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Notícies d'Esglèsia

VN Catalunya

Catalunya Religió (ES) - Dm, 19/01/2038 - 4:14am
Categories: Notícies d'Esglèsia

Sanz: Lo que fui es lo que soy

Pantalla 90 (CEE) - Dm, 24/04/2018 - 2:38pm

Sanz: Lo que fui es lo que soy  

Pública recomendado: Jóvenes y adultos

El pasado verano de 2017 se cumplía el 20 aniversario de Más, el disco español más vendido con más de 12 millones de copias. Su protagonista: Alejandro Sánchez Pizarro, más conocido como Alejandro Sanz. Esta es la línea argumental sobre el que pivota el documental sobre el cantante madrileño, titulado Sanz: Lo que fui es lo que soy, realizado por Óscar García Blesa, Mercedes Cantero, Alexis Morante y Gervasio Iglesias, y con la producción de Telecinco.

El filme recoge, entre otros, momentos familiares en fotografías, grabaciones caseras y retrospectivas de Sanz, nacido en el barrio madrileño de Pueblo Nuevo y establecido posteriormente a los ocho años en Moratalaz. De padre y madre gaditanos, vinieron a Madrid donde nació él y su hermano Jesús. De su padre, Jesús Sánchez Madero, Alejandro aprendió a amar la música desde pequeño, porque era cantante profesional que recorría España constantemente. Sanz lo recuerda en el documental y subraya el coraje de su madre para sacar sola adelante a la familia.

Los realizadores de este biopic han recorrido las distintas etapas de la vida del cantante. De adolescentes, dirá Alejandro “cantaba con un amigo en el puente que une Moratalaz con La Estrella y nos hacíamos a la idea que las luces de los coches eran mecheros encendidos en un concierto”.

Grabó su primer disco a los 20 años,  Los chulos son pa’ cuidarlos (de estilo techno-flamenco), que no ha querido recoger en su discografía oficial, al no quedar contento. Su productor fue Miguel Ángel Arenas “Capi”, como también del segundo, esta vez publicado por la Warner Music, Viviendo deprisa (1991), verdadero despegue de Sanz tras pasar por tugurios de toda índole.

Su entrega a la pasión musical, edificada en una vocación inquebrantable para estar cierto de que para eso había nacido, le llevó a promocionar su disco en conciertos en todo tipo de locales de la geografía española. Trabajo incansable que le dio a conocer y con el que la gente se enganchó a temas como Pisando fuerte y Se le apagó la luz.

Generoso con el esfuerzo, ese periplo lo agrandó posteriormente, como recoge el filme, en su gira por distintos países de Sudamérica y de Europa, llevando sus canciones de Más, verdadero punto de inflexión en su carrera. Su Corazón partió estuvo 70 semanas en las listas musicales de varias naciones.

Bien trenzado en un montaje pertinente por los directores Óscar García Blesa, Mercedes Cantero, Alexis Morante y Gervasio Iglesias, también han recogido la centralidad en la vida del cantante madrileño de sus raíces sureñas con el flamenco (su amistad con Paco de Lucía y otros artistas andaluces) y los ritmos aledaños, que Sanz ha sabido imbricar en el pop con su voz “arenosa”.

El filme aúna los momentos duros del artista con la separación de su primera mujer, Jaydy Michel, que no fue reconocido en ninguno de los países de los contrayentes. En 2005 se divorciaron, año en el que también murió su padre, que sumió —y así lo vemos en la cinta— a Sanz en una pena profunda. A esto se unieron denuncias de algunos colaboradores suyos.

En la personalidad de Alejandro Sanz, hay una impronta neurálgica que es su pasión familiar. “Las navidades nos juntamos toda la familia para celebrarla, en ella asisten más de 90 primos”, afirma, en un cortijo que compró exprofeso para las reuniones familiares (momentos en los que juega a la cartas con sus tíos o bromea con los primos). Lugar que no podrán vender nunca sus hijos, “porque es para que la familia siga unida”, subraya.

En él, rodeado de naturaleza, los realizadores de Sanz: Lo que fui es lo que soy dan el protagonismo de línea de tiempo sobre el que engarzan los momentos de la vida del artista. En esa finca, pondrán casi el epílogo con la visita de Alejandro a una pequeña ermita, único momento que recoge la impronta religiosa de Sanz inculcada, suponemos, en la idiosincrasia familiar. El final irá al principio con retazos del gran concierto ante más de 60.000 personas en el estadio de fútbol de Vicente Calderón, que dio en junio del pasado año.

 

Sanz: Lo que fui es lo que soy

Dirección: Óscar García Blesa, Mercedes Cantero, Alexis Morante y Gervasio Iglesias.
Producido: Telecinco.

 

Categories: Notícies d'Esglèsia

Un lugar tranquilo

Pantalla 90 (CEE) - Dm, 24/04/2018 - 12:19pm

Un lugar tranquilo 

Público recomendado: Adultos
Un lugar tranquilo es una típica película de Hollywood aunque excepcionalmente bien envuelta. Tanto, que casi parece una cinta independiente realizada por un estudio miserable en los márgenes del sistema, pero no. Detrás de Un lugar tranquilo está, nada menos que Michael Bay, director de taquillazos como Dos policías rebeldes, La roca, Armageddon o la saga Transformers, que aquí, en cambio, ejerce como productor. Ya se que de dirigir a producir hay un salto importante pero es que el señor Bay lleva apadrinando películas de terror, más o menos del estilo de Un lugar tranquilo desde el año 2003, cuando estrenó el remake de La matanza de Texas. Y no es que hayan sido muy buenas. Es verdad que tampoco han sido espantosas, pero buenas, lo que se dicen buenas, no hay ninguna. De hecho, hay más malas que buenas, pero no nos vamos a meter en semejante berenjenal ahora.

El caso es que Un lugar tranquilo, siendo más de lo mismo, lo es al menos de una forma radicalmente distinta. Les pongo en situación. La película nos traslada a un mundo devastado por unas extrañas criaturas. De dónde han salido y lo que son, es lo de menos, lo que sí importa es que son ciegas y lo más importante, tienen el sentido del oído extraordinariamente desarrollado. De hecho, es tan peligroso hacer el más mínimo ruido que los personajes se comunican a través del lenguaje de signos.

Todo esto provoca algo realmente interesante y al mismo tiempo verdaderamente radical y arriesgado y es que en esencia, Un lugar tranquilo sea una película muda. Habrá, a lo largo de su escueta hora y media, cuatro minutos de diálogo, y pare usted de contar. Eso sí, esto no significa que el film no funcione, incluso que no sea emocionante y lo que es más, que al final no deje de ser más de lo mismo.

Y si un largometraje a efectos prácticos, mudo, funciona, es porque la película está bien hecha. Podrá gustar más o menos, pero no se le puede negar que detrás había quien sabía cómo hacer las cosas. De hecho, el único problema que podría tener Un lugar tranquilo es que al final, lo que nos propone la historia lo hemos visto un millón de veces: que la familia que lucha unida permanece unida. Lo interesante de Un lugar tranquilo es cómo se nos plantea esta historia, sus detalles, su planificación, sus ruidos, sus gruñidos, sus (escasos) gritos y sus (contados) disparos.

De todos modos, insisto, no me cansaré de decirlo, al final Un lugar tranquilo es cierto que es más de lo mismo. La cosa se puede intuir más o menos a los primeros diez minutos de haber empezado la película. Pese a todo, tampoco me cansaré de decirlo, vale la pena darle una oportunidad. Tiene escenas muy bien rodadas y además la familia es el hilo conductor de la película, por lo que implica enfrentarse a una amenaza unida, por lo que conlleva romper el núcleo familiar y por el detalle de que la madre esté embarazada. Atentos a la escena del parto. Como no podría ser de otro modo, en el peor momento…

De todos modos, como buena película que, insisto una vez más, en el fondo, es más de lo mismo, aunque esté calificada como una película de terror, miedo da el justito. Las escenas de sangre no son muy abundantes si es que hay alguna y en conjunto el producto está pensado para que sea visto de forma masiva sin provocar excesivos traumas. Eso sí, insisto en insistir, vale la pena verla solo por lo que supone hacer algo, en el fondo, tan convencional como radical, como Un lugar tranquilo.

Ramón Monedero

Ficha técnica:

(A Quiet Place)

(Estados Unidos, 2018)

Dirección: John Krasinski

Interpretación: Emily Blunt (Evelyn Abbott), John Krasinski (Lee Abbott), Millicent Simmonsd (Regan Abbott), Noah Jupe (Marcus Abbott), CadeWoodward (Beau Abbott), Leon Russom (Hombre en el bosque) y Doris McCarthy (Mujer en el bosque).

Duración: 95 min.

