social que nos necesita: ustedes jóvenes son capaces de descubrir la Colombia profunda Los corazones jóvenes se estimulan ante los desafíos grandes: ¡Cuánta belleza natural para ser contemplada sin necesidad de explotarla! ¡Cuántos jóvenes como ustedes precisan de su mano tendida, de su hombro para vislumbrar un futuro mejor! Hoy he querido estar estos momentos con ustedes; estoy seguro de que ustedes tienen el potencial necesario para construir, construir la nación que siempre hemos soñado. Los jóvenes son la esperanza de Colombia y de la Iglesia; en su caminar y en sus pasos adivinamos los de Jesús, Mensajero de la Paz, de Aquél que nos trae noticias buenas. Me dirijo ahora a todos, queridos hermanos y hermanas de este amado País. Me dirijo ahora a todos, niños, jóvenes, adultos, ancianos, que quieren ser portador de esperanza: que las dificultades no los opriman, que la violencia no los derrumbe, que el mal no los venza. Creemos que Jesús, con su amor y misericordia que permanecen para siempre, ha vencido el mal, ha vencido el pecado y la muerte. Jesús, ha vencido el mal, el pecado y la muerte, ¿lo repetimos? (Fieles: Jesús, ha vencido el mal, el pecado y la muerte). Sólo basta salir a su encuentro. Los invito al compromiso, no al cumplimiento, cumplo y miento, no, al compromiso, ¿A que los invito? (Fieles: al compromiso). ¿Y qué es lo que no tienen que hacer? (Fieles: el cumplimiento), bien, ¡felicitaciones! Salgan a ese compromiso en la renovación de la sociedad, para que sea justa, estable, fecunda. Desde este lugar, los animo a afianzarse en el Señor, es el único que nos sostiene, el único que nos alienta para poder contribuir a la reconciliación y a la paz. Los abrazo a todos y a cada uno, a los que están aquí, a los enfermos, a los pobres, a los marginados, a los necesitados, a los ancianos, a los que están en sus casas… a todos; todos están en mi corazón. Y ruego a Dios que los bendiga. Y, por favor, les pido a ustedes que no se olviden de rezar por mí. ¡Muchas gracias! (Mireia Bonilla para RV)   (from Vatican Radio)...
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"Cuiden el primer paso de Dios hacia ustedes", el Papa a los Obispos de Colombia

Dj, 07/09/2017 - 9:24pm
(RV).-"Colombia tiene necesidad de su mirada propia de obispos, para sostenerla en el coraje del primer paso hacia la paz definitiva, la reconciliación, hacia la abdicación de la violencia como método, la superación de las desigualdades que son la raíz de tantos sufrimientos, la renuncia al camino fácil pero sin salida de la corrupción", con estas palabras el Papa Francisco animó a los obispos de Colombia en el encuentro que mantuvo con ellos en el salón del Palacio Cardenalicio de Bogotá, el jueves 7 de septiembre, en la segunda jornada de su Viaje Apostólico a Colombia. En un ambiente de entusiasmo y cercanía el Santo Padre fue recibido por el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, Mons. Óscar Urbina Ortega, así como por el Arzobispo de Bogotá, el Cardenal Rubén Salazar Gómez. Tras escuchar el saludo de bienvenida de ambos prelados, Francisco se dirijió a los cerca de 130 obispos procedentes de distintas diócesis del país.  "Vengo para anunciar a Cristo y para cumplir en su nombre un itinerario de paz y reconciliación . ¡Cristo es nuestra paz! ¡Él nos ha reconciliado con Dios y entre nosotros!", afirmó el Sucesor de Pedro destacando su deseo de "compartir con todos a Cristo Resucitado para quien ningún muro es perenne, ningún miedo es indestructible, ninguna plaga es incurable". Tras recordar las dos memorables visitas de sus predecesores, el Beato Pablo VI y San Juan Pablo II, el Obispo de Roma reflexionó sobre el lema de su visita «Dar el primer paso», un mensaje que nace a partir del modelo instaurado por Dios mismo, que tal y como dijo Francisco "es el Señor del primer paso. Él siempre nos primerea". Un primer paso del uno para con el otro, que implica, según el Papa, anticiparse en la disposición de comprender las razones del otro. "Déjense enriquecer de lo que el otro les puede ofrecer y construyan una Iglesia que ofrezca a este País un testimonio elocuente de cuánto se puede progresar cuando se está dispuesto a no quedarse en las manos de unos pocos", añadió el Pontífice. Entre algunos de los consejos que el Santo Padre dio a los obispos, destaca la necesidad de "cuidar con santo temor y conmoción, ese primer paso de Dios hacia los sacerdotes y mediante su ministerio, cuidar a la gente que les ha sido confiada". "No descuiden la vida espiritual de los consagrados y consagradas", "no se midan con el metro de aquellos que quieren ser sólo una casta de funcionarios plegados a la dictadura del presente", sino más bien "tengan siempre fija la mirada en la eternidad de Aquél que los ha elegido, prontos a acoger el juicio decisivo de sus labios", exhortó el Vicario de Cristo. Un pensamiento final del Pontífice fue dirigido a los desafíos de la Iglesia en la Amazonia , región que supone un orgullo nacional, ya que es parte esencial de la maravillosa biodiversidad de este País. "La Amazonia es para todos nosotros una prueba decisiva para verificar si nuestra sociedad, casi siempre reducida al materialismo y pragmatismo, está en grado de custodiar lo que ha recibido gratuitamente, no para desvalijarlo, sino para hacerlo fecundo", expresó Francisco. (SL-RV) Texto completo del discurso del Santo Padre a los Obispos colombianos La paz esté con ustedes Así saludó el Resucitado a su pequeña grey después de haber vencido a la muerte, así consiéntanme que los salude al inicio de mi viaje. Agradezco las palabras de bienvenida. Estoy contento porque los primeros pasos que doy en este País me llevan a encontrarlos a ustedes, obispos de Colombia, para abrazar en ustedes a toda la Iglesia colombiana y para estrechar a su gente en mi corazón de Sucesor de Pedro. Les agradezco muchísimo su ministerio episcopal, que les ruego continúen realizándolo con renovada generosidad. Un saludo particular dirijo a los obispos eméritos, animándolos a seguir sosteniendo, con la oración y con la presencia discreta, a la Esposa de Cristo por la cual se han entregado generosamente. Vengo para anunciar a Cristo y para cumplir en su nombre un itinerario de paz y reconciliación. ¡Cristo es nuestra paz! ¡Él nos ha reconciliado con Dios y entre nosotros! Estoy convencido de que Colombia tiene algo de original que llama fuertemente la atención: no ha sido nunca una meta completamente realizada, ni un destino totalmente acabado, ni un tesoro totalmente poseído. Su riqueza humana, sus vigorosos recursos naturales, su cultura, su luminosa síntesis cristiana, el patrimonio de su fe y la memoria de sus evangelizadores, la alegría gratuita e incondicional de su gente, la impagable sonrisa de su juventud, su original fidelidad al Evangelio de Cristo y a su Iglesia y, sobre todo, su indomable coraje de resistir a la muerte, no sólo anunciada sino muchas veces sembrada: todo esto se sustrae, digamos se esconde, a aquellos que se presentan como forasteros hambrientos de adueñársela y, en cambio, se brinda generosamente a quien toca su corazón con la mansedumbre del peregrino. Así es Colombia. Por esto, como peregrino, me dirijo a su Iglesia. De ustedes soy hermano, deseoso de compartir a Cristo Resucitado para quien ningún muro es perenne, ningún miedo es indestructible, ninguna plaga es incurable. No soy el primer Papa que les habla en su casa. Dos de mis más grandes Predecesores han sido huéspedes aquí: el beato Pablo VI, que vino apenas concluyó el Concilio Vaticano II para animar la realización colegial del misterio de la Iglesia en América Latina; y san Juan Pablo II en su memorable visita apostólica de 1986. Las palabras de ambos son un recurso permanente, las indicaciones que delinearon y la maravillosa síntesis que ofrecieron sobre nuestro ministerio episcopal constituyen un patrimonio para custodiar. Quisiera que cuanto les diga sea recibido en continuidad con lo que ellos han enseñado. Custodios y sacramento del primer paso «Dar el primer paso» es el lema de mi visita y también para ustedes este es mi primer mensaje. Bien saben que Dios es el Señor del primer paso. Él siempre nos primerea . Toda la Sagrada Escritura habla de Dios como exiliado de sí mismo por amor. Ha sido así cuando sólo había tinieblas, caos y, saliendo de sí, Él hizo que todo viniese a ser (cf. Gn 1.2,4); ha sido así cuando en el jardín de los orígenes Él se paseaba, dándose cuenta de la desnudez de su creatura (cf. Gn 3,8-9); ha sido así cuando, peregrino, Él se alojó en la tienda de Abraham, dejándole la promesa de una inesperada fecundidad (cf. Gn 18,1-10); ha sido así cuando se presentó a Moisés encantándolo, cuando ya no tenía otro horizonte que pastorear las ovejas de su suegro (cf. Ex, 3,1-2); ha sido así cuando no quitó de su mirada a su amada Jerusalén, aun cuando se prostituía en la vereda de la infidelidad (cf. Ez 16,15); ha sido así cuando migró con su gloria hacia su pueblo exiliado en la esclavitud (cf. Ez 10,18-19). Y, en la plenitud del tiempo, quiso revelar el verdadero nombre del primer paso, de su primer paso. Se llama Jesús y es un paso irreversible. Proviene de la libertad de un amor que todo lo precede. Porque el Hijo, Él mismo, es la expresión viva de dicho amor. Aquellos que lo reconocen y lo acogen reciben en herencia el don de ser introducidos en la libertad de poder cumplir siempre en Él ese primer paso, no tienen miedo de perderse si salen de sí mismos, porque llevan la fianza del amor emanado del primer paso de Dios, una brújula que no les consiente perderse. Cuiden