Distribuidora: Universal Pictures International

Género: Terror

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Fireworks

Pantalla 90 (CEE) - Dm, 24/04/2018 - 9:58am

Fireworks 

Público recomendado: Jóvenes – Adultos.

Vacaciones de verano en una ciudad costera. Después de que se celebre el festival de fuegos artificiales, Nazuna se trasladará a otro instituto como consecuencia del nuevo matrimonio de su madre. Ella trata de convencer a Norimichi para que se escape de la ciudad con ella, sin embargo, a causa de su madre, él se convierte en un simple observador y no la ayuda. Agobiado por el pensamiento de que debería haber actuado de forma diferente, Norimichi lanza una misteriosa esfera luminosa que le permite regresar al pasado. ¿Podrá cambiar el destino de ambos?

Es un hecho: el cine de animación japonés está arrasando en el mundo entero. Y es que desde la llegada de Your Name parece que no dejamos de recibir y de redescubrir pequeñas joyas de este género que en un principio parecía estar enormemente dominado por los estudios americanos. Sin embargo, afortunadamente este estigma está desapareciendo poco a poco y se están abriendo las puertas a un cine mucho más incluyente con films de diferentes procedencias. En esta ocasión hablaremos precisamente de la última película del productor de Your Name: FireWorks, la cual está dirigida por Nobuyuki Takeuchi (animador de films como Ponyo o El viaje de Chihiro) y Akiyuki Shinbo.

El estudio apuesta por una representación del amor desde una perspectiva de inocencia y juventud, mientras que a su vez se pone de manifiesto la muy recurrente cuestión de los viajes en el tiempo. Su historia, basada en la telenovela y película homónimas de Shunji Iwai (1993), resulta original y presenta un toque de incertidumbre y cierta magia durante todo el film. Sin embargo, en muchas ocasiones peca de repetitiva y de poca cohesión entre escenas.

En general su animación es buena, pero la calidad en el detalle de los personajes y de sus movimientos no es nada fuera de lo común. Su estilo narrativo es bastante simple, y aunque en ciertos momentos sí que desborda en efectos con aspecto 3D con gran colorido, termina siendo más una exageración a la hora de exhibir las situaciones y los ambientes, de tal forma que en vez de resultar imaginativos, acaban por ser no creíbles, algo extraños, e incluso difíciles de comprender.

Centrándonos de nuevo en el argumento, es muy interesante lo bien que los guionistas han conseguido captar esa sensación que todos hemos tenido alguna vez sobre querer volver atrás en el tiempo y cambiar algo que no ha salido como esperábamos. Normalmente el desenlace de este tipo de películas recae sobre las acciones de los personajes donde por más que vuelven al pasado algo siempre termina saliendo mal. Sin embargo, FireWorks opta por representarnos esto mediante la creación de mundos totalmente paralelos, dando a entender que las cosas son como son, y que si quisiésemos cambiar algo que ya ha ocurrido y que estaba destinado a pasar, tan solo estamos pretendiendo vivir en una realidad que no existe, porque realidad, solo hay una. Por eso la comparación con la pregunta de los fuegos artificiales me resulta tan poética y tan acorde con lo que quiere expresar el film.

Para concluir, podemos afirmar que la película es visualmente agradable, con un trasfondo muy bonito sobre la aceptación de las injusticias de la vida, la amistad y el amor de instituto. Los sueños tienen un peso importante durante todo el largometraje y se mezclan en su expresión tanto narrativa como visual, creando una pieza extraña, pero única en su estilo. Sin duda, su éxito no irá más allá que el de su duración en cartelera, aunque tampoco pasará desapercibida.

 

Ana Mirón Campos.

 

 

 

Ficha técnica:

(Uchiage Hanabi, Shita Kara Miru ka? Yoko Kara Miru ka?, 2017 ,Japón.)

Director: Akiyuki Shimbo, Nobuyuki Takeuchi

Productora: Shaft.

Distribuidora: Selecta Visión.

Duración: 90 minutos.

Género: Animación, Romance, Drama, Fantasía.

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Los hambrientos

Pantalla 90 (CEE) - Dll, 16/04/2018 - 2:06pm

Los hambrientos 

Público recomendado: Adultos

Lo habitual en las películas de zombis es que los muertos vivientes no sean más que una excusa que se utiliza para poner en evidencia las miserias de los seres humanos. Es decir, los zombis son detonantes aunque ellos no son los que realmente deberían interesar. Sin embargo en Los hambrientos la cosa cambia. Ignoro si se hizo de forma premeditada o no pero en el film de Robin Aubert los protagonistas humanos son de lo menos interesante del conjunto. Están todos los que son habituales en películas como estas y no faltan las carreras, las casas, los cobertizos, los bunkers, la sangre y desde luego, un final abierto para imaginar qué deparará a sus protagonistas. De modo que en este sentido, todo es bastante previsible.

Los hambrientos deja de ser previsible cuando nos detenemos en sus zombis y en su enrarecida inteligencia. Son capaces de ejecutar emboscadas y parece que hasta pueden comunicarse por no mencionar esa inquietante tendencia que tienen a construir cosas con los desechos de una sociedad que andan devorando.

Al mismo tiempo, Los hambrientos es interesante por cómo se nos expone el drama. Ajeno a las correrías propias de las películas de zombis y al nerviosismo que suele invadirlas la cámara de Aubert es casi ascética, contemplativa, con lo que sucede delante de ella y, esto es importante, a su alrededor.

Las cosas pasan delante de la cámara pero también en su entorno y a veces las vemos y otras no pero no importa porque siempre las percibimos y eso es lo importante. En Los hambrientos los zombis andan confeccionando su propia sociedad cuando la que estaba ahí aún no se la han comido.

Es una película complicada. Seguramente deje un poco frío a los fans del género aunque esté proponiendo cosas nuevas. Al mismo tiempo es muy probable que escandalice al resto, poco acostumbrado a determinadas escenas de sangre y a un sentido del humor progresivamente negro.

Esto no quiere decir que Los hambrientos no tengas sus virtudes. Es una cinta interesante y además propone cosas nuevas. Recomendable aunque con matices.

Ramón Monedero

Ficha técnica:

(Les affamés)

(Canadá, 2017)

Dirección: Robin Aubert

Interpretación: Marc-André Grodin (Bonin), Monia Chokri (Tania), Charlotte St-Martin (Zoé), Micheline Lanctot (Pauline), Marie-Ginette Guay (Thérèse) y Brigitte Poupart (Céline).

Duración: 103 min.

Distribuidora: La aventura

Género: Terror

Categories: Notícies d'Esglèsia

Proyecto Rampage

Pantalla 90 (CEE) - Dll, 16/04/2018 - 12:19pm

Proyecto Rampage 

Público recomendado: jóvenes

Una nueva película de monstruos que invaden y destruyen la ciudad se estrena en cines: Proyecto Rampage, de Brad Peyton (San Andrés, Como perros y gatos: La venganza de Kitty Galore), adaptación de un videojuego de los años 80 del mismo nombre, donde cada jugador “pilota” su monstruo para laminar ciudades. En la versión cinematográfica, Davis Okoye (Dwayne Johnson: Jumanji: Bienvenidos a la jungla, Baywatch: Los vigilantes de la playa) es su protagonista.

El inicio promete con buenas escenas de una estación espacial en “problemas”, motivados por un “ser extraño” en su interior, a las que continúan otras con el amaestrador de gorilas Okoye, con unos diálogos inteligentes. Entre él y George, un gorila albino, existe una relación amistosa gracias a la comunicación por signos que Okoye ha enseñado al simio, por cierto muy bien caracterizado.

Todo se va al traste cuando la cápsula en la que viajaba la única superviviente de la estación espacial explota y se precipita contra la tierra. En ella viajan unas fórmulas, elaboradas por una empresa genética, capaces de mutar el crecimiento a quienes les afectan (en este caso animales) y uno de ellos será George. Pero no solo él, sino un lobo y una especie de cocodrilo. Los tres bichos gigantes e indestructibles arrasan lo que se encuentran.

La actuación destructiva de los animales está muy bien planteada y contiene un desarrollo con buenos efectos especiales que confieren una acción trepidante que va en aumento a medida que se acerca el final del filme

Por su parte, los actores están dirigidos profesionalmente. Al musculoso Dwayne Johnson le acompaña Naomie Harris (Moonlight), una científica a la que echaron de la empresa genética. Hay un agente federal que da el toque de humor y que “relaja” el ambiente “terrorífico” del filme.

No obstante, el carácter repetitivo de las actividades animalescas en su periplo destructivo y, el sacrificio de Okoye para recuperar a su amigo George de la paranoia inducida por los maquiavélicos empresarios genetistas, tal vez no basten para retener el interés del espectador. Es sabido que lo mucho cansa, por lo que conviene administrar siempre las dosis.