pues, con santo temor y conmoción, ese primer paso de Dios hacia ustedes y, con su ministerio, hacia la gente que les ha sido confiada, en la conciencia de ser sacramento viviente de esa libertad divina que no tiene miedo de salir de sí misma por amor, que no teme empobrecerse mientras se entrega, que no tiene necesidad de otra fuerza que el amor. Dios nos precede, somos sarmientos y no la vid. Por tanto, no enmudezcan la voz de Aquél que los ha llamado ni se ilusionen en que sea la suma de sus pobres virtudes o los halagos de los poderosos de turno quienes aseguran el resultado de la misión que les ha confiado Dios. Al contrario, mendiguen en la oración cuando no puedan dar ni darse, para que tengan algo que ofrecer a aquellos que se acercan constantemente a sus corazones de pastores. La oración en la vida del obispo es la savia vital que pasa por la vid, sin la cual el sarmiento se marchita volviéndose infecundo. Por tanto, luchen con Dios, y más todavía en la noche de su ausencia, hasta que Él no los bendiga (cf. Gn 32,25-27). Las heridas de esa cotidiana y prioritaria batalla en la oración serán fuente de curación para ustedes; serán heridos por Dios para hacerse capaces de curar. Hacer visible su identidad de sacramento del primer paso de Dios De hecho, hacer tangible la identidad de sacramento del primer paso de Dios exigirá un continuo éxodo interior. «No hay ninguna invitación al amor mayor que adelantarse en ese mismo amor» (San Agustín, De catechizandis rudibus, liber I, 4.7, 26: PL 40), y, por tanto, ningún ámbito de la misión episcopal puede prescindir de esta libertad de cumplir el primer paso. La condición de posibilidad para el ejercicio del ministerio apostólico es la disposición a acercarse a Jesús dejando atrás «lo que fuimos, para que seamos lo que no éramos» (Id., Enarr. in psal., 121,12: PL 36). Les recomiendo vigilar no sólo individualmente sino colegialmente, dóciles al Espíritu Santo, sobre este permanente punto de partida. Sin este núcleo languidecen los rasgos del Maestro en el rostro de los discípulos, la misión se atasca y disminuye la conversión pastoral, que no es otra cosa que rescatar aquella urgencia de anunciar el Evangelio de la alegría hoy, mañana y pasado mañana (cf. Lc 13,33), premura que devoró el Corazón de Jesús dejándolo sin nido ni resguardo, reclinado solamente en el cumplimiento hasta el final de la voluntad del Padre (cf. Lc 9,58.62). ¿Qué otro futuro podemos perseguir? ¿A qué otra dignidad podemos aspirar? No se midan con el metro de aquellos que quisieran que fueran sólo una casta de funcionarios plegados a la dictadura del presente. Tengan, en cambio, siempre fija la mirada en la eternidad de Aquél que los ha elegido, prontos a acoger el juicio decisivo de sus labios. En la complejidad del rostro de esta Iglesia colombiana, es muy importante preservar la singularidad de sus diversas y legítimas fuerzas, las sensibilidades pastorales, las peculiaridades regionales, las memorias históricas, las riquezas de las propias experiencias eclesiales. Pentecostés consiente que todos escuchen en la propia lengua. Por ello, busquen con perseverancia la comunión entre ustedes. No se cansen de construirla a través del diálogo franco y fraterno, condenando como peste las agendas encubiertas. Sean premurosos en cumplir el primer paso, del uno para con el otro. Anticípense en la disposición de comprender las razones del otro. Déjense enriquecer de lo que el otro les puede ofrecer y construyan una Iglesia que ofrezca a este País un testimonio elocuente de cuánto se puede progresar cuando se está dispuesto a no quedarse en las manos de unos pocos. El rol de las Provincias Eclesiásticas en relación al mismo mensaje evangelizador es fundamental, porque son diversas y armonizadas las voces que lo proclaman. Por esto, no se contenten con un mediocre compromiso mínimo que deje a los resignados en la tranquila quietud de la propia impotencia, a la vez que domestica aquellas esperanzas que exigirían el coraje de ser encauzadas más sobre la fuerza de Dios que sobre la propia debilidad. Reserven una particular sensibilidad hacia las raíces afro-colombianas de su gente, que tan generosamente han contribuido a plasmar el rostro de esta tierra. Tocar la carne del cuerpo de Cristo Los invito a no tener miedo de tocar la carne herida de la propia historia y de la historia de su gente. Háganlo con humildad, sin la vana pretensión de protagonismo, y con el corazón indiviso, libre de compromisos o servilismos. Sólo Dios es Señor y a ninguna otra causa se debe someter nuestra alma de pastores. Colombia tiene necesidad de su mirada propia de obispos, para sostenerla en el coraje del primer paso hacia la paz definitiva, la reconciliación, hacia la abdicación de la violencia como método, la superación de las desigualdades que son la raíz de tantos sufrimientos, la renuncia al camino fácil pero sin salida de la corrupción, la paciente y perseverante consolidación de la «res publica» que requiere la superación de la miseria y de la desigualdad. Se trata de una tarea ardua pero irrenunciable, los caminos son empinados y las soluciones no son obvias. Desde lo alto de Dios, que es la cruz de su Hijo, obtendrán la fuerza; con la lucecita humilde de los ojos del Resucitado recorrerán el camino; escuchando la voz del Esposo que susurra en el corazón, recibirán los criterios para discernir de nuevo, en cada incertidumbre, la justa dirección. Uno de sus ilustres literatos escribió hablando de uno de sus míticos personajes: «No imaginaba que era más fácil empezar una guerra que terminarla» (Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, capítulo 9). Todos sabemos que la paz exige de los hombres un coraje moral diverso. La guerra sigue lo que hay de más bajo en nuestro corazón, la paz nos impulsa a ser más grandes que nosotros mismos. En seguida, el escritor añadía: «No entendía que hubiera necesitado tantas palabras para explicar lo que se sentía en la guerra, si con una sola bastaba: miedo» (ibíd., cap. 15). No es necesario que les hable de ese miedo, raíz envenenada, fruto amargo y herencia nefasta de cada contienda. Quiero animarlos a seguir creyendo que se puede hacer de otra manera, recordando que no han recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor; el mismo Espíritu atestigua que son hijos destinados a la libertad de la gloria a ellos reservada (cf. Rm 8,15-16). Ustedes ven con los propios ojos y conocen como pocos la deformación del rostro de este País, son custodios de las piezas fundamentales que lo hacen uno, no obstante sus laceraciones. Precisamente por esto, Colombia tiene necesidad de ustedes para reconocerse en su verdadero rostro cargado de esperanza a pesar de sus imperfecciones, para perdonarse recíprocamente no obstante las heridas no del todo cicatrizadas, para creer que se puede hacer otro camino aun cuando la inercia empuja a repetir los mismos errores, para tener el coraje de superar cuanto la puede volver miserable a pesar de sus tesoros. Los animo, pues, a no cansarse de hacer de sus Iglesias un vientre de luz, capaz de generar, aun sufriendo pobreza, las nuevas creaturas que esta tierra necesita. Hospédense en la humildad de su gente para darse cuenta de sus secretos recursos humanos y de fe, escuchen cuánto su despojada humanidad brama por la dignidad que solamente el Resucitado puede conferir. No tengan miedo de migrar de sus aparentes certezas en búsqueda de la verdadera gloria de Dios, que es el hombre viviente. La palabra de la reconciliación Muchos pueden contribuir al desafío de esta Nación, pero la misión de ustedes es singular. Ustedes no son técnicos ni políticos, son pastores. Cristo es la palabra de reconciliación escrita en sus corazones y tienen la fuerza de poder pronunciarla no solamente en los púlpitos, en los documentos eclesiales o en los artículos de periódicos, sino más bien en el corazón de las personas, en el secreto sagrario de sus conciencias, en el calor esperanzado que los atrae a la escucha de la voz del cielo que proclama «paz a los hombres amados por Dios» (Lc 2,14). Ustedes deben pronunciarla con el frágil, humilde, pero invencible recurso de la misericordia de Dios, la única capaz de derrotar la cínica soberbia de los corazones autorreferenciales. A la Iglesia no le interesa otra cosa que la libertad de pronunciar esta Palabra. No sirven alianzas con una parte u otra, sino la libertad de hablar a los corazones de todos. Precisamente allí tienen la autonomía para inquietar, allí tienen la posibilidad de sostener un cambio de ruta. El corazón humano, muchas veces engañado, concibe el insensato proyecto de hacer de la vida un continuo aumento de espacios para depositar lo que acumula. Precisamente aquí es necesario que resuene la pregunta: ¿De qué sirve ganar el mundo entero si queda el vacío en el alma? (cf. Mt 16,26). De sus labios de legítimos pastores de Cristo, tal cual ustedes son, Colombia tiene el derecho de ser interpelada por la verdad de Dios, que repite continuamente: «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). Es un interrogatorio que no puede ser silenciado, aun cuando quien lo escucha no puede más que abajar la mirada, confundido, y balbucir la propia vergüenza por haberlo vendido, quizás, al precio de alguna dosis de estupefaciente o alguna equívoca concepción de razón de Estado, tal vez por la falsa conciencia de que el fin justifica los medios. Les ruego tener siempre fija la mirada sobre el hombre concreto. No sirvan a un concepto de hombre, sino a la persona humana amada por Dios, hecha de carne, huesos, historia, fe, esperanza, sentimientos, desilusiones, frustraciones, dolores, heridas, y verán que esa concreción del hombre desenmascara las frías estadísticas, los cálculos manipulados, las estrategias ciegas, las falseadas informaciones, recordándoles que «realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Gaudium et spes, 22). Una Iglesia en misión Teniendo en cuenta el generoso trabajo pastoral que ya desarrollan, permítanme ahora que les presente algunas inquietudes que llevo en mi corazón de pastor, deseoso de exhortarles a ser cada vez más una Iglesia en misión. Mis Predecesores ya han insistido sobre varios de estos desafíos: la familia y la vida, los jóvenes, los sacerdotes, las vocaciones, los laicos, la formación. Los decenios transcurridos, no obstante el ingente trabajo, quizás han vuelto aún más fatigosas las respuestas para hacer eficaz la maternidad de la Iglesia en el generar, alimentar y acompañar a sus hijos. Pienso en las familias colombianas, en la defensa de la vida desde el vientre materno hasta su natural conclusión, en la plaga de la violencia y del alcoholismo, no raramente extendida en los hogares, en la fragilidad del vínculo matrimonial y la ausencia de los padres de familia con sus trágicas consecuencias de inseguridad y orfandad. Pienso en tantos jóvenes amenazados por el vacío del alma y arrastrados en la fuga de la droga, en el estilo de vida fácil, en la tentación subversiva. Pienso en los numerosos y generosos sacerdotes y en el desafío de sostenerlos en la fiel y cotidiana elección por Cristo y por la Iglesia, mientras algunos otros continúan propagando la cómoda neutralidad de aquellos que nada eligen para quedarse con la soledad de sí mismos. Pienso en los fieles laicos esparcidos en todas las Iglesias particulares, resistiendo fatigosamente para dejarse congregar por Dios que es comunión, aun cuando no pocos proclaman el nuevo dogma del egoísmo y de la muerte de toda solidaridad. Pienso en el inmenso esfuerzo de todos para profundizar la fe y hacerla luz viva para los corazones y lámpara para el primer paso. No les traigo recetas ni intento dejarles una lista de tareas. Con todo quisiera rogarles que, al realizar en comunión su gravosa misión de pastores de Colombia, conserven la serenidad. Bien saben que en la noche el maligno continúa sembrando cizaña, pero tengan la paciencia del Señor del campo, confiándose en la buena calidad de sus granos. Aprendan de su longanimidad y magnanimidad. Sus tiempos son largos porque es inconmensurable su mirada de amor. Cuando el amor es reducido el corazón se vuelve impaciente, turbado por la ansiedad de hacer cosas, devorado por el miedo de haber fracasado. Crean sobre todo en la humildad de la semilla de Dios. Fíense de la potencia escondida de su levadura. Orienten el corazón sobre la preciosa fascinación que atrae y hace vender todo con tal de poseer ese divino tesoro. De hecho, ¿qué otra cosa más fuerte pueden ofrecer a la familia colombiana que la fuerza humilde del Evangelio del amor generoso que une al hombre y a la mujer, haciéndolos imagen de la unión de Cristo con su Iglesia, transmisores y guardianes de la vida? Las familias tienen necesidad de saber que en Cristo pueden volverse árbol frondoso capaz de ofrecer sombra, dar fruto en todas las estaciones del año, anidar la vida en sus ramas. Son tantos hoy los que homenajean árboles sin sombra, infecundos, ramas privadas de nidos. Que para ustedes el punto de partida sea el testimonio alegre de que la felicidad está en otro lugar. ¿Qué cosa pueden ofrecer a sus jóvenes? Ellos aman sentirse amados, desconfían de quien los minusvalora, piden coherencia limpia y esperan ser involucrados. Recíbanlos, por tanto, con el corazón de Cristo y ábranles espacios en la vida de sus Iglesias. No participen en ninguna negociación que malvenda sus esperanzas. No tengan miedo de alzar serenamente la voz para recordar a todos que una sociedad que se deja seducir por el espejismo del narcotráfico se arrastra a sí misma en esa metástasis moral que mercantiliza el infierno y siembra por doquier la corrupción y, al mismo tiempo, engorda los paraísos fiscales. ¿Qué cosa pueden dar a sus sacerdotes? El primer don es aquel de su paternidad que asegure que la mano que los ha generado y ungido no se ha retirado de sus vidas. Vivimos en la era de la informática y no nos es difícil alcanzar a nuestros sacerdotes en tiempo real mediante algún programa de mensajes. Pero el corazón de un padre, de un obispo, no puede limitarse a la precaria, impersonal y externa comunicación con su presbiterio. No se puede apartar del corazón del obispo la inquietud sobre dónde viven sus sacerdotes. ¿Viven de verdad según Jesús? ¿O se han improvisado otras seguridades como la estabilidad económica, la ambigüedad moral, la doble vida o la ilusión miope de la carrera? Los sacerdotes precisan, con necesidad y urgencia vital, de la cercanía física y afectiva de su obispo. Requieren sentir que tienen padre. Sobre las espaldas de los sacerdotes frecuentemente pesa la fatiga del trabajo cotidiano de la Iglesia. Ellos están en primera línea, continuamente circundados de la gente que, abatida, busca en ellos el rostro del pastor. La gente se acerca y golpea a sus corazones. Ellos deben dar de comer a la multitud y el alimento de Dios no es nunca una propiedad de la cual se puede disponer sin más. Al contrario, proviene solamente de la indigencia puesta en contacto con la bondad divina. Despedir a la muchedumbre y alimentarse de lo poco que uno puede indebidamente apropiarse es una tentación permanente (cf. Lc 9,13). Vigilen por tanto sobre las raíces espirituales de sus sacerdotes. Condúzcanlos continuamente a aquella Cesarea de Filipo donde, desde los orígenes del Jordán de cada uno, puedan sentir de nuevo la pregunta de Jesús: ¿Quién soy yo para ti? La razón del gradual deterioro que muchas veces lleva a la muerte del discípulo siempre está en un corazón que ya no puede responder: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios» (cf. Mt 16,13-16). De aquí se debilita el coraje de la irreversibilidad del don de sí, y deriva también la desorientación interior, el cansancio de un corazón que ya no sabe acompañar al Señor en su camino hacia Jerusalén. Cuiden especialmente el itinerario formativo de sus sacerdotes, desde el nacimiento de la llamada de Dios en sus corazones. La nueva Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, recientemente publicada, es un valioso recurso, aún por aplicar, para que la Iglesia colombiana esté a la altura del don de Dios que nunca ha dejado de llamar al sacerdocio a tantos de sus hijos. No descuiden, por favor, la vida de los consagrados y consagradas. Ellos y ellas constituyen la bofetada kerigmática a toda mundanidad y son llamados a quemar cualquier resaca de valores mundanos en el fuego de las bienaventuranzas vividas sin glosa y en el total abajamiento de sí mismos en el servicio. No los consideren como «recursos de utilidad» para las obras apostólicas; más bien, sepan ver en ellos el grito del amor consagrado de la Esposa: «Ven Señor Jesús» (Ap 22,20). Reserven la misma preocupación formativa a sus laicos, de los cuales depende no sólo la solidez de las comunidades de fe, sino gran parte de la presencia de la Iglesia en el ámbito de la cultura, de la política, de la economía. Formar en la Iglesia significa ponerse en contacto con la fe viviente de la Comunidad viva, introducirse en un patrimonio de experiencias y de respuestas que suscita el Espíritu Santo, porque Él es quien enseña todas las cosas (cf. Jn 14,26). Un pensamiento quisiera dirigir a los desafíos de la Iglesia en la Amazonia, región de la cual con razón están orgullosos, porque es parte esencial de la maravillosa biodiversidad de este País. La Amazonia es para todos nosotros una prueba decisiva para verificar si nuestra sociedad, casi siempre reducida al materialismo y pragmatismo, está en grado de custodiar lo que ha recibido gratuitamente, no para desvalijarlo, sino para hacerlo fecundo. Pienso, sobre todo, en la arcana sabiduría de los pueblos indígenas amazónicos y me pregunto si somos aún capaces de aprender de ellos la sacralidad de la vida, el respeto por la naturaleza, la conciencia de que no solamente la razón instrumental es suficiente para colmar la vida del hombre y responder a sus más inquietantes interrogantes. Por esto los invito a no abandonar a sí misma la Iglesia en Amazonia. La consolidación de un rostro amazónico para la Iglesia que peregrina aquí es un desafío de todos ustedes, que depende del creciente y consciente apoyo misionero de todas las diócesis colombianas y de su entero clero. He escuchado que en algunas lenguas nativas amazónicas para referirse a la palabra «amigo» se usa la expresión «mi otro brazo». Sean por lo tanto el otro brazo de la Amazonia. Colombia no la puede amputar sin ser mutilada en su rostro y en su alma. Queridos hermanos: Los invito ahora a dirigirnos espiritualmente a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, cuya imagen han tenido la delicadeza de traer de su Santuario a la magnífica Catedral de esta ciudad para que también yo la pudiera contemplar. Como bien saben, Colombia no puede darse a sí misma la verdadera Renovación a la que aspira, sino que ésta viene concedida desde lo alto. Supliquémosla al Señor, pues, por medio de la Virgen. Así como en Chiquinquirá Dios ha renovado el esplendor del rostro de su Madre, que Él siga iluminando con su celestial luz el rostro de este entero País y bendiga a la Iglesia de Colombia con su benévola compañía. (from Vatican Radio)...