La relación de películas de animales gigantes destruyendo a sus anchas es notable, y no todas cuentan con los suficientes mimbres para provocar un interés continuado por parte de espectadores más exigentes. Por supuesto, siempre habrá otros muchos que les bastará para cambiar las rutinas laborales de la semana.

 

Enrique Chuvieco

 

Título original: Rampage – EE.UU – 2018

Director: Brad Peyton

Reparto:

Dwayne Johnson, Naomie Harris, Joe Manganiello, Marley Shelton, Jeffrey Dean Morgan.

Género: Acción, Aventura, Ciencia ficción

Duración: 107 minutos

 

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1945

Pantalla 90 (CEE) - Dc, 11/04/2018 - 12:38pm

1945 

Público recomendado: jóvenes

¿Cómo trasladas a la gran pantalla una historia del Holocausto, sin que suene ya a algo visto, manido y agotado por los cuatro costados? Cuesta a horrores imaginar el tremendo trabajo que tuvo que llevar a cabo László Nemes para situar su historia desde un punto de vista original para contarnos lo que acontece en El hijo de Saul, a pesar que las inevitables comparaciones que sufre con La zona gris, mucho más dura y narrativamente más sencilla. A estas alturas, confiamos más en lo europeos en los de “el otro lado del charco” para ver películas o series sobre los hecho de la II Guerra Mundial. Por ello, en los últimos años hemos tenido varias obras que nos han complacido por mostrarnos una realidad desde otras perspectivas. 1945 es una de esas películas: una virtuosa pieza desde el punto de vista técnico, pero que no consigue sacar toda la miga que podría tener la interesante propuesta.

Recién acabada la guerra, un pueblo de Hungría se prepara para la celebración de una boda, a la que vez que se anuncia la llegada de dos antiguos habitantes judíos del lugar. Por momentos, por la portentosa composición de planos, el director juega a ser el Michel Haneke de La cinta blanca por varios motivos: su fotografía en blanco y negro,  que en este caso otorga a la cinta el aire trágico que Europa poseía tras el fin de la sanguinaria batalla; su simbolismo implícito en un historia con moraleja final y tono casi bíblico; sus personajes, condenados desde el principio de la cinta y sin posibilidad de alcanzar la salvación; la estructura narrativa, donde la historia es una mera excusa para pintarnos un lienzo con los distintos habitantes del pueblo húngaro. Todo ello, eso sí, bajo una un manto místico a lo Béla Tarr en su intensa  Sátántangó. Sin embargo, los vaivenes de los ciudadanos no le permites a su realizador conseguir un equilibrio firme que apoye todo el conjunto y ocurre por un motivo: la mayoría de los personajes están poco desarrollados para lo que Ferenc Török quiere sustentar en base a cada uno de ellos. Incluso podríamos culpar de estereotipar ciertos comportamientos o hacer demasiado evidentes. A pesar de todo, como ya se ha dicho, visualmente es una obra sobresaliente: la fotografía sobreexpuesta del experimentado Elemér Ragályi consigue encerrar todo el aire a tragedia que se palpa desde el principio el film.

En definitiva: una película que nos habla de la culpa y la hipocresía del pueblo europeo durante la II Guerra Mundial, y que crítica con dureza el costumbrismo del pueblo húngaro. A pesar de todo el resultado queda a medias de lo que podría haber sido, relegando su nota a una calificación menor.

Ficha técnica:

Título: 1945

Director: Ferenc Török

Año: 2017

País: Hungría

 

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Juego de ladrones: El atraco perfecto

Pantalla 90 (CEE) - Dll, 09/04/2018 - 2:17pm

Juego de ladrones: El atraco perfecto 

Público recomendado: jóvenes

A veces no está nada clara la distinción en los métodos utilizados por los policías y los delincuentes, como nos exponen las noticias que nos llegan con cierta asiduidad desde Estados Unidos. Y parece también que algunos filmes quieran borrar esa delgada línea roja de separación a favor de, a priori, una “justicia” más expeditiva para atrapar a los “malos”. Una muestra de ello es la última del director y guionista Christian Gudegast (Objetivo Londres, Diablo…) con Juego de ladrones: El atraco perfecto, que tiene como protagonista a Gerard Butler, encarnando al “Gran Nick”.

El actor escocés, que fuera estudiante de Derecho, dejó las leyes para dedicarse al cine (300, Mi querido Frankie, Gamer…) y en esta de Gudegast está al frente de un grupo de agentes dedicados a perseguir a ladrones de bancos, que en Los Ángeles parecen ser habituales (según los textos de los créditos iniciales, se produce un atraco cada 60 minutos).

Un “reputado especialista” en estos delitos es Merrimen (Pablo Schreiber: Nick Sobotka en la serie The Wire) que planea dar el gran golpe: desvalijar la Reserva Federal de los Ángeles, para lo cual se rodea de los personajes forzudos más patibularios Levi Enson (50 Cent), Donnie (O’Shea Jackson Jr.), entre otros.

Entre tanta reunión de músculos y ganas de ponerlos a funcionar en uno y otro bando —los agentes del orden no les van a la zaga—, el director, también guionista, se decanta por diálogos previsibles que descubren la psicología tosca de sus personajes. Lo extraño es que Christian Gudegast filme primeros planos de unos y otros —los de Nick son los más numerosos—, en los que únicamente observamos la hierática facial del teniente de la policía, que recurre a taparse el rostro (y con él a evitar la escena a cara descubierta) cuando ve en peligro la relación con sus dos hijas, tras pedirle el divorcio su mujer.

Llegamos a disponer de planos más “normales” para este tipo de películas cuando la banda de Merrime decide asaltar la Reserva Federal. Aparte de las persecuciones de automóviles —donde los realizadores estadounidenses son maestros—, hay más variedad de planos que acompañan a la acción. Son, sin duda, los mejores momentos del filme que se alarga hasta los 140 minutos de metraje. En el tramo final, asistimos a los protocolos para disponer de dinero por parte de las empresas de seguridad que realizan diariamente este trabajo: los distintos controles que hay que pasar (incluso para los externos que llevan comida rápida al personal), la vigilancia que se multiplica cuando sucede, por ejemplo, cortes de corriente, etc.

Destacar también en el guion el “despiste” que urde Merrimen al grupo de Nick y al resto del FBI y, la previsible, traca final de tiros entre “buenos” y “malos” con las más sofisticadas armas. Lo mejor queda para los últimos momentos del filme, pues hay un quiebro inteligente en el desenlace que apunta a una secuela.

Con sus aciertos y errores (simplicidad en los diálogos, excesivo metraje que lastra el filme, un encuentro “extraño” entre Nick y Merrime en la casa de la novia stripper de este último…), Juego de ladrones: El atraco perfecto es el prototipo de película que tiene un público fiel que persigue entretenimiento y soluciones sencillas para días de lluvia, como las que nos están llegando en las últimas semanas. Y que continúen… las lluvias, claro.

Enrique Chuvieco

 

 

Título original: Den Of Thieves – USA 2018

Director: Christian Gudegast

Guión: Christian Gudegast

Reparto:

Gerard Butler, Pablo Schreiber, 50 Cent, O’Shea Jackson Jr., Sonya Balmores, Cooper Andrews, Jordan Bridges, Oleg Taktarov, Destiny Lopez, Kaiwi Lyman-Mersereau, Mo McRae, Juan Gaspard, Dawntavia Bullard, Timothy Douglas Perez, Nick Loeb

 

 

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Ready player one

Pantalla 90 (CEE) - Dv, 06/04/2018 - 11:14am

Ready player one 

Público recomendado: Jóvenes

 Spielberg es siempre garantía de calidad y entretenimiento. Da igual si hablamos del Spielberg dramático (La lista de Schindler, The Post) como del fantástico (E.T. o Encuentros en la tercera fase). Sin embargo, como dice Federico Alba en su libro “El cine fantástico de Spielberg: padres ausentes, niños perdidos”, el género fantástico es el que mejor define su estilo y el que le otorgó el favor del público. Con Ready Player One no solo se confirma la solidez de Spielberg en el género fantástico, sino que lo hace con una de sus mejores películas, que será, sin duda, una de las mejores películas del año.

La película está ambientada en el año 2045, en un mundo dominado por lo virtual. El tiempo que ahora gastamos en redes sociales y aplicaciones, evoluciona hacia un revolucionario mundo virtual llamado Oasis: un lugar que, con tan solo unas gafas y una conexión, te permite ser otra persona y vivir grandes aventuras. Un día, el creador de Oasis muere, y a través de un vídeo grabado, confiesa haber escondido un huevo de Pascua que otorga a quien lo halle el poder absoluto sobre Oasis y toda su fortuna. Para obtenerlo es necesario conseguir tres llaves ocultas bajo pruebas de alto riesgo que precisan determinación e ingenio. En la carrera por el Huevo de Pascua está Parzival, el protagonista de la película, que junto a sus amigos descubrirán cómo unas fuerzas del mal pretende apoderarse de Oasis.

La película está estructurada en tres partes donde el ritmo convence y entretiene. Fundamental para ello es la presencia del personaje de Art3mis , una joven rebelde llena de recursos que permite y acelera los conflictos más dramáticos de los personajes, especialmente de nuestro protagonista. Con una dirección sencilla, precisa y llena de agilidad, y un guion redondo lleno de homenajes a los años 80, y a la cultura Pop, Ready Player One se convierte en una de las propuestas más interesantes del momento. Pero no solo a nivel cinematográfico sino también desde una mirada antropológica de la sociedad actual y de nuestro futuro más inmediato.

Aunque la película está literalmente repleta de referencias a películas como Gremlins, Parque Jurásico, King Kong o Terminator 2; Ready Player One es mucho más que eso. Una película de ciencia ficción que utiliza la estética de los video juegos y a la vez presenta personajes humanos con conflictos reales, que evocan asuntos universales Ready Player One es una película donde desde lo virtual se consigue plantear cuestiones de gran nivel.

La película está basada en una novela de ciencia ficción escrita por Ernest Cline en 2011. Igual que en su momento la creación del Iphone cambió nuestros hábitos de vida e incluso nuestra forma de pensar (recordemos el libro: “Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?”, de Nicholas Carr”), el mundo virtual también parece que lo hará. Según Ready Player One cambiará el comportamiento de las personas, hasta el punto de vivir más tiempo en lo virtual que en la vida real. De hecho, son varias las tramas paralelas en donde Spielberg nos muestra el contexto en el que la sociedad ha caído inmersa. Interesante cómo la película nos indica lo necesario que es ir hasta el fondo de lo que nos sucede, incluso, de lo virtual.

En este sentido “Lo virtual” tiene también un sentido simbólico. Me explico. Toda persona interpreta la realidad según cree: “creo que me han mirado mal”, “creo que no me quiere”, “creo que me engañan”, “creo que no podré lograrlo”. De esta forma nos creamos nuestro propio mundo virtual dentro de nosotros mismos. Porque la huida a lo virtual empieza primero en la mente. De hecho, muchas veces se acude a lo virtual para huir de la realidad, porque pesa y nos da miedo afrontarla. Por lo tanto, la verdadera batalla está en si vivimos según lo real o según las imágenes que nos hacemos de lo real.

Otros temas que aparecen en la película: el dinero virtual (Bitcoin), su repercusión en la vida cotidiana y la adicción al juego; el peligro de considerar los videojuegos como una vida real y la una pérdida de tiempo que implica; el anonimato peligroso que otorga ser “otra persona” en lo virtual; o cómo lo más valioso de la vida es invisible a los ojos (“El Principito”).

Ready Player One evoca a películas como Charlie y la fábrica de chocolate. Todos recordamos cómo Willy Wonka decide crear un juego para encontrar a un digno sucesor de su fábrica de chocolate. Interesante cómo ante la aparición de la primera cana, o ante la cercanía de la muerte, aflora la necesidad de que la vida tenga un significado. Brutal la secuencia de El resplandor e interesante cómo cada prueba a la que se tienen que enfrentar, les obliga a hacer una experiencia personal interior. En esta línea recuerda a las últimas películas de la saga de Harry Potter y a la búsqueda de los horrocruxes.

Vale la pena destacar la apertura a la trascendencia en la secuencia final donde vemos cómo el guion recoge a dos personajes yendo hacia el umbral de una puerta, expresión del paso a un más allá.

Ready Player One nos dice que todo, incluido lo virtual, puede convertirse en una experiencia de búsqueda personal aunque también puede ser una trampa. Divertida, entretenida, original, actual, profunda y llena de nostalgia bella por un futuro que ya es casi una realidad. Y además, de Spielberg. No se la pierdan.

 

 

Carlos Aguilera Albesa

@caguileralbesa

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Veloz como el viento

Pantalla 90 (CEE) - Dj, 05/04/2018 - 11:38am

Veloz cómo el viento 

Público recomendado: jóvenes

Los caminos de redención son siempre duros, intrincados y, en ocasiones, sofisticados para unos y tozudamente directos para otros. El director y coguionista italiano Matteo Rovere nos lo muestra en Más veloz que el viento, un filme que nos acerca también rotundamente a la épica de los carreras de coches y, principalmente, al arte de conducir.

Giulia (Matilda De Angelis) es una joven de 17 años apasionada por las carreras de automóviles, a la que dirige su padre. Este muere repentinamente mientras su hija participa en una de estas competiciones. En el entierro, aparece su hermano Loris (Stefano Accorsi: Fortunata…), un drogadicto que junto a su mujer, se instalarán, pese a la oposición de la joven, en la casa donde vive esta junto con su hermano pequeño. La vivienda le será quitada si no realiza el pago de una gran cantidad de dinero, por lo que Giulia elige a regañadientes que Loris la entrené y dirija, pues este fue un afamado corredor años atrás. En esta relación forzosa, ambos hermanos se enfrentarán a sus demonios respectivos.

El mundo de los automóviles de competición está rodado admirablemente, con profusión de escenas, tomadas desde muchos ángulos (picados, planos detalles de los componentes de los automóviles, adelantamientos, ambiente de la grada y de boxes, colisiones…), en las que participa la joven. Rovere nos muestra con generosidad que el cine está hecho a base de imágenes y de atención por las que nos acercan a un mundo determinado, en esta ocasión al ambiente que rodea a las carreras en Italia, pero podría ser en cualquier lugar del mundo donde compiten pilotos avezados para obtener un puesto en el podio.

Está destreza del director trasalpino para rodar la mantiene en la dirección de actores. Así, Stefano Accorsi se introduce en la piel de un yonki que todavía tiene algo que decir en una vida que se acerca al precipicio. Para contener al hermano aparecido, la joven Matilda de Angelis despliega todo su carácter, al tiempo que va reconociendo poco a poco su sabiduría en el arte de la conducción de aquel.

En idéntica línea convincente, se encuentra el plantel de actores secundarios, a los que Rovere ha sabido inculcar un temple concreto para cada uno de los personajes.

En el plano vivencial, nos congratulamos que las continuas adicciones de Loris no le hagan olvidar su pertenencia a la familia, de la que solo quedan Giulia y su hermano pequeño. Intempestivo y con accesos de furia transgresora, cuenta con la clarividencia para asumir su puesto de hermano mayor en momentos complicados.

Veloz como el viento es una estupenda ocasión para los amantes del volante, al tiempo que también nos motiva para no caer en la desesperación cuando hemos recorrido, o estamos en trance de hacerlo, “parajes oscuros”.

 

 

Título original: Veloce come il vento -2016- Italia

Duración: 119 min

Dirección: Matteo Rovere

Guion: Filippo Gravino, Francesca Manieri, Matteo Rovere

Música: Andrea Farri

Fotografía: Michele D’Attanasio

Reparto:

Stefano Accorsi,  Matilda De Angelis,  Roberta Mattei,  Paolo Graziosi,  Tatiana Luter, Rinat

Khismatouline,  Lorenzo Gioielli,  Giulio Pugnaghi

Productora: Fandango / Rai Cinema

Género: Drama | Coches / Automovilismo

 

Categories: Notícies d'Esglèsia

Una razón brillante

Pantalla 90 (CEE) - Dm, 03/04/2018 - 2:08pm

Una razón brillante 

Público recomendado: Jóvenes

Justo al empezar, antes de los créditos, ya se anuncia el tono de fondo de la historia: imágenes de archivo con declaraciones de Romain Gary, escritor francés de origen ruso; Claude Lévi-Strauss, uno de los intelectuales franceses más influyentes del siglo XX; Serge Gainsbourg, músico y cineasta francés; el cantautor belga francófono Jacques Brel… todos ellos elogiando la lengua y la cultura francesas. Ese tono, claramente chovinista será constante en toda la cinta. Pero, curiosamente, no es con la cerrazón soberbia de quien se siente superior, sino como una invitación abierta a participar en esa civilización, algo excelente que se ofrece a todos sin distinción. Lo cual implica, por otra parte, una discreta y elegante burla a la victimización de los pusilánimes que carecen del valor o de la voluntad de esfuerzo para volar alto y alcanzar grandes metas.