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"Huyamos de toda tentación de venganza", discurso del Papa a las autoridades de Colombia

Dj, 07/09/2017 - 7:30pm
(RV).- "Es mucho el tiempo pasado en el odio y la venganza... La soledad de estar siempre enfrentados ya se cuenta por décadas y huele a cien años; no queremos que cualquier tipo de violencia restrinja o anule ni una vida más". Con estas palabras el Papa Francisco concluía su discurso en el encuentro que mantuvo con las autoridades, el Cuerpo Diplomático y algunos representantes de la Sociedad Civil de Colombia, que tuvo lugar el jueves 7 de septiembre, en el Palacio presidencial de Bogotá, más conocido como Casa de Nariño.  Tras ser recibido por el presidente de la nación, Juan Manuel Santos acompañado por la Guardia de Honor y después de rendir los correspondientes homenajes a la bandera del país, dio inicio el evento al que asistieron aproximadamente 750 personas.   "Este encuentro me ofrece la oportunidad para expresar el aprecio por los esfuerzos que se hacen, a lo largo de las últimas décadas, para poner fin a la violencia armada y encontrar caminos de reconciliación", dijo Francisco, señalando que los pasos dados hacen crecer la esperanza, en la convicción de que "la búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos". "Que este esfuerzo nos haga huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo", pidió el Pontífice añadiendo que cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente.  "Quise venir hasta aquí para decirles que no están solos, que somos muchos los que queremos acompañarlos en este paso; este viaje quiere ser un aliciente para ustedes, un aporte que en algo allane el camino hacia la reconciliación y la paz", concluyó el Santo Padre. (SL-RV) A continuación el discurso completo del Santo Padre Señor Presidente, Miembros del Gobierno de la República y del Cuerpo Diplomático, Distinguidas Autoridades, Representantes de la sociedad civil, Señoras y señores.   Saludo cordialmente al Señor Presidente de Colombia, Doctor Juan Manuel Santos, y le agradezco su amable invitación a visitar esta Nación en un momento particularmente importante de su historia; saludo a los miembros del Gobierno de la República y del Cuerpo Diplomático. Y, en ustedes, representantes de la sociedad civil, quiero saludar afectuosamente a todo el pueblo colombiano, en estos primeros instantes de mi Viaje Apostólico. Vengo a Colombia siguiendo la huella de mis predecesores, el beato Pablo VI y san Juan Pablo II y, como a ellos, me mueve el deseo de compartir con mis hermanos colombianos el don de la fe, que tan fuertemente arraigó en estas tierras, y la esperanza que palpita en el corazón de todos. Sólo así, con fe y esperanza, se pueden superar las numerosas dificultades del camino y construir un País que sea Patria y casa para todos los colombianos. Colombia es una Nación bendecida de muchísimas maneras; la naturaleza pródiga no sólo permite la admiración por su belleza, sino que también invita a un cuidadoso respeto por su biodiversidad. Colombia es el segundo País del mundo en biodiversidad y, al recorrerlo, se puede gustar y ver qué bueno ha sido el Señor (cf. Sal 33,9) al regalarles tan inmensa variedad de flora y fauna en sus selvas lluviosas, en sus páramos, en el Chocó, los farallones de Cali o las sierras como las de la Macarena y tantos otros lugares. Igual de exuberante es su cultura; y lo más importante, Colombia es rica por la calidad humana de sus gentes, hombres y mujeres de espíritu acogedor y bondadoso; personas con tesón y valentía para sobreponerse a los obstáculos. Este encuentro me ofrece la oportunidad para expresar el aprecio por los esfuerzos que se hacen, a lo largo de las últimas décadas, para poner fin a la violencia armada y encontrar caminos de reconciliación. En el último año ciertamente se ha avanzado de modo particular; los pasos dados hacen crecer la esperanza, en la convicción de que la búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos. Trabajo que nos pide no decaer en el esfuerzo por construir la unidad de la nación y, a pesar de los obstáculos, diferencias y distintos enfoques sobre la manera de lograr la convivencia pacífica, persistir en la lucha para favorecer la cultura del encuentro, que exige colocar en el centro de toda acción política, social y económica, a la persona humana, su altísima dignidad, y el respeto por el bien común. Que este esfuerzo nos haga huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo. Cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 67). El lema de este País dice: «Libertad y Orden». En estas dos palabras se encierra toda una enseñanza. Los ciudadanos deben ser valorados en su libertad y protegidos por un orden estable. No es la ley del más fuerte, sino la fuerza de la ley, la que es aprobada por todos, quien rige la convivencia pacífica. Se necesitan leyes justas que puedan garantizar esa armonía y ayudar a superar los conflictos que han desgarrado esta Nación por décadas; leyes que no nacen de la exigencia pragmática de ordenar la sociedad sino del deseo de resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia. Sólo así se sana de una enfermedad que vuelve frágil e indigna a la sociedad y la deja siempre a las puertas de nuevas crisis. No olvidemos que la inequidad es la raíz de los males sociales (cf. ibíd., 202). En esta perspectiva, los animo a poner la mirada en todos aquellos que hoy son excluidos y marginados por la sociedad, aquellos que no cuentan para la mayoría y son postergados y arrinconados. Todos somos necesarios para crear y formar la sociedad. Esta no se hace sólo con algunos de «pura sangre», sino con todos. Y aquí radica la grandeza y belleza de un País, en que todos tienen cabida y todos son importantes. En la diversidad está la riqueza. Pienso en aquel primer viaje de san Pedro Claver desde Cartagena hasta Bogotá surcando el Magdalena: su asombro es el nuestro. Ayer y hoy, posamos la mirada en las diversas etnias y los habitantes de las zonas más lejanas, los campesinos. La detenemos en los más débiles, en los que son explotados y maltratados, aquellos que no tienen voz porque se les ha privado de ella o no se les ha dado, o no se les reconoce. También detenemos la mirada en la mujer, su aporte, su talento, su ser «madre» en las múltiples tareas. Colombia necesita la participación de todos para abrirse al futuro con esperanza. La Iglesia, en fidelidad a su misión, está comprometida con la paz, la justicia y el bien de todos. Es consciente de que los principios evangélicos constituyen una dimensión significativa del tejido social colombiano, y por eso pueden aportar mucho al crecimiento del País; en especial, el respeto sagrado a la vida humana, sobre todo la más débil e indefensa, es una piedra angular en la construcción de una sociedad libre de violencia. Además, no podemos dejar de destacar la importancia social de la familia, soñada por Dios como el fruto del amor de los esposos, «lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros» (ibíd., 66). Y, por favor, les pido que escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes. En ellos se aprenden verdaderas lecciones de vida, de humanidad, de dignidad. Porque ellos, que entre cadenas gimen, sí que comprenden las palabras del que murió en la cruz —como dice la letra de vuestro himno nacional—. Señoras y señores, tienen delante de sí una hermosa y noble misión, que es al mismo tiempo una difícil tarea. Resuena en el corazón de cada colombiano el aliento del gran compatriota Gabriel García Márquez : «Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera». Es posible entonces, continúa el escritor, «una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra» (Discurso de aceptación del premio Nobel, 1982). Es mucho el tiempo pasado en el odio y la venganza... La soledad de estar siempre enfrentados ya se cuenta por décadas y huele a cien años; no queremos que cualquier tipo de violencia restrinja o anule ni una vida más. Y quise venir hasta aquí para decirles que no están solos, que somos muchos los que queremos acompañarlos en este paso; este viaje quiere ser un aliciente para ustedes, un aporte que en algo allane el camino hacia la reconciliación y la paz. Están presentes en mis oraciones. Rezo por ustedes, por el presente y por el futuro de Colombia.   (from Vatican Radio)...