Toda la trama reposa sobre el irreconciliable antagonismo entre Neïla Salah, una joven inmigrante de origen argelino que vive en un barrio obrero, y Pierre Mazard, profesor en la Facultad de Derecho en la Universidad de Assas, en París, un hombre antipático y egocéntrico, famoso por sus provocaciones y sus salidas de tono en el aula. En su primer encuentro, Mazard humilla públicamente a Neïla, en pleno anfiteatro repleto de alumnos. Éstos suben inmediatamente a las redes lo sucedido, tachando al profesor de racista, xenófobo y prepotente. Para evitar sanciones administrativas por parte de las autoridades académicas, Mazard acepta convertirse en el mentor de Neïla fuera del horario lectivo, y prepararla para un prestigioso certamen de oratoria al que concurren diversas universidades.

Sobre la base de este argumento, Yvan Attal consigue una película magnífica, con muy buena factura y unos diálogos perfectamente medidos y trabados, en los que no falta un fino humor. Algunas escenas de clase en pleno metro, repleto de viajeros en hora punta, resultan enormemente divertidas. En los papeles de discípula y maestro, Camélia Jordana y Daniel Auteuil ofrecen una lección interpretativa magistral. De hecho toda la película reposa sobre ellos dos, el resto del reparto hace un buen trabajo, pero queda totalmente eclipsado por la pareja protagonista.

La historia no estigmatiza a los personajes por su nivel social de origen, pero plantea el modo en que pueden utilizarse o desperdiciarse las oportunidades para prosperar, y ensalza la virtud del esfuerzo para salir de la mediocridad y absorber con entusiasmo toda la tradición cultural que está al alcance de quien esté dispuesto a adentrarse en ella. Por eso, cuando la cámara se traslada de Assas al barrio obrero, Attal sigue siendo ponderado, evitando estereotipos o caricaturas y prodigando una mirada amable hacia los amigos de Neïla.

Con equilibrio y buen ritmo, el director francés de origen israelí filma la trayectoria de una joven que pisa por primera vez una universidad, lo cual ya es mucho, dado lo humilde de sus orígenes, pero que tiene la oportunidad de dar un impresionante salto hacia lo alto hasta llegar a adentrarse en la obra de Shopenhauer El arte de tener razón, y a dominar ella misma el arte de la elocuencia y de la dialéctica, gracias a las enseñanzas de un profesor odioso pero eficaz. El proceso de enseñanza-aprendizaje resulta doloroso pero muy instructivo para ambos, a cada uno por motivos distintos. Cada encuentro entre ellos resulta extraordinariamente interesante y da mucho qué pensar, porque, al mismo tiempo que Neïla, también el espectador recibe la gran lección de elocuencia y de cinismo del maestro: «Lo que cuenta es tener razón. La verdad me importa un bledo». Ciertamente es un tema para reflexionar, porque, si como enseña Mazard, el buen orador es el que sabe vencer dialécticamente a su opositor aunque sus argumentos sean falaces y el que es capaz de convencer al público de sus propuestas, pero sin atenerse a la verdad, estamos en el perfecto caldo de cultivo de una dictadura. La oratoria se convierte, no en el arte de hablar sino en el arte de manipular. Cualquier disciplina o cualquier arte, que se desgajen de la ética, es decir que prescindan de los grandes valores, acaban irremisiblemente siendo dañinas para el hombre. En el ámbito de la política, en todo el entramado social y, lo que es peor, en las relaciones personales.

Es una buena película, con un contenido muy interesante, pero que exige una mirada profunda para cerner las enseñanzas positivas que plantea -el acceso a la cultura para todos, la necesidad del esfuerzo y de proponerse metas en la vida…-, y separarlas del cinismo y la subversión de valores que supone el desprecio por la verdad. La verdad, como el bien, la belleza, la bondad y la unidad nutren al hombre, su ausencia lo destruye.

Ficha técnica:

Le brio (Bélgica, Francia, 2017)

Género: Drama

Dirección: Yvan Attal

Intérpretes: Daniel Auteuil, Camélia Jordana, Yasin Houicha, Nozha Khouadra, Nicolas Vaude, Jean-Baptiste Lafarge, Virgil Leclaire, Zohra Benali, Damien Zanoli, Jean-Philippe Puymartin

Guión: Yvan Attal, Victor Saint Macary, Yaël Langmann, Noé Debré

Música: Michael Brook

Fotografía: Rémy Chevrin

Categories: Notícies d'Esglèsia

Barbara

Pantalla 90 (CEE) - Dm, 03/04/2018 - 2:05pm

Barbara 

Público recomendado: jóvenes y adultos

El director de cine Mathieu Amalric encontró un curioso y sugerente método para aproximarse al sujeto de su último trabajo artistico, la cantante francesa Barbara, insigne representante de la chanson française de los años ‘50. En la cinta, que justo lleva el nombre “Barbara”, Amalric interpreta a si mismo como fan de la legendaria cantante, desempeñando a la vez el papel del director Yves, un cineasta determinado a rodar una cinta sobre la figura de la fascinante mujer. El resultado es una película dentro la película, aunque esta eligida “duplicidad” parece desvanecer en todo momento, en cuanto  (y esta es la peculiaridad)  Barbara y la actriz que la encarna – “Brigitte” en le película, en verdad Jeanne Balibar – se confunden en un continuo juego entre realidad y ficción. Entonces, el definido antibiopic musical de la mítica cantante, se convierte en un sugerente juego de espejos: así tenemos a Jeanne Balibar que interpreta a una actriz que interpreta a Barbara, mientras se intercalan imagenes de la auténtica Barbara, por ejemplo, en una bonita escena en la que ella y Jacque Brel conducen una doble bicicleta en la orilla del mar. Incluso en los títulos de crédito el nombre de Barbara y él de Balibar aparecen como neones intercambiables, y hay fascinantes planos/controplanos en los que se alternan imágenes de un auténtico documental de la cantante con contraplanos de Balibar, que gracias a su extraordinaria semejanza con la verdadera Barbara y su capacidad de repitir jestos y movimientos nos confunde a la hora de distinguir entre el original y su representación. Tampoco hay que infravalorar las dotes musicales de Balibar, capaz de reproducir las composiciones de la autora sin que haya nada que lamentar con respecto a su originaria interprete. Jeanne Balibar canta estupendamente y se acopla profundamente al estilo de Barbara, haciendo alarde incluso de una perfecta pronunciación de alemán e inglés.

Aunque los continuos intercambios entre “realidad” y ficción puedan resultar a veces mareantes, la película ofrece momentos de verdadera magía. Gracias a su lograda aproximación a la cantante francesa, la cinta consigue evocar escenas que, cuando acontecen, dejan en el espectador encanto y nostalgía. El mismo Amalric está perfectamente metido en el papel del director/fan: a lo mejor Yves no está demasiado lejano del verdadero Amalric, así que el eligido juego entre realidad y ficción realiza una continuidad de aspectos que beneficia el buen éxito de la película.

 

Ficha técnica

Título original: Barbara

País: Francia

Año: 2017

Director: Mathieu Amalric

Guíon: Mathieu Amalric, Philippe Di Folco

Intérpretes: Jeanne Balibar,  Mathieu Amalric,  Vincent Peirani,  Fanny Imber,  Aurore Clément, Grégoire Colin

Genero: Drama. Cine dentro del cine

Duración: 98’

 

 

 

 

Categories: Notícies d'Esglèsia

El Cairo confidencial

Pantalla 90 (CEE) - Dm, 03/04/2018 - 2:02pm

El Cairo confidencial 

Público recomendado: adultos

El Cairo confidencial viene avalada por el premio en el Festival de Sundance a la Mejor Película Internacional y por la Espiga de Oro al Mejor Director y Mejor Guión en la Seminci de Valladolid como más destacados.

La dirección de esta coproducción con bandera sueca ha correspondido a Tarik Saleh, que nos ofrece un producto policíaco en tono de denuncia social, que pierde el ritmo cuando este segundo elemento se introduce en la acción.

La historia se centra en la investigación de un policía corrupto egipcio al que solamente le interesa el dinero. Sin embargo, descubre su auténtica vocación detectivesca de búsqueda de la verdad, cuando le encomiendan la misión de investigar un crimen cometido en el hotel Nile Hilton.

La intriga está muy lograda, pero lo más llamativo y sorprendente es como el cineasta aprovecha la oportunidad para hacer una dura crítica a las instituciones del país, denunciando el desprecio hacia la mujer o la miseria en la que viven el común de los mortales. Este cineasta se muestra defraudado con la sociedad y el detective representa a todos esos hombres que han abandonado sus principios para enriquecerse o por otros intereses. No obstante, este realizador a la vez da la oportunidad a su protagonista de redimirse. Esta producción sirve para que entendamos o para explicarnos cuál fue el caldo de cultivo para que se desencadenasen las primaveras árabes, aunque el tiempo ha demostrado que el remedio ha sido peor que la enfermedad.