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Entrevista al padre Darío Echeverri, Secretario General de la Comisión de Conciliación Nacional

Dj, 07/09/2017 - 6:25pm
De nuestra enviada a Colombia, Griselda Mutual (RV).- El gran cometido de la Comisión de Conciliación Nacional es aportar para que los acuerdos y las leyes para aplicarlos, tengan un horizonte de reconciliación: “una misión difícil pero bella, la de la Comisión de Conciliación en este momento de la historia del país”. Así lo afirma el padre Darío Echeverri, Secretario General de la CCN: “ no puede haber una salida militar , porque podría haber dado espacio a la pacificación pero no la paz en el país ,  que es lo que anhelan los colombianos”.   La Comisión de Conciliación Nacional, encabezada desde sus inicios por el Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, realiza un artesanal y comprometido trabajo de construcción de una Colombia reconciliada y en paz. Y lo hace en tres brazos: en el Consejo Episcopal de Paz, integrado por los obispos que trabajan en las regiones más conflictivas; en la Pastoral Social, que es el rostro más humanitario de la Iglesia, y en el tercer lugar a través de la Comisión de Conciliación Nacional, éste último el brazo “laico” de la Iglesia, que le permite ponerse en sintonía con la realidad nacional y las verdaderas significaciones, manifestaciones y caracterizaciones del conflicto. Allí trabajan en sintonía laicos representantes de las fuerzas armadas, académicos, periodistas, hombres y mujeres que juntos plantean una salida a la situación de conflicto “que sea  negociada y con un horizonte claro de la reconciliación ”. Entrevistado por Radio Vaticano el sacerdote explica así el planteo de la CCN en el conflicto colombiano: “la Comisión de Conciliación entabla un diálogo con autoridades, con autonomía frente a las diferentes partes del conflicto, y le planteado al país la necesidad de entender qué es el derecho internacional humanitario, es decir la humanización de la maldita guerra, la necesidad de apoyarse en la comunidad internacional para la salida al conflicto armado que viven los colombianos”. En una Colombia que anhela la paz y la reconciliación, hay aún un gran disenso en relación al acuerdo de paz firmado definitivamente el pasado noviembre.  ¿Cuán frágil es este acuerdo? Yo he dicho en repetidas ocasiones que este acuerdo con las FARC es un niño muy frágil pero es generador de esperanza. Es cierto, las fragilidades son muchas, la desconfianza que pesa sobre él es grande, la pedagogía no ha sido la mejor, pero es un “niño” frágil, que es el acuerdo del gobierno con las FARC para la terminación del conflicto armado, generador de grandes esperanzas de paz y reconciliación para los colombianos. Vale la pena darles todos los aportes críticos, sí, pero tratar de protegerlo y de realizar sobre el mismo una pedagogía que permita a la gente en las diferentes regiones del país comprenderlo, para con lo que es bueno construir paz desde las regiones. Esto es muy importante, y ojalá que el trabajo de Iglesia pueda aportarle al país esa la necesidad que el país tiene. Precisamente hablando de pedagogía: ¿en qué consiste la iniciativa pedagógica para la reconciliación y la paz denominada Acciones Conscientes? Estamos realizando una labor de toma de conciencia de lo que significa y las posibilidades que tendría una Colombia en paz y reconciliada. Para esto nos hemos acercado a las regiones y a las culturas, en Colombia la cultura de los afrodescendientes, de los indígenas, de los caribeños es muy importante, y tratamos de acercar para que la toma de conciencia de las posibilidades que nos ofrecen la paz y conciliación sean muy grandes. Entre otras acciones conscientes nos hemos acercado a las 26 zonas veredales en donde la guerrilla de las FARC se pre concentró e inició allí el proceso de reincorporación en la sociedad. Nosotros nos hemos acercado y trabajado con los sacerdotes y párrocos de esta región. Un trabajo que se hizo antes y después del plebiscito, en el día D 180 y estamos preparando un cuarto encuentro entre los párrocos y comunicadores sociales de estas zonas, en el día doscientos cuarenta. ( ndr: en términos sencillos, el Día D marca el inicio para la fase de implementación del proceso de paz ). ¿Cuál es la situación actual de los veredales, y  qué aceptación han tenido por parte de los campesinos vecinos y el trabajo de la iglesia católica allí? Debo reconocer por una parte, que por parte del gobierno ha habido errores de improvisación muy grandes. Que de parte de las guerrillas ha habido un intento de respuesta que yo juzgaría como positivo. Y puedo decir que en las respuestas hay lugares en donde el proceso marcha bastante bien y hay un mutuo “tender la mano” de las comunidades campesinas a las comunidades de la guerrilla, dándoles una acogida fraterna, con el apoyo y el acompañamiento de la Iglesia. Pero también tengo que reconocer que en otros lugares las improvisaciones, las condiciones de infraestructuras, la desorganización misma de la guerrilla, ha hecho que haya una valoración negativa. Sin embargo la tarea de la Iglesia no ha terminado. Vale la pena que a través de los párrocos y de la presencia pastoral de la Iglesia sirvamos, en primer lugar, a la defensa de los intereses de las comunidades campesinas que son muy frágiles . No tienen quién los defienda, y su mejor defensa proviene de su párroco y de la presencia de la iglesia. Segundo, quién mejor que el párroco puede ser el interlocutor con los hombres de la guerrilla que todavía tienen mucho miedo y se sienten muy mal preparados para reincorporarse en la sociedad. De donde partieron y a la que ofendieron con su accionar guerrillero. Y en tercer lugar es el párroco de la iglesia quien puede tender puentes para que la verificación de las naciones unidas y de la comunidad internacional pueda ser efectiva. Para los europeos es difícil entender la idiosincrasia de los colombianos y de la gente en esas realidades en donde están fijas las comunidades veredales. El párroco puede interferir para que se logre entender y cumplir efectivamente una misión de acompañamiento. ¿Cuáles son los próximos pasos son necesarios según usted, para la consolidación y el avance de la paz? Sabe cuánta alegría y cuántas son las expectativas por la visita del Papa. No importa el acento argentino, pero que bueno que en español castellano pueda hablarles al alma de los colombianos de la reconciliación. Sin esa reconciliación los acuerdos escritos a nada nos conducirán. Y entonces, el próximo paso tras la venida del Papa es que retomemos los colombianos y la Iglesia católica sus enseñanzas, las directrices pastorales que él nos dará y que ayudarán a los colombianos a recorrer el camino de la construcción de la paz. Creo que eso es muy importante. Ojalá el ELN entienda que es la aspiración de la Iglesia y de los colombianos, y que queremos que ellos, que  ellos que dicen que son hijos de la Iglesia y de la teología de la liberación, puedan ofrecer una cuota de responsabilidad, su palabra sobre la paz y la la reconciliación de los colombianos, su compromiso y con la justicia, y su reparación a las víctimas. Eso lo que queremos por eso estamos trabajando.  (from Vatican Radio)...
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Jubilosa acogida al Papa en la Nunciatura Apostólica en Bogotá

Dj, 07/09/2017 - 5:59pm
Minutos después de la partida del vuelo desde Roma hacia Bogotá, el Santo Padre Francisco pidió a los periodistas que lo acompañaban en el vuelo rezar por Colombia y por Venezuela. De nuestra enviada especial a Colombia Bogotá, Griselda Mutual (RV).- Tras atravesar casi 10.000 kilómetros en avión- 9.825 para ser exactos - con doce horas y medio de vuelo, llegó el Papa Francisco a la base aérea Catam del aeropuerto de Bogotá, en donde a recibirlo en el avión fueron el Nuncio Apostólico, Ettore Balestrero y el Jefe de protocolo. Durante el vuelo en el tradicional saludo que realiza el pontífice a los periodistas provenientes de todo el mundo que lo acompañan, el Santo Padre pidió a todos realizar una oración por el viaje a Colombia: “este es un viaje un poco especial – dijo- porque es un viaje para ayudar a Colombia a ir hacia adelante en su camino de paz”. Asimismo, tras recordar que uno de los países sobrevolados es Venezuela, pidió también una oración por este “para que pueda haber diálogo y para que el país encuentra una bella estabilidad y un diálogo con todos”. A su llegada a Bogotá a los pies del velívolo de Alitalia lo esperaban el Presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón, con la consorte, autoridades políticas y civiles, y obispos colombianos, mientras que la bienvenida calurosa fue dispensada por los casi mil fieles presentes en el aeropuerto para recibir al romano pontífice. Desde allí el Santo Padre montó en el Papamóvil para dirigirse a la Nunciatura Apostólica, en donde dormirá durante toda su estadía en Colombia.  En el trayecto se pudo ver y sentir el calor del pueblo colombiano a lo largo de las calles de Bogotá, adornadas con pancartas para la ocasión, mientras que a su llegada a la Nunciatura, el Papa fue recibido por un grupo musical compuesto por miembros del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idipron), una entidad pública que atiende a niños, niñas, adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad social, habitantes de la calle o en riesgo de estarlo), y también un grupo de laicos y sacerdotes católicos que conforman las así llamadas Familias de la Misericordia, (quienes se ocupan de llevar a cabo misiones con grupos de familias en las que buscan salir de su realidad habitual y encontrar al otro, mirar ‘fuera’, a los muchos ‘lejanos’ de Colombia, a tantas familias en dificultad y necesitadas de misericordia, a tantos campos de apostolado aún por explorar). En un gesto de bienvenida los jóvenes de IDIPRON le entregaron al Papa una ruana, tejida por ellos mismos, detalle con el cual han querido hacer sentir al pontífice el calor de Colombia que lo acoge. Otro regalo significativo fue un velón, como símbolo de la luz que es el Papa para los seguidores y creyentes de Cristo fabricado por jóvenes que se encuentran en la primera etapa del camino para abandonar la calle. Y el tercer don fue un vitral,  para que, en palabras textuales “recuerde estos jóvenes que creen y confían en usted”. Ya dentro de la nunciatura, el Santo Padre saludó al personal de servicio que se ocupará de acompañarlo en estos días, y seguidamente depositó una ofrenda floral a la Virgen. Hace algunos días el Nuncio Apostólico presentó a la prensa al personal que acompañará al Papa en la nunciatura durante su estadía en Colombia. Entre ellos, Carmenza Morales, la señora que se ocupará de la cocina, contó que se ofrecerán al pontífice platos tradicionales, como el ajiaco santafereño, fruta fresca como mango y banano, y enyucado, dulce típico de la costa caribeña,  pan de  yuca y pandebono típicos de la Valle del cauca. Un detalle fue que todas las personas que se han preparado para la visita del Papa en la nunciatura realizaron un pequeño sacrificio en ofrecimiento por la visita, escribiéndola en un papelito y depositándolo en una cajita en la capilla: mensajes que probablemente serán leídos por Francisco en estos días.  (from Vatican Radio)...
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Una visita que sirva como gracia para dejar atrás el odio

Dj, 07/09/2017 - 7:31am
(RV).- En un clima de grandes expectativas ha iniciado el 20 Viaje Apostólico del Papa Francisco a Colombia, a llevarse a cabo desde este seis y hasta el próximo 11 de setiembre. Expectativas porque el “Papa de la Paz”, tal como lo llaman muchos de los que lo esperaban en tierra colombiana, visita el territorio en medio de una situación de perplejidad política debido al conflicto armado durado más de 60 años. Han sido casi diez mil los kilómetros recorridos por el Papa Francisco para abrazar al pueblo sufriente de Colombia, que, como dijimos, vive una terrible ruptura como consecuencia de los años de violencia y guerra que han llegado a afectar hasta la mismísima dignidad humana de los colombianos. Es de destacar la importancia de la comprensión de la dimensión espiritual del viaje que realiza el Pontífice, quien llega con una invitación concreta, aquella de ser “artesanos de la paz”, y con una voz de aliento que quiere movilizar a todos, tal como reza el lema de su visita, a “dar el primer paso”. En ese sentido es que los obispos colombianos han retenido necesario reiterar en más de una oportunidad, que la visita del romano pontífice posee un carácter puramente pastoral y evangelizador, rechazando claramente y también poniendo en guardia, acerca de cualquier tipo de manipulación política o ideológica que quiera atribuírsele a la misma.   Es deseo del episcopado colombiano en cambio, que esta visita sirva como gracia para dejar atrás el odio, la venganza, las injusticias y la corrupción, para dar el primer paso en el camino de construcción de una Colombia nueva que vea a partir de sí misma, de su historia y experiencia, un nuevo amanecer trayendo el progreso del pueblo, el respeto de los derechos humanos y una sociedad reconciliada y fraterna. Y un requisito fundamental será con seguridad, aquel de poner al ser humano - en modo definitivo -por encima de cualquier tipo de manipulación política, ideológica y económica. Desde Colombia, Griselda Mutual - Radio Vaticano     (from Vatican Radio)...
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Como Peregrino de esperanza y de paz, el Papa aterrizó en Colombia

Dj, 07/09/2017 - 1:13am
(RV).- Papa Francisco acaba de aterrizar en tierras colombianas. Después de recorrer 9.825 km en un vuelo que ha tenido una duración de 12 horas y 25 minutos, Francisco finalmente llega a la Base Aérea CATAM del aeropuerto de Bogotá en la tarde del miércoles 6 de septiembre, cuando los relojes en Colombia marcaban las 16:30 (23:30 hora local en Roma). Al llegar, el Papa ha sido recibido por el Presidente de la Republica, el Señor Juan Manuel Santos Calderón junto a su esposa y dos niños vestidos con el traje tradicional le han obsequiado con un ramo de flores. jesuita Guillermo Ortiz - RADIO VATICANA Sigue la Ceremonia de Bienvenida en DIRECTO en el siguiente enlace: (from Vatican Radio)...
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El Papa Francisco inició su 20º Viaje Apostólico Internacional a Colombia en búsqueda de la reconciliación y la paz

Dc, 06/09/2017 - 6:14pm
El Papa Francisco ha iniciado en la mañana de este 6 de septiembre su 20º Viaje Apostólico Internacional a Colombia. El avión papal de la línea aérea de bandera italiana despegó esta mañana desde el aeropuerto internacional de Fiumicino poco después de las 11 de la mañana. La llegada a Bogotá está prevista a las 16.30 hora local, las 23.00 en Italia. Un horario que podría sufrir retraso porque, a causa de un huracán en el Caribe, el vuelo realizará una ruta más al sur, entrando en el espacio aéreo de otros tres países: Barbados, Granada y Trinidad y Tobago. En un tuit, ayer, el Papa  pide que rueguen por él “y por toda Colombia donde iré de viaje en búsqueda de la reconciliación y la paz en ese país”. Es la exhortación que dirigió también al pueblo colombiano en un video mensaje por esta visita. Ayer por la tarde, como de costumbre, el Santo Padre se dirigió a la basílica de Santa María La Mayor para encomendar su viaje a la Virgen, la Salus Populi Romani. Y esta mañana, antes de dejar la residencia Santa Marta para dirigirse al aeropuerto, Francisco saludó a dos familias, a las cuales se les quemó la propia vivienda durante los últimos incendios estivos acaecidos en la zona romana de Ponte Mammolo y a quienes la Limosnería Apostólica está brindando su ayuda en nombre del Santo Padre. Durante el vuelo, el Santo Padre dirigió un saludo inicial a los periodistas presentes: “Buenos días y gracias por la compañía, por el trabajo que harán para acompañarme en este viaje que es un poco especial porque es también un viaje para ayudar a Colombia a seguir adelante en su camino de paz. Y también les pido una oración por esto, durante el viaje. Y gracias por todo lo que harán. Quisiera decir también que durante el vuelo sobrevolaremos Venezuela. Y una oración también por Venezuela, para que se pueda dar ahí el diálogo y el país encuentre una buena estabilidad, con el diálogo con todos. Gracias por vuestro trabajo”. (MCM-RV)   (from Vatican Radio)...
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“Como peregrino de esperanza y de paz”, el Papa Francisco inició su 20° Viaje Apostólico a Colombia

Dc, 06/09/2017 - 1:09pm
(RV).- “Demos el primer paso”, con este lema inició la mañana del primer miércoles de septiembre, el 20° Viaje Apostólico del Papa Francisco a Colombia. Como es tradicional, en la víspera de su Visita Apostólica a este país sudamericano, el Santo Padre visitó la tarde del martes 5 de septiembre, la Basílica de Santa María La Mayor, para orar ante el ícono de la Virgen, la Salus Populi Romani, y encomendar a la Madre de Dios esta visita pontificia. En esta quinta peregrinación del Vicario de Cristo a América Latina se espera una extraordinaria participación popular en los encuentros con el Papa. Un Viaje en el que el Obispo de Roma recorrerá 21.178 kilómetros, pronunciará 12 discursos en español y visitará cuatro ciudades: Bogotá, Villa Vicencio, Medellín y Cartagena. Una visita bastante larga, para impulsar los primeros pasos hacia la reconciliación nacional y la paz; donde el Papa Francisco no va como “mediador”, sino – como el mismo dijo en su video mensaje de saludo al pueblo colombiano – “como peregrino de esperanza y de paz, para celebrar con ustedes la fe en nuestro Señor y también para aprender de su caridad y su constancia en busca de la paz y la armonía”. En los diferentes encuentros programados en tierras colombianas, el Santo Padre tocará los ámbitos más delicados de la realidad de este país, tales como, el encuentro con la población que sufre los estragos de la guerra civil y sus consecuencias de muertes y personas desaparecidas; la guerrilla y las injusticias sociales que han provocado 2 millones de desplazados, familias que han debido abandonar sus casas y sus tierras; la pobreza extrema que la violencia ha generado durante el último medio siglo y como telón de fondo de este Viaje está la grave crisis que afecta a Venezuela. A todos ellos el Papa Francisco llevará una palabra de esperanza, e invitará a dar un primer paso, es decir, “a ser los primeros para amar, para crear puentes, para crear fraternidad”. Dar el primer paso, afirma el Papa, nos anima a salir al encuentro del otro y a extender la mano, y darnos el signo de paz. La paz nos recuerda, agrega el Papa, que todos somos hijos de un mismo Padre que nos ama y nos consuela”. (Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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Videomensaje del Papa Francisco al pueblo colombiano a dos días de su Visita Apostólica

Dll, 04/09/2017 - 9:37pm
(RV).- “Como peregrino de esperanza y de paz” parte el Santo Padre rumbo a Colombia el próximo miércoles 6 de septiembre. Así lo ha comunicado en el Videomensaje que se ha hecho público hoy 4 de septiembre, a dos días de su Visita Apostólica al pueblo colombiano. Un Videomensaje en el que el Papa aprovecha para volver a recordar el lema de este viaje : “Demos el primer paso”. Y es que para Francisco dar el primer paso es “ser los primeros para amar, para crear puentes, para crear fraternidad” tal y cómo asegura en su Videomensaje, pero también dar el primer paso anima “a salir al encuentro del otro y a extender la mano, y darnos el signo de paz” . El Papa también comenta en el video que se siente “honrado” de visitar esa tierra rica de historia; rica también de “hombres y mujeres que han trabajo con tesón y constancia para que sea un lugar donde reine la armonía y la fraternidad” y agradece, tanto al presidente de la República, como a los obispos de la Conferencia episcopal y en especial, al Pueblo colombiano , por la invitación a visitar Colombia.  Palabras del Papa Francisco en el Videomensaje al pueblo colombiano: "Querido pueblo de Colombia, dentro de pocos días visitaré vuestro país. Iré como peregrino de esperanza y de paz, para celebrar con ustedes la fe en nuestro Señor y también para aprender de vuestra caridad y vuestra constancia en busca de la paz y la armonía. Los saludo cordialmente y doy las gracias, al señor presidente de la República y a los obispos de la Conferencia episcopal, por la invitación a visitar Colombia. También agradezco a cada uno de ustedes, que me acogen en su tierra y en su corazón. Sé que han trabajado -y han trabajado mucho- para preparar este encuentro. Mi agradecimiento a todos lo que han colaborado y siguen haciéndolo para que sea una realidad. “Demos el primer paso” es el lema de este viaje. Nos recuerda que siempre se necesita dar un primer paso para cualquier actividad y proyecto. También nos empuja a ser los primeros para amar, para crear puentes, para crear fraternidad. Dar el primer paso nos anima a salir al encuentro del otro y a extender la mano, y darnos el signo de paz. La paz es la que Colombia busca desde hace mucho tiempo y trabaja para conseguirla. Una paz estable, duradera, para vernos y tratarnos como hermanos, nunca como enemigos. La paz nos recuerda que todos somos hijos de un mismo Padre que nos ama y nos consuela. Me siento honrado de visitar esa tierra rica de historia, de cultura, de fe, de hombres y mujeres que han trabajo con tesón y constancia para que sea un lugar donde reine la armonía y la fraternidad, donde el Evangelio sea conocido y amado, donde decir hermano y hermana no resulte algo extraño sino un verdadero tesoro a proteger y defender. El mundo de hoy tiene necesidad de consultores de paz y de diálogo. También la Iglesia está llamada a esta tarea, a promover la reconciliación con el Señor y con los hermanos,  y también la reconciliación con el medioambiente que es creación de Dios y que estamos explotando de una manera salvaje. Que esta visita sea como un abrazo fraterno para cada uno de ustedes y en el que sintamos el consuelo y la ternura del Señor. Queridos hermanos y hermanas colombianos, deseo vivir estos días con ustedes con ánimo gozoso, con gratitud al Señor. Los abrazo con afecto y pido al Señor que los bendiga, que proteja vuestro país y les conceda la paz. Y a nuestra Madre, la Virgen Santa, que los cuide. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. Gracias y hasta pronto." (Mireia Bonilla para RV) (from Vatican Radio)...