 

Título: El Cairo confidencial (2017)

Director: Tarik Saleh

Reparto: Fares Fares, Tareq Abdalla, Yasser Ali Maher, Nael Ali y Hania Amar

Categories: Notícies d'Esglèsia

El justiciero

Pantalla 90 (CEE) - Dm, 03/04/2018 - 1:58pm

El justiciero 

Público recomendado: Adultos S

El justiciero es la última película de Eli Roth (El infierno verde, Knock Knock), adaptación de novela y remake de la película Death Wish de 1974.

Paul Kersey (Bruce Willis) es un cirujano con una vida asentada y encarrilada que se ve totalmente destrozada por un asalto a su domicilio en el que unos ladrones se cobran la vida de su mujer y dejan a su hija en coma. Ante la aparente incompetencia del cuerpo de policía, Paul decide tomar las riendas y emprender el camino de la justicia por su propia mano, en busca de venganza.

El film, llevado con una intensa progresión dramática, lleva un buen ritmo, una tensión bien distribuida y emocionantes escenas de acción. Desde el momento desencadenante del destino del protagonista la película no baja el ritmo. Las escenas de violencia son totalmente explícitas, e incluso en algunas el director se toma la licencia de recrearse en lo gore, con vísceras bien expulsadas y sangre abundante.

El tema principal de la película es el debate sobre la función de las fuerzas superiores en las que se cobija la sociedad: el Estado y la policía. ¿Es lícito tomarse la justicia por la propia mano y lanzarse a la calle a luchar contra la delincuencia? ¿Qué puede hacer una persona en un mundo que sigue sus propias leyes, cuando todo le reclama a actuar? El justiciero abre estas preguntas, planteando las irregularidades del asunto, su lógica y sus consecuencias.

Entre las carencias de la cinta se cuentan la falta de personajes un tanto menos cacahueteros, y juegos de tono extraños en los que se pasa del drama comercial a una comedia chiclosa con tono naive y a momentos de violencia cruda y explícita. Las discordancias del tono son irrespetuosas para la misma cinta y, si se toma en serio, para las implicaciones morales que propone: en el discurso que pretende dar se habla de acabar con vidas de otros como si no tuviera consecuencia alguna.

El justiciero, en definitiva, ofrece, además de la experiencia thriller, un matorral de debate que no termina de resultar mínimamente coherente con la realidad como para ser tomado en serio o como para no resultar, en una cierta medida, un mensaje de amoralidad encubierto.

 

(Death Wish), 2018, Estados Unidos

Dirección: Eli Roth

Interpretación: Bruce Willis, Vincent D’Onofrio, Camila Morrone

Duración: 107 min

Distribuidora: Filmax

 

Categories: Notícies d'Esglèsia

Premios Cinemanet 2018 – Una gala abierta al público, ¡estáis todos invitados!

Pantalla 90 (CEE) - Dm, 03/04/2018 - 1:25pm

Red de libertadLa libreríaConversoLo que de verdad importa y Wonder. Estos cinco títulos resumen lo mejor de un año lleno de buen cine. Cinco obras verdaderamente luminosas que se alzan con los dos galardones que CinemaNet entrega en Madrid: Red de libertad y La librería comparten el premio Personaje, mientras que las otras tres han ganado el premio ¡Qué bello es vivir!

Por su parte, el profesor y filósofo D. Alfonso López Quintás ha sido galardonado con el premio a la Trayectoria humanística en el mundo del cine, por su valiosa aportación a la crítica cinematográfica con su método de análisis de películas basado en la teoría del juego y de los ámbitos.

Premio Personaje: dos mujeres de armas tomar

El premio Personaje celebra a aquellas personalidades que traspasan la pantalla y que nos ofrecen modelos vitales atractivos y llenos de virtudes. Está sub-dividido en dos galardones: el primero -el otorgado a Red de libertad por su protagonista, sor Helena Studler– premia a un personaje basado en una historia real, mientras que el segundo se fija en relatos puramente ficticios. Este se lo ha llevado Florence Green, la protagonista de La librería, de Isabel Coixet.

Sor Helena Studler fue una hermana de las Hijas de la Caridad que dedicó su vida a acoger y atender huérfanos y abandonados en la ciudad francesa de Metz. Eran tiempos duros: estalló la 2ª Guerra Mundial y cerca de Metz los nazis instalaron un campo de concentración. Studler quedó conmovida frente a la crueldad con que los invasores trataban a los cautivos y -con ayuda de un grupo de vecinos- creó una auténtica “red de libertad” que salvó la vida a más de 2.000 prisioneros.

Por su parte, la protagonista de La librería se enfrenta a otro tipo de cerrazón: la de las mentes de sus vecinos. En 1959, en un pequeño pueblo de Inglaterra, Green se arremanga y se lanza a la difícil empresa de abrir una tienda de libros. Un sueño dedicado a mejorar las vidas de sus conciudadanos, a pesar de que -en su ignorancia- ellos la rechazen de entrada. Inspiración pura en una película que, además, se alzó con el Goya a Mejor Película.

¡Qué bello es vivir! Familia, don y enfermedad

Por su parte, el premio ¡Qué bello es vivir! recae sobre tres películas: dos de ellas de producción española y una, estadounidense. La primera es Lo que de verdad importa, una de es de esas películas que -decía nuestro colaborador Pepe Álvarez de las Asturias– no te dejan indiferente. Que te obligan a reflexionar, a plantearte cosas que tienes por ahí olvidadas -por ejemplo, ¿qué haces tú por los demás?-, y que aportan un nuevo enfoque sobre temas tan serios como el amor, el perdón, la enfermedad o la muerte.

Por su parte, Converso es más pequeña, pero no menos interesante. Rodada en formato documental y muy íntima, la película retrata el estupor de un hombre ateo confeso al ver que toda su familia se convierte al catolicismo. Lejos de ser una cinta apologética o come-curas, resulta un viaje muy tierno y refrescante al corazón de una familia que sana heridas pasadas y que se reúne en armonía después de mucho tiempo.

La tercera película incluida en este galardón, Wonder, es un canto a la bondad del ser humano, el único que puede mirar en profundidad, viendo más allá de lo que aparentemente se ve. Esto tan grandilocuente se explica a través de los ojos de un niño de 10 años, nacido con una deformidad facial que le ha obligado a ser operado 27 veces de cirugía, que se esfuerza por encajar en su nuevo colegio.

Un reconocimiento a la labor de D. Alfonso López Quintás

El premio a la Trayectoria Humanística en el mundo del cine va dirigido, como decíamos, al profesor D. Alfonso López Quintás (1928).

Fraile mercedario, pedagogo y filósofo, López Quintás ha centrado su labor investigadora en la Hermenéutica y Metodología filosófica, en la teoría de los valores, en la manipulación del lenguaje, en la formación ética a través de la literatura y en la formación de los jóvenes.

En concreto, este premio se le otorga por su valiosa aportación a la crítica cinematográfica con su método de análisis de películas, un método basado en la teoría del juego y de los ámbitos.

Una gala abierta al público, ¡estáis todos invitados!

Los premios serán entregados el próximo lunes, día 9 de abril, en el curso de una Gala que tendrá lugar a las 19:30 horas en el Auditorio de la Fundación Cofares, en la calle Santa Engracia 31 de Madrid. La entrada es libre y gratuita, hasta completar el aforo del local.

Estos premios han sido creados por CinemaNet, entidad sin ánimo de lucro que promueve los valores humanos, familiares, sociales y educativos a través del cine. El Premio “Personaje” está en su novena edición, el “¡Qué bello es vivir!” en la sexta, y el de “Trayectoria humanística” en la cuarta.

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Para más información, puedes contactar con Daniel Arasa, presidente de CinemaNet, en el telf. 626 619 537

PREMIOS 2018

  • Red de libertad (de Pablo Moreno) y La librería (de Isabel Coixet), premios cinematográficos «Personaje»
  • Lo que de verdad importa (de Paco Arango), Converso (de David Arratibel) y Wonder (de Stepehn Chbosky), premios cinematográficos «¡Qué bello es vivir!»
  • El filósofo Alfonso López Quintás será galardonado con el premio de «Trayectoria humanística», por su valiosa aportación a la crítica cinematográfica con su método de análisis de películas (basado en la teoría del juego y de los ámbitos).
Categories: Notícies d'Esglèsia

Gringo: se busca vivo o muerto

Pantalla 90 (CEE) - Dc, 21/03/2018 - 12:03pm

Gringo: se busca vivo o muerto 

Público recomendado: Jóvenes y adultos

Aunque dé la nota, porque rara vez se reseña al principio de una crítica otra labor que no sea la del director y actores, tengo el gusto de alabar la inventiva de Anthony Tambakis y Matthew Stone por escribir el guion de Gringo: Se busca vivo o muerto, una película en la que asistimos placenteramente a un sinfín de ocurrencias de ambos guionistas que ha sabido visualizar en la pantalla el actor, doble y director australiano Nash Edgerton (The Square, Spider…), que cuenta, entre otros con la “comehombres” Charlize Theron (Prometheus, En el Valle de Elah, En tierra de hombres…), en el papel de una directiva inmisericorde para quien se cruce en su camino.

Como este talante lo vemos desde el principio —Elaine-Theron mantiene una velada relación sexual en la oficina con su socio Richard (Joel Edgerton:  El regalo, Gorrión rojo, Exodus…)— no desvelamos nada que el director del filme lo quiera dilatar para más tarde. Ambos tendrán que parar sus contactos íntimos para atender la llamada de uno de sus empleados desde México, que pide socorro porque está metido en un asunto nada baladí.

El subsodicho es Harold Soyinka (David Oyelowo: Nina, Lincoln, Interstellar…), un nigeriano afincado en EE.UU que ha viajado al país centroamericano para reunirse con los directivos de una empresa de México D.F. con la que tiene acuerdos comerciales la de Richard y Elaine.

Pero los acontecimientos no suceden como Harold esperaba, a los que hay que añadir planteamientos oscuros de sus jefes y otros asumidos por su mujer. Unos y otros le dejan descompuesto en un país que no es el suyo y que, además, es muy peligroso, como relatan todas las crónicas periodistas de los últimos años, con asesinatos, secuestros, bombas, feminicidios…

A partir de la desolación que experimenta Harold —lo que podríamos designar en refrán castellano como de “perdidos al río”— comienzan a ocurrírsele y a sucederle acontecimientos tan inverosímiles como extremos al cariacontecido “gringo”, para mayor “inri”, negro. Aluvión de experiencias límites por obra y gracia de los dos guionistas, que ha concretado competentemente Nash Edgerton en la pantalla.

Así, el montaje es espléndido pues se enhebran escenas sacadas de las inventivas chisteras de Tambakis y Stone. El resultado: no hay descanso en la galería de personajes a cada cual más patibulario: aparecen el mayor capo de la droga mexicana y sus esbirros, los encargados del hotel de “mediopelo” donde se aloja Harold, versión “light” de los anteriores (dicho sea de paso, los mexicanos no quedan nada bien), el hermano de Richard, que abandona transitoriamente su ong en África para atender el requerimiento de aquel, por el cual obtendrá beneficios suculentos.

En este “corral de Monipodio”, se ha vertido el talento que se precisa para disfrutar en el cine. Las peripecias donde se juntan facinerosos (también la “tiburona” Eleine) de cualquier condición social, entre los que Harold representa la candidez más curricular, devienen en ocurrencias gratificantes. Y el “gringo” negro se subirá obligatoriamente a este carro para cursar un máster superacelerado de “nadar y guardar la ropa”, sin perder su candidez y honestidad.

En este sentido, una de las escenas más “rompedoras” y surrealistas es la que tiene con el hermano de Richard, que viene a sacarle las “castañas del fuego”. En ella, Harold intentará convertir al exmarine al cristianismo, el cual abandonó al trocarlo por un humanismo voluntarista, el que desarrolla en África para dar de comer a sus habitantes.

En definitiva, Gringo: Se busca vivo o muerto es una tan agradable como estrambótica caja de sorpresas de la cual surge la sonrisa en las situaciones más horripilantes y que sorprende continuamente por su imaginación para proponer giros en la historia,. Más claro, pero no más alto: Uds. mismos.

 

Enrique Chuvieco

 

Ficha técnica:

Título: Gringo: Se busca vivo o muerto

Título original: Gringo – USA, Australia- 2018

Productora: Amazon Studios, Blue-Tongue Films, Denver and Delilah Productions, Picrow

Director: Nash Edgerton

Guión: Anthony Tambakis, Matthew Stone

Reparto:

Charlize Theron, Amanda Seyfried, Thandie Newton, Joel Edgerton, Paris Jackson, Sharlto Copley, Alan Ruck, Michael Angarano, Harry Treadaway, David Oyelowo, Kenneth Choi, Melonie Diaz, Yul Vazquez, Diego Cataño, Hector Kotsifakis

Género: acción, mafia

Duración: 110 min.

Categories: Notícies d'Esglèsia

Jeannette, la infancia de Juan de Arco

Pantalla 90 (CEE) - Dc, 21/03/2018 - 9:23am

Jeannette, la infancia de Juana de Arco 

Público recomendado: Jóvenes-Adultos

Dudo mucho al valorar Jeanette. ¿Una obra es buena solo con que trate de una vida ejemplar, de una santa como Juana de Arco? ¿Cómo medir la calidad de una película que rechaza los criterios habituales de la acción, de héroe-antihéroe, de planteamiento-nudo-desenlace, de arco de transformación de los protagonistas, etc?

En Jeanette, prácticamente no pasa nada. Como no pasaba “nada” en la vida de los campesinos durante miles de años. Pero Jeanette, con sus menos de diez años, vive una terrible pena que la consume. La angustia de Jeanette es una angustia patriótica, la de ver su patria invadida por los ingleses y a los franceses divididos entre ellos. Pero le angustia también la cobardía de los hombres, también de sus familiares, el hambre de los niños del pueblo, la sordera de Dios, la incapacidad de la acción humana frente a las olas de maldad que asolan el mundo. Son problemas actuales, y que nos chocan verlos expresados con dureza por una niña tan pequeña que los vive en su carne.

Jeannette es un musical atípico, experimental, que combina la prosa poética de Charles Péguy, con unas coreografías muy básicas, bastante naifs, y con música hardcore, numetalera y electrónica.

El intento es encomiable, el concepto no tiene una pega, pero el resultado es minoritario. Nada que objetar a ello, por otra parte. El director, Bruno Dumont, reafirma varias de sus convicciones más profundas sobre el arte en esta complicada película, como su predilección por actores amateurs frente a profesionales, y su interés por transmitir una determinada visión de la vida, más que por reflejar la realidad.

Dumont ha adaptado dos obras de Charles Péguy sobre Juana de Arco. La primera la escribió antes de convertirse al catolicismo, en 1897. Y Dumont, que por trayectoria es hombre interesado por las preguntas religiosas, pero desde una perspectiva atea, se acerca a Juana a través de Péguy. Péguy es uno de estos autores que cuestan. Su prosa es lenta, laboriosa, repetitiva, como la los primeros tragedistas griegos, muy discursiva, poco inclinada a la acción. Obliga al lector a efectuar una apuesta, un compromiso. Esfuérzate, lector, parece decir Péguy, como yo me he esforzados y seguro que te compensa. Aquí empieza la apuesta arriesgada. Jeanette es una niña de algo menos de diez años con una angustia espiritual terrible. Los diálogos de Péguy, adaptados, al menos recortados, son de una hondura que hoy nos choca en una niña tan pequeña. Pero haciendo cuentas con la realidad, el drama de Jeanette no es distinto del de los pastorcitos de Fátima: niños de 7,9 y 10 años en una aldea perdida afirman haber visto a la Virgen y tener un mensaje de ella. Finalmente han tenido razón; los ignoraron, pero tuvieron razón, a Juana la quemaron, pero tenía razón; dos pastorcitos murieron siendo niños, casi de sufrimiento por su misión, incomprendidos, o solos, pero tenían razón.

Y la prosa poética de Péguy se mezcla, por obra del director con la música de Igorrr, un artista experimentador que combina música electrónica, numetal, barroca, etc. No es una música fácil, pues la base musical y la línea vocal se superponen casi como agua y aceite, en paralelo, sin molestarse, pero apenas sin juntarse.

Decimos que el intento merece la pena. Y el resultado, si lo miramos con conciencia militante, de los que apuestan por causas importantes, entonces es francamente positivo. Siempre que sepamos que viendo Jeannette no vamos a ver La Guerra de las Galaxias.

Pablo Gutiérrez Carreras

 

 

Ficha técnica:

(Jeannette, l’enfance de Jeanne de Arc, Francia, 2017)

Dirección: Bruno Dumont

Guion: Bruno Dumont sobre obras de Charles Péguy

Reparto: Aline Charles, Jeanne Voisin

Duración: 106 minutos

Género: Musical, histórico

Categories: Notícies d'Esglèsia

100 días de soledad

Pantalla 90 (CEE) - Dm, 20/03/2018 - 10:22am

100 días de soledad 

Público recomendado:todos

Al igual que Lorca, algunos ansían dormir el sueño de las manzanas. Dormir un rato, un minuto, un siglo, pero que todos sepan que no se ha muerto, más bien que se vive mucho más intensamente. José Díaz, ayudado por el excelente director Gerardo Olivares, realiza ese hermoso anhelo, desapareciendo cien días de la deletérea civilización que nos aflige y desconsuela y enluta. Perdido en el Parque Natural de Redes, Asturias, lector devoto de Walden, la magna obra del eximio H.D. Thoreau, Díaz quiere vivir en soledad su amor a la naturaleza y, por supuesto, a los suyos ( ese maravilloso intercambio de cartas con su querida familia). Díaz codicia vivir deliberadamente una buena vida. Ir a los bosques porque se quiere vivir a conciencia, vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida. E ir dejando de lado todo lo que no sea la vida para no descubrir, en el momento de la mortaja postrera, que uno no ha vivido.

Cien días, durmiendo el sueño de las manzanas, alejándose del tumulto de los cementerios (los camposantos son nuestras metrópolis actuales, recuérdese el prodigioso poema de Dámaso Alonso, Insomnio). Dormir, en definitiva, el sueño de los infantes que desean cortarse el corazón en alta mar. Este bello poema visual de Olivares/Díaz nos recuerda que nuestros sumideros de vidrio y cemento a los que denominamos ciudades, nos hacen incapaces de reconocer un paraíso definitivamente desahuciado. Palpamos, junto a nuestro protagonista, el tránsito de las estaciones, amamos toda la flora y fauna (rebecos, jabalíes, ciervos, gallinas, martas) que discurre ante nuestras empachadas retinas, nos confesamos junto a nuestro protagonista (la muerte del hermano, tan letal) y, gran instante, aprendemos a querer a un equino contrahecho, de nombre Atila, fané y desvencijado, pero siempre amoroso con su dueño. Y viceversa.

Deseoso por encontrar un edén ya definitivamente eclipsado, seguimos con José Díaz sus certidumbres y sus vacilaciones a través de una película documental rodada casi exclusivamente por él mismo. Paradójicamente provisto de los aparejos de la postmodernidad —cámaras fijas, teleobjetivo, dron—, para poder aprehender e injertar en la narración el sonido del silencio y la visión de lo misterioso, Díaz despliega una ascética insólita para relatarnos un excepcional documento sobre la el silencio y la soledad, efectuando una brillante reflexión, increíblemente imperiosa hoy en día, en la que un hombre sin teléfono móvil es un ser esencialmente sedicioso, desobediente, transgresor: pura enmienda a la totalidad. Una suerte de revolución gélida. Basta con hacer una pausa, sin más: apagar la radio, desenchufar el televisor; no comprar nada, no desear comprar. Dejar de avisar, dejar de saber; detener transitoriamente cualquier actividad mental. Sobra, literalmente, con quedarse inmóvil unos segundos. Modesta fuga mundi.

Escapando a la (i) lógica estatal/capitalista que nos encadena a las pertenencias materiales, la película nos recuerda poderosamente a la bellísima Dersu Uzala (Akira Kurosawa, 1975), adquiriendo por momentos ribetes del cine de terror (nocturnidades a la luz de la linterna, silbar del viento, ulular de las ramas, aullidos de lobos). Rememorando otros momentos cinematográficos de escapadas del mundo (Hacia rutas salvajes, Grizzly man, Entre lobos, El último superviviente), la película de Díaz/ Olivares nos atrapa inusual, mágica y especialmente, en cambio, por su sutil delicadeza, su agudo ingenio, su vivir “libre y consciente” y, sobre todas las cosas, por testimoniar la belleza de la naturaleza adyacente sin caer en posturas propias del hodierno animalismo, tan demencial como engañador, tan liberticida como inhumano.

Luys Coleto

http://astoria21.es/author/luis-c-de-lantaron/

 

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La casa junto al mar

Pantalla 90 (CEE) - Dm, 20/03/2018 - 10:18am

La casa junto al mar 

Público recomendado: Jóvenes

En Calanque de Méjean, una pequeña cala cerca de Marsella, tres hermanos, Angèle, Joseph y Armand, vuelven a encontrarse después de muchos años, junto al lecho de su padre moribundo. Angèle es actriz y vive en París; Joseph, frustrado por su reciente jubilación forzosa, ha llegado con Bérangère, su «demasiado joven novia»; Armand se quedó en el lugar para seguir llevando el pequeño restaurante para obreros de su padre, «Le Mange-tout». El reencuentro es una ocasión propicia para despejar sombras del pasado y hacer balance de lo que les ha quedado a esos sesentones de los ideales altruistas que les transmitió su padre y que llenaron de entusiasmo su juventud.

El tema profundo de la película es el paso del tiempo, la vida que inevitablemente se desliza hacia su final, perdiendo vigor en los cuerpos y en los espíritus, y el mundo que cambia y deja la nostalgia agridulce de los buenos tiempos que quedaron atrás. En el centro de la historia, tres personajes, los tres protagonistas, una mujer y dos hombres, de unos sesenta años, que andan bastante perdidos en busca de sí mismos, o, por lo menos desconcertados. Delante de ellos en el decurso del tiempo, tres ancianos, también dos hombres y una mujer: Maurice, el padre, Suzanne y su esposo Martin. Son el espejo en que pueden ver su propia vejez que llega inexorablemente. Tras ellos, otro trío, una niña y sus dos hermanos. Son el espejo de lo que fueron un día, una página en blanco, puros y listos para cambiar el mundo. Pero esos niños son mucho más, constituyen un aldabonazo para esos tres seres desanimados, a punto de rendirse, porque esos tres críos están desvalidos, necesitan de los mayores, llaman a su puerta con hambre y con frío, piden ser acogidos. No son, pues, seres que empujan y esperan su turno para desplazar a los que los han precedido: constituyen un nuevo eslabón en la cadena de las generaciones. Nadie puede abandonar la tarea de mejorar la humanidad, cada cual tiene su rol. Hay otros tres personajes -también dos hombres y una mujer-, que intervienen en la acción: Bérangère, la novia de Joseph; Yvan, el hijo del viejo matrimonio, y Benjamin, un joven pescador del pueblo. El amor transgeneracional sigue planteando el mismo tema del paso del tiempo, del envejecimiento, de las a veces fluidas a veces conflictivas relaciones entre generaciones.

El director filma con amor ese lugar mágico en el que el mismo creció, las casas como adheridas a las rocas, las colinas por donde corren los conejos, el viaducto por el que ven pasar los trenes a lo alto, la apertura al mar que, con su cálida luz invernal, adquiere unos tonos pastel suaves como la melancolía del tiempo que huye. La cala es como un gran teatro en el que resuenan las grandes preguntas de los personajes: «¿Cómo ser bueno en un mundo que no es bueno? ¿Cómo ser justo en un mundo que no lo es?». Porque ellos, Angèle, Joseph y Armand, no sólo buscan su lugar en el mundo para envejecer, quieren también abrirse a los demás, vivir para los demás. Andan extraviados, pero son buenas personas.

Si Robert Guédiguian es un magnífico director, los actores no le van a la zaga. Geneviève Mnich y Jacques Boudet hacen una deliciosa pareja de ancianos amantes; Anaïs Demoustier, Yann Trégouët y Robinson Stévenin están sencillamente extraordinarios; y no hay palabras para describir a Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan, los actores fetiches del director marsellés.

Robert Guédiguian sabe hablar del dolor con dulzura, del amor con sencillez y de la política con finura, cuando trata el tema de los emigrantes y refugiados, y nos ofrece una película llena de ternura y buenos sentimientos, con un ligero humor que permite tomar distancia de la acción y aliviar la gravedad, como dice Joseph en un momento: «Al borde del abismo, la risa nos impide caer». No es una historia triste, porque está llena de amor y solidaridad. Aunque encoge el alma que un amor profundo y sincero pueda perder la dimensión de eternidad, intrínseca al amor auténtico. El verdadero amor es capaz de sobrevolar el tiempo y el espacio. Es terrible reducirlo a los límites de la vida y la muerte. Cada ser humano, único e irrepetible, tiene su lugar de responsabilidad en el mundo, es un nudo de relaciones y una fuente de posibilidades. Desertar es de cobardes. Si bien, en la película, hay también una cierta apertura a la Trascendencia, la esperanza de que al otro lado del umbral pueda haber un lugar para el amor.

La última escena, bellísima en su simbolismo, es un canto a la unidad, la fraternidad, la mirada hacia lo alto. Los ecos del amor inundan la tierra. Una película para no perdérsela, pero para verla con ojos críticos.

 

Ficha técnica:

La Villa (Francia, 2017)

Género: Drama

Público apropiado: Jóvenes

Dirección: Robert Guédiguian

Intérpretes: Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan, Jacques Boudet, Anaïs Demoustier, Robinson Stévenin, Yann Trégouët, Geneviève Mnich, Fred Ulysse, Diouc Koma, Esther Seignon

Guión: Robert Guédiguian

Fotografía: Pierre Milon

Categories: Notícies d'Esglèsia

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