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Papa a la Comunidad Shalom: “Jóvenes, no se miren al espejo, miren hacia los demás”

Dll, 04/09/2017 - 7:23pm
En la mañana de este lunes 4 de septiembre, el Papa Francisco recibió en audiencia, en el Aula Pablo VI,  a unos 4.000 miembros de la Comunidad Católica Shalom . Hablando en español espontáneamente, el Pontífice los invitó a dar testimonio de la misericordia saliendo de sí mismos, de la autoreferencialidad y del narcisismo . “Esta cultura que nos toca vivir, como es muy egoísta, muy así de mirarse a sí mismo, tiene un dosis muy grande de narcisismo – advirtió el Santo Padre – de ese estar contemplándose a sí mismo y, por lo tanto, ignorar a los demás”. “¡Jóvenes, rompan el espejo! No se miren al espejo porque el espejo engaña, miren hacia afuera, miren hacia los demás”, exhortó el Pontífice. Antes de su discurso, algunos jóvenes relataron al Papa sus experiencias, a las que Francisco respondió.  Palabras del Papa Muchas gracias por los testimonios. Pregunté si podía hablar en español…(Respuesta: ¡Sí!) y no en italiano, así me puedo expresar mejor.  Pero hablando en español, se habla un poco de “portuñol” y un poco de “cocoliche”, que es un poco de italiano y español juntos, así que con el español nos arreglamos. Juan, encontraste en la oración el sentido de tu vida. En la vida fraterna en comunidad y en la evangelización, ¿no es cierto?. Rezando, compartiendo y  evangelizando te diste cuenta que tu vida tenía un sentido. Fíjate que los tres verbos que usaste para explicar esto, son verbos de movimiento, de salir de vos mismo. Saliste de vos mismo en la oración para encontrarte con Dios, saliste de vos mismo en compartir la fraternidad para encontrarte con los hermanos y saliste de vos mismo para ir a evangelizar, para dar una buena noticia. Y la buena noticia –vos usaste la palabra- es la misericordia en un mundo marcado por la desesperanza y por la indiferencia. Es curioso, la misericordia es algo absoluto. Vos no podés hablar sobre la misericordia solamente, la tenés que testimoniar, la tenés que compartir, la tenés que enseñar saliendo de vos mismo. Para hablar de misericordia hay que poner la carne sobre el asador, sino no se entiende ese testimonio de no estar encerrado en sí mismo o en los propios intereses, sino en salir. Salir buscando a Dios. No es fácil buscar a Dios, es todo un camino. Salir compartiendo con los demás -no jugando al “néne” privilegiado a quien le regalan todos los juguetes y todo para él-, y salir para contarle a los demás que Dios es bueno, que Dios te está esperando aún en los peores momentos de la vida. Y eso es quizás el mensaje  de la misericordia que uno puede dar, ¿no? Acordáte del pasaje del hijo que vuelve a la casa. En Lucas capítulo 15 hay una frase que dice que el padre lo vio venir de lejos. Se había ido algunos años antes, los que le llevó gastar toda la plata que tenían. Lo vio venir de lejos. Eso a mí me hace pensar que ese padre, todos los días y quizás a cada rato, subía a la terraza a ver si el hijo volvía. Así es Dios con nosotros. Aún en los peores momentos de pecado, aún en los momentos difíciles. Y sigue el Evangelio: “Y el padre al verlo de lejos se conmovió -con ese verbo que en hebreo significa ‘se le revolvieron las entrañas’, esas entrañas paternas y maternas de Dios- y salió corriendo y se le tiró al cuello”. Ese hijo estaba en el peor de los pecados, en la peor de las situaciones y cuando dijo “voy a mi padre”, el padre ya lo estaba esperando. Esa es la misericordia, no desesperar nunca. Además, parece que nuestro Dios tiene una especial predilección por lo pecadores, incluso los de purasangre, los espera. Así que yo te sugeriría eso, seguí saliendo de vos mismo y hacéle entender a todos que siempre hay un Padre que nos espera con cariño y con ternura al primer paso que nosotros queramos dar. Eso es lo que se me ocurre decirte. Gracias. Justine, que recibiste el bautismo en el jubileo de la misericordia, ¡lindo! Vos te diste cuenta que el haber encontrado a Dios, te llevó a despojarte, a salir de estar centrado en sí mismo hacía afuera, hacia la alegría de vivir por Dios y para Dios. Una de las cosas – acá son todos jóvenes, incluso ustedes que son jóvenes en la segunda vuelta, todos jóvenes, jóvenes de la segunda etapa-, una de las cosas que caracteriza la juventud y la eterna juventud de Dios, porque Dios es eternamente joven, se la alegría, “la gioia”, la alegría. A la alegría se opone la tristeza, una tristeza que es precisamente de lo que vos saliste. Vos saliste de algo que produce tristeza que es estar centrado en sí mismo, la autoreferencialidad. Un joven que se mete en sí mismo, que vive solamente para sí mismo, termina – y espero que entiendan el verbo, porque es un verbo argentino- termina “empachado” de autoreferencialidad, es decir, lleno de autoreferencialidad.  Hay una imagen que me viene ahora, esta cultura que nos toca vivir, como es muy egoísta, muy así (gesto), de mirarse a sí mismo, tiene un dosis muy grande de narcisismo, de ese estar contemplándose así mismo, y por lo tanto, ignorar a los demás. El narcisismo te produce tristeza porque vivís preocupado de maquillarte el alma todos los días, de aparecer mejor de lo que sos, de contemplar si tenés una belleza mejor que la de los demás, es la enfermedad del espejo. ¡Jóvenes, rompan el espejo! No se miren al espejo porque el espejo engaña, miren hacia afuera, miren hacia los demás, escapen de este mundo, de esta cultura que estamos viviendo - a la que vos hiciste referencia-, que es consumista y narcisista. Y si algún día quieren mirarse en  el espejo, les doy un consejo: mírense al espejo para reírse de sí mismos. Hagan la prueba un día, miren y empiecen a reírse de eso que ven ahí, se les va a refrescar el alma. Saber reírse de sí mismos, eso da alegría y nos salva de la tentación del narcisismo. Gracias, Justine. Mateus, hablaste portugués, brasilero. Yo tengo que hacerte una pregunta: ¿Quién es mejor Pelé o Maradona? (Risas y aplausos de los participantes). Por mucho tiempo, pasaste por el túnel de la droga y es uno de los instrumentos que tiene la cultura en la cual vivimos para dominarnos, y es, por otro lado, como una necesidad que nosotros tenemos para hacernos sutiles, invisibles a nosotros mismos, como si fuéramos de aire. La droga nos lleva a negar todo lo que tenemos de arraigo, de arraigo carnal, de arraigo histórico, de arraigo problemático, todo lo que sea arraigo. Te quita la raíz y te hace vivir en un mundo sin raíces, desarraigado de todo. Desarraigado de proyectos, desarraigado del presente, desarraigado de tu pasado, de tu historia, desarraigado de tu patria, de tu familia, de tu amor, de todo. Uno vive en un mundo sin ningún arraigo y ese es el drama de la droga. Jóvenes totalmente desarraigados sin compromisos reales, es decir, sin verdaderos compromisos de carne porque en la droga, ni tu propio cuerpo sentís. Y después de haber pasado por esa experiencia de invisibilidad, y después de haber vuelto a tomar conciencia, te diste cuenta de todos los arraigos que hay en el corazón. Yo le pregunto a cada uno de ustedes: ¿Son conscientes de los verdaderos arraigos que hay en el corazón, son conscientes de sus raíces, son conscientes de sus amores, son conscientes de sus proyectos, son conscientes de la capacidad creativa que tienen, son conscientes de que son poetas en este universo para crear cosas nuevas y lindas?. Salir de la droga es ir tomando consciencia de eso, testimonio de uno que viene, por esto nos pone estas preguntas que yo acabo de hacer. Y cada uno se responde: “ ¿Yo soy consciente de tener los pies sobre la tierra con todo lo que significa de arraigo histórico, social, de arraigo de sabiduría, de amor, de proyectos, de capacidad creativa? Y vos querés corresponder al plan de Dios y te das cuenta que para ti es consolar los dolores de la humanidad, y decís que en este camino sinodal querés discernir tu vocación. Y en este camino sinodal todos tenemos que discernir nuestra vocación - como vos decís- para ver qué nos quiere decir el Señor en vistas a una misión. Yo te lo voy a decir con una sola palabra, que no es mía, dar gratuitamente. Si vos estás acá, si nosotros estamos acá, es porque gratuitamente nos trajeron acá. Por favor, demos gratuitamente lo que hemos recibido. Dar gratuitamente lo que hemos recibido. Y dar gratuitamente te llena el alma, te descomercializa, te hace magnánimo, te enseña a abrazar y a besar, te hace sonreír, te desata de todo interés de tipo egoísta. Da gratuitamente lo que gratuitamente recibiste, esa es la enseñanza que Él nos está invitando a hacer. (Respuesta con un débil “si”) ¡Ay, Dios mío, cómo están! Parece que yo en vez de darles ánimo les estoy dando un calmante nervioso para dormirlos. Y los más adultos, los más antiguos de la Comunidad Shalom qué tienen que hacer, qué servicio nos está pidiendo hoy este mundo, este carisma, esta comunidad, qué servicio. Aquí hay una cosa, está lindo, los más antiguos y los más jóvenes: el servicio que se les pide es el diálogo, el diálogo entre ustedes, pasar la antorcha, pasar la herencia, pasar el carisma, pasar la vivencia interior de ustedes. Pero quiero ir más allá, y uno de los desafíos que hoy este mundo nos pide es el diálogo entre los jóvenes y los ancianos, y en esto me baso en el testimonio de ustedes:  “Si padre, ya se lo oímos decir”. Y me lo van a escuchar decir varias veces más: diálogo entre los jóvenes y los ancianos. Los jóvenes necesitamos escuchar a los ancianos y los ancianos necesitamos escuchar a los jóvenes. “Y yo qué voy a hacer” puede preguntar un joven: “qué voy a hacer, hablar con un anciano, aburrido va a ser eso”. Yo tengo la experiencia de haberlo visto muchas veces en la otra diócesis, ir con un grupo de jóvenes, por ejemplo, a una casa de reposo o un asilo a tocar la guitarra a los ancianos. Y bueno, si tocar la guitarra y después empieza el diálogo, es espontáneo, se da, nace solo, y los jóvenes no se quieren ir de ahí porque de los ancianos sale sabiduría, pero una sabiduría que les llega al corazón y los empuja a ir adelante. Los ancianos – para ustedes jóvenes- no son para guardarlos en el ropero, los ancianos no son para tenerlos escondidos, los ancianos están esperando que un joven vaya y los haga hablar, que los haga soñar. Y ustedes jóvenes necesitan recibir de esos hombres y de esas mujeres, esos sueños, esas ilusiones que los hagan revivir. Esa sería mi respuesta a la experiencia que los más antiguos en diálogo con los más jóvenes del Movimiento Shalom tendrían que hacer. Enseñar y ayudar al diálogo entre jóvenes y ancianos. “Si, yo hablo con mi mamá, con mi papá”- no, tu papá y tu mamá no son ancianos, hablá con tu abuelo y tu abuela, o sea, una generación más allá, ellos tienen la sabiduría, y ellos, más aún, tienen necesidad que le golpees el corazón para que te den la sabiduría. Y ese sería como la recomendación que yo les doy, anímense, anímense a ese diálogo, ese diálogo es promesa para el futuro, ese diálogo los va ayudar a ir adelante. No sé si respondí tu pregunta. (Moisés responde: “si”) Muy bien, gracias. No sé cómo sigue el programa ahora pero me quedó una duda al final de la última pregunta del diálogo jóvenes y ancianos: ¿Moisés es joven o anciano? (Respuesta: Sono come te Santo Padre, sono come Lei). Y por favor, les pido que no se olviden de rezar por mí. Gracias.   (MCM-RV)   (from Vatican Radio)...
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La llegada del Papa a Colombia es «esperanza»

Dll, 04/09/2017 - 12:34pm
(RV).- «Demos el primer Paso» : el lema del viaje del Papa Francisco a Colombia es también el título del himno oficial para la visita papal elegido a través del concurso "Cántale al Papa", lanzado por la CEC. La canción fue escogida entre 465 canciones y es interpretada por el grupo 'Músicos Católicos Unidos', conformado por setenta representantes de los ministerios de música, laicos y religiosos. En esta emisión de Cadena de Amistad , además de oír un fragmento de la canción, presentamos la entrevista a José Luis Valderrama, Docente en comunicación de la Emisora Colombiana Javeriana Estéreo Cali : a él le preguntamos qué clima encontrará el Papa Francisco a su llegada, en una Colombia que se encuentra en pleno proceso de implementación de los acuerdos de paz firmados en noviembre pasado.  "Colombia está atravesando un momento especial, toda vez que estamos hablando de procesos de paz, tras seis décadas de guerras que han atravesado todas las regiones del país", explica en primer lugar el docente José Luis Valderrama". "Se trata de un período significativo que el gobierno colombiano llama el post conflicto pero que algunos preferimos llamar el post acuerdo ". "Esto ha hecho que Colombia respire un ambiente un poco polarizado, en donde algunos ven con muy buenos ojos el proceso que ha desarrollado el presidente Manuel Santos, mientras otros lo ven con escepticismo", y esto porque "muchos ponen en tela de juicio que un acuerdo entre el Estado y un agente armado como las Farc, vaya a desembocar en una verdadera paz". "Por otra parte - prosigue Valderrama - "el proceso de paz es un proceso mediatizado". "Por un lado los medios que tienen tintes empresariales y políticos muy marcados, defienden el proceso de paz, pero también hay quienes dicen: 'eso no nos garantiza nada, no les creemos a las FARC'". "Esto ha sumergido a Colombia en un clima bastante difícil".    "En este clima llega Francisco: creo que es una llegada muy pertinente porque uno de los términos que representa la llegada del Papa es «esperanza» y creo que nos va a permitir entender qué significa emprender caminos que conducen a la paz". "Necesitamos un llamado a la calma, a la alteridad. Porque estamos pensando que la paz la hacen los otros, que el del problema es otro, y que quien debe resolver el problema de la guerra es otro. Eso es un error: yo mismo debo empezar a hacer algo. Estamos olvidando una cosa fundamental, independientemente de cuál sea mi opción de fe y es el perdón . Para poder construir la paz hay que perdonar ".   (Griselda Mutual - Radio Vaticano) Apréndetela y cántala con nosotros:  Mensajero lleno de alegría eres enviado del Señor vienes como lluvia en el desierto dándole esperanza a nuestro pueblo Te esperábamos con las puertas abiertas nuestras almas dispuestas a recibir tu bendición Coro: Nos traes luz nos traes paz nos traes palabras de verdad y nuestra gente sabrá hallar en Dios la libertad Nos traes luz nos traes paz nos traes palabras de verdad y nuestra gente podrá hallar en Dios la libertad Corazones llenos de alegría Colombia te recibe hoy unida en medio de barreras y quebrantos queremos ofrecerte nuestro canto Te esperábamos con las puertas abiertas nuestras almas dispuestas a recibir tu bendición. (from Vatican Radio)...
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Dolor y solidaridad del Papa Francisco hacia las víctimas afectadas por el huracán Harvey

Dg, 03/09/2017 - 2:21pm
(RV).- En el primer domingo del mes de septiembre, Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, el Papa Francisco inmediatamente después de finalizar la oración mariana a la Madre del Cielo, nombró a las poblaciones de Texas y de Louisiana para expresar nuevamente su dolor y solidaridad hacia las víctimas afectadas por el huracán Harvey que dejó al menos cinco víctimas mortales y decenas de heridos a su paso por Houston. Recordamos que ya el pasado jueves 31 de agosto el Santo Padre envió un telegrama al arzobispo de Galveston-Houston , el cardenal Daniel Di Nardo, a través del Secretario de Estado Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin, en el que el Pontífice transmitió su “cercanía espiritual y atención pastoral por todos los que han sido afectados por el violento huracán que ha atravesado Texas y Louisiana”.  También en el telegrama, Francisco se expresó “profundamente conmovido por la trágica pérdida de vida y por la inmensa devastación que esta catástrofe natural ha dejado a su paso”. Antes de saludar a los peregrinos provenientes de Italia y de diferentes países, el Santo Padre encomendó a estas poblaciones afectadas por el huracán, a la protección materna de María Santísima , consoladora de los afligidos.  Palabras del Papa Francisco después del Ángelus: Queridos hermanos y hermanas, Mientras renuevo mi espiritual cercanía a las poblaciones de Asia Meridional, que aún padecen las consecuencias de los fuertes aluviones, deseo expresar también mi viva participación al sufrimiento de los habitantes de Texas y de Louisiana, afectados por un huracán y por las lluvias excepcionales, que han provocado víctimas, miles de personas desplazadas y considerables daños materiales. Pido a María Santísima, consoladora de los afligidos, que obtenga del Señor la gracia de consuelo para nuestros hermanos duramente probados. Saludo a todos vosotros, queridos peregrinos provenientes de Italia y de diversos países. En particular, a los peregrinos de las parroquias de Sarmede, Anzano y la Capilla Mayor de la diócesis de Vittorio Veneto, a los fieles de las Islas Canarias, al cuerpo del bandistico de Pontevico, las personas confirmadas de Mariano al Brembo, de Padria y de Prevalle, a los chicos de Chizzola, de Cagliari y de Bellagio. Quiero agradeceros a todos ustedes, que me deseáis un buen viaje. ¡Gracias, gracias! Deseo a todos un buen domingo y, por favor no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista! (Mireia Bonilla para RV) (from Vatican Radio)...